PUBLICACIÓN. "Una mirada al Perú pétreo"
Por Enrique Planas
Nunca había escuchado antes la frase "Bosque de piedra". Otros idiomas no pueden definir lo que él pudo ver al recorrer el Perú con su cámara fotográfica: un paisaje único en el mundo, árido y bello, inanimado y a la vez vital. "Tienes la impresión de que estás dentro de un museo abierto de la naturaleza, donde cada formación pétrea parece cambiar continuamente", comenta Vasilis Simantirakis, cabeza de la Embajada de Grecia en el Perú y fotógrafo obsesionado con el paisaje rocoso del país.
Dos años de trabajo le tomó reunir la colección fotográfica que presenta, gracias al apoyo de la empresa Transmares Group, en el poético volumen "Una mirada al Perú pétreo", con su cámara Pentax en ristre, modelo manual, esperando la mejor hora para captar en todo su esplendor esas figuras artísticas talladas por las invisibles manos de la erosión natural en la piedra. Algunas veces la naturaleza quiere crear figuras identificables, otras, nos fascina con caprichosas formas abstractas. Simantirakis las persigue y captura en película diapositiva, como en los viejos tiempos, cuando lo digital aún no aparecía para facilitarnos la vida.
"Para mi lente, yo pongo mucha atención a los detalles de la naturaleza --señala el fotógrafo--. Esos detalles en las rocas parecen verdaderas pintura abstractas, formaciones que el espectador puede adivinar".
El trabajo de Simantirakis tiene una profunda intención ecológica. Su propósito es que sus fotos sacudan la indiferencia del espectador ante un elemento natural como la piedra, generalmente olvidada en nuestra escala de belleza. "Las piedras no tienen muchos admiradores. No tiene color, ni rostro, ni aroma. Pero si las miramos con atención, podremos entender que las piedras hablan, tienen expresión. Todo depende de nuestra mirada y la atención que pongamos en los elementos de la naturaleza", explica.
Con los poemas de autores griegos como Seferis y Elitis en la memoria, así como de peruanos como César Vallejo, Martín Adán y José Watanabe, Simantirakis ofrece un libro de fotografías, textos explicativos y poesía de autores conmovidos por la belleza de la piedra. El suyo es un testimonio visual enamorado, que adora la naturaleza virgen, sentimiento que lo lleva a recorrer los Andes peruanos, a descubrir los maravillosos bosques de piedra de Huayllay (Pasco), Marcahuasi (Lima), Cumbemayo y Bambamarca (Cajamarca); a las costas de Talara y Paracas, a las islas Ballestas para mencionar solo algunos lugares fotografiados.
En el epílogo de su libro, Simantirakis cita una frase del célebre escritor Nikos Kazantzakis: "Yo solo tengo la obligación de salvar la tierra/ si no se salva será por mi culpa. "Este verso nos hace pensar en la responsabilidad personal para salvar nuestro mundo" --señala el diplomático y fotógrafo--. "El hombre quiere siempre evitar su responsabilidad, siempre espera que sean los otros los que trabajen por él, el Estado, la municipalidad, etc. El ser humano es egoísta. Siempre pedimos para nosotros pero no entregamos nada. Y todos debemos hacer algo para proteger la tierra, aún estamos a tiempo y debemos hacer algo concreto", dice.
Simantirakis ha hecho su parte. Un libro como el suyo, con una identificación tan humilde ante el grandioso y silencioso objeto fotografiado, sensibiliza a quien recorre sus páginas en la contemplación de la misteriosa belleza de la piedra. Quizás no todo está perdido.