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ESTRENO. "No te preocupes, ojos azules"

Kurt Cobain no cantaría en Las Vegas

FRANK SINATRA REGRESA DEL CIELO PARA SALVAR DE LA MUERTE AL LÍDER DE NIRVANA. TAN INCREÍBLE ENCUENTRO DA INICIO A LA OBRA DEL MEXICANO SERGIO ZURITA, EL MÁS RECIENTE MONTAJE TEATRAL DEL DIRECTOR ALBERTO ÍSOLA

Por Enrique Planas

Kurt Cobain ya tiene el cañón de su escopeta apuntando al paladar. Es casi el fin del líder de Nirvana, la muerte por decisión propia de una de las voces mayores del grunge. Y sin embargo, sucede la maravilla. No necesita tocar la puerta para entrar el siempre impecable Sinatra, que ilumina la escena con sus poderosos ojos color cielo. Ha sido enviado por Dios para salvarlo. Este fantástico encuentro quizás sucede en la mente de Cobain, o tal vez es una prueba de que los milagros existen. Lo cierto es que la experiencia motivará una especie de duelo entre dos íconos muy diferentes de la música popular del siglo XX.

"No te preocupes, ojos azules", la obra del dramaturgo mexicano Sergio Zurita, estrenada ayer en el Teatro Auditorio Municipal de San Isidro es, aparentemente, una obra extraña para el repertorio de un director como Alberto Ísola. "Fue una experiencia muy curiosa --explica--. Viajaba en ómnibus de México D.F. a Guanajuato, leyendo varias obras mexicanas y, de pronto, aparece esta obra sobre Frank Sinatra y Kurt Cobain. Y me atrapó inmediatamente". Lo curioso es que, si bien, para el director teatral la música de Frank Sinatra puede ser un buen acompañamiento y la de Cobain era aún un asunto por descubrir, en el texto del mexicano reconocía creencias personales y creencias de la generación de su padre, ambas encontradas.

"La biografía de ambos no me interesa demasiado, pero lo que me parecía muy interesante en la obra es cómo maneja el tema de la masculinidad, que yo he tocado muy pocas veces --señala Ísola--. Se volvió una obra sobre los fantasmas de la masculinidad: el éxito, la relación con las mujeres, la rivalidad, la fragilidad, la obsesión con la imagen".

Ísola se puso de inmediato en contacto con Zurita, quien además de director teatral y dramaturgo es también responsable de un programa de radio muy importante en la capital mexicana, además de ser un especialista en rock. "Él escribió esta obra a partir de la bronca que le dio que Kurt Cobain se suicidara", explica Ísola. Además de su éxito en México, "No te preocupes, ojos azules" también conoció una excelente temporada en Buenos Aires, y para darle la bendición a esta versión limeña se espera la visita del propio Zurita.

Interesado siempre en obras marcadas por la perspectiva y la sensibilidad de los personajes femeninos, en este montaje el director abre la caja de Pandora de los sentimientos del sexo opuesto: la rivalidad, la dificultad para mostrar las emociones, el miedo al melodrama. Acostumbrado a trabajar con mujeres, quienes --afirma-- tienden mucho más a abrirse y mostrar sus sentimientos, aquí el reto era conseguir que sus actores mantuvieran una distancia, y a la vez ofrecieran su lado más sensible.

Por cierto, Sinatra y Cobain representan a dos identidades masculinas radicalmente distintas: ante el intérprete de "My Way" uno se enfrenta al típico mafioso, misógino y autosuficiente, mientras que la voz de Nirvana es del hombre que se siente atrapado por todos los paradigmas que tiene la obligación de seguir: la fama, la fuerza, el éxito.

Otro tema interesante para Ísola ha sido el reparto, con la elección de dos actores radicalmente distintos: Joaquín de Orbegoso y Fernando de Soria. "La obra habla de dos generaciones. Al terminar de leerla, la primera persona que se me vino a la mente fue Fernando de Soria, alguien con quien yo quería trabajar hace mucho tiempo. A Joaquín lo conocí en el taller de actuación de Roberto Ángeles. Ambos son músicos y han traído cosas suyas al montaje. Me parecía muy importante tener dos actores de dos generaciones, ambos muy diferentes en cuanto formación y experiencia", explica el director.

Así, cada actor interpreta a un músico muy diferente. De Soria encarna a un Sinatra en eterna reinvención, quien admite varias resurrecciones en su carrera, mientras que De Orbegoso compone a un Cobain que nunca cambió de rostro, y que, es seguro, jamás habría cantado en Las Vegas. ¿Cuál de ellos lo representa a usted?

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