Por Agustín Prado Alvarado / Alonso Rabí do Carmo
En algún rincón del campus de la Universidad de Brown, tuvo lugar este diálogo con el escritor mexicano Carlos Fuentes. Fue después de una conferencia en la que abordó, entre otros temas, la conmemoración del bicentenario de la Independencia de América. Aquí el reporte.
UNA NOVELA DE LA INDEPENDENCIA
¿Cómo concibió su novela La campaña, que tiene como tema la Independencia de la América hispana?
-En realidad esta novela es parte de una trilogía que imaginé en tres momentos de la vida latinoamericana: el primer momento es, en efecto, la Independencia; luego hay otra sobre los exiliados latinoamericanos en París durante el Segundo Imperio de Napoleón III y, finalmente, una novela sobre las vísperas de la Revolución en México. En realidad solo he escrito una, La campaña, y espero tener tiempo para escribir las otras dos.
¿Cómo fue la recepción de La campaña?
-A pesar de que es una novela que a mí me gusta mucho, no fue bien recibida mayormente por el público. No tuvo mucho éxito editorial, me parece que incluso en otras regiones.
A pesar de que el protagonista recorre varios países de América...
-Sí claro empieza en Argentina, pasa a Chile siguiendo al ejercito libertador y están también el Perú, Colombia, México, quizá por eso pueda explicar el poco éxito del libro, pues hay demasiados países y pocos lectores (risas). Pero definitivamente no es mi novela de más éxitos y a mí me pareció raro por que es un libro muy apreciado por mí.
En su libro Mito y archivo, González Echeverría señala que novelas como La campaña estarían creando una nueva variante de ficción literaria al recrear el tema de la Independencia.
-Sí, pero en general se ha escrito muy poco sobre ello. Bueno, hay un Uslar Pietri, un García Márquez. El novelista tiene el derecho -no sé si la obligación- de usar el pasado para darle nueva relevancia y actualidad. Los novelistas del siglo XIX escribieron sobre su siglo XIX como lo vivieron; sin embargo, algunas novelas mexicanas recientes como las de Hernán Lara Zavala e Ignacio Solares, que abordan el siglo XIX mexicano, se sitúan en el siglo XX o en la actualidad del siglo XXI para hablar del pasado, se trata de una visión con perspectiva del pasado.
¿Ahora que se acerca el bicentenario de la Independencia cree que se ha conseguido "independencias" en algunos casos en Latinoamérica? ¿Tenemos, acaso, una independencia literaria?
-No hay literaturas independientes, eso no existe. Todas dependen de las demás. Si uno habla de autores, lo más independiente que hay no es una literatura nacional, es alguien que puede llamarse García Márquez, Vargas Llosa, Milan Kundera, Nadine Gordimer, Juan Goytisolo, etcétera. Y estos escritores escriben en una determinada lengua y forman parte de una literatura, pero al mismo tiempo la trascienden, la rebasan, no se quedan encerrados en una jaula nacionalista como en el pasado, eso resulta muy limitante para nuestras literaturas.
LA HISTORIA Y LA NOVELA DEL XIX
La Historia es una obsesión en su obra. ¿Cómo nace su vinculación con la Historia y con la lectura de estos libros?
-Miren, yo viví de niño en Estados Unidos y muy relacionado con el México posrevolucionario de Lázaro Cárdenas. Esa fue mi educación. Es el contexto en donde me eduqué, todo escritor tiene una educación política; Balzac pertenece al mundo de la restauración francesa; Stendhal al periodo posnapoléonico; Dickens a la era victoriana. Ellos son parte de esas épocas, pero la imaginación y el lenguaje las trascienden de otra manera, si no esas novelas no serían inteligibles el día de hoy.
Vargas Llosa ha confesado que alguna vez lo tentó la idea de abandonar la literatura para dedicarse a la Historia. ¿Le ha ocurrido?
-No, a mí nunca. Si hay muy buenos historiadores para qué voy a competir con ellos.
¿Qué novelas históricas lo impactaron en su juventud?
-Dumas era lo que más me interesaba cuando era jovencito, sobretodo El conde de Montecristo y claro, también Tolstoi. Pero yo siempre he sido más bien muy admirador de Balzac, porque retrata más bien a la sociedad y esa sociedad tiene un gran coraje histórico, pero va más allá de eso y nos cuenta historias de pasiones humanas que finalmente son las que mueven a la sociedad y de Dostoievski lo mismo podría decir. En el famoso debate de George Steiner.
...el libro Tolstoi o Dostoievski.
-.Exacto, en ese debate yo me quedo con Dostoievski toda la vida. Sacrifico a Tolstoi por Dostoievski, que es quien nos está contando la historia interna de sus personajes, no solo la de la Rusia del XIX, sino también la historia de Raskólnikov o Mishkin.
¿Y consideraría Guerra y paz como la gran novela histórica del XIX?
-Sí, pero si la novela histórica se queda en novela histórica no me interesa tanto. Tiene que ser una obra basada en la historia, pero capaz de trascenderla.
EL MUNDO INDÍGENA Y LOS NUEVOS PROYECTOS
El México prehispánico está presente en su obra a través de mitos y dioses, como en su cuento "Chac-Mool" o la novela Cambio de piel. ¿Qué otros aspectos de este mundo le han interesado?
-Bueno, el pasado indígena como tal, como sustrato de una sociedad de diversas capas, una sociedad vertical y de capas horizontales superpuestas, como es México. Yo vivo en una ciudad (México D.F.), cuyo centro era el centro ceremonial y político del mundo azteca, que fue arrasado por Hernán Cortés y sobre las ruinas de la ciudad se construyó una ciudad española. Pero las ruinas de la ciudad azteca no se resignan a desaparecer, están ahí, incluso las piedras de la catedral pertenecen a los viejos templos aztecas. El mundo mexicano prehispánico está vigente, uno rasca un poquito y ahí está siempre. Además hay un mundo colonial, un mundo barroco, un mundo decimonónico y un mundo moderno. En México coexisten todos estos momentos históricos de nuestra vida.
Usted ordenó su obra literaria bajo núcleos temáticos que ha denominado como el ciclo de "La edad del tiempo". ¿Continúa con ese orden?
-Sí, claro, continúo con ese orden y voy llenando huecos por ahí y por allá. Ahora, no es precisamente un orden, es en verdad un desorden literario, pero digamos que es mi orden.
Dentro de este proyecto hay una novela que tiene como protagonista a Emiliano Zapata. ¿Continúa escribiéndola?
-Está planeada hasta el último. Saben ustedes que la idea de la novela es contar las horas del día final de Zapata junto con las horas que se vivían en México en ese momento. Pero ahora debo meterme en una hemeroteca para saber qué pasaba en ese momento, además de la muerte de Zapata.
EL BOOM Y LOS NUEVOS NARRADORES
Una pregunta ineludible: ¿qué fue el boom para usted?
-Lo que puedo decirles es que quienes escribimos las novelas del boom no nos dimos cuenta que estábamos en el boom. Esto es un mote que se puso después, y yo no pensaba cuando estaba escribiendo La región más transparente "ah, miren, estoy escribiendo una novela del boom", no de ningún modo pensaba eso (risas).
¿Quiénes entre los escritores mexicanos más jóvenes, le interesan?
-He leído a muchos escritores mexicanos jóvenes y me siento muy cerca de ellos: Jorge Volpi, Cristina Rivera Garzo, Ignacio Padilla, Xavier Velasco, Eloy Ross, en fin. Es un grupo muy interesante.
Roberto Bolaño, a pesar de no ser mexicano, ha censado la capital mexicana en Los detectives salvajes. ¿Qué opina de su obra?
-No he leído a Roberto Bolaño.
¿Y de otras regiones de Latinoamérica?
-Colombia tiene una abundancia de buenos escritores como Santiago Gamboa y Juan Gabriel Vásquez. En el Perú, ustedes tienen a Santiago Roncagliolo, que es un espléndido escritor joven. Chile tiene escritores como Arturo Fontaine, Carlos Franz y Sergio Missana, y Argentina ni se diga. Hoy existe una extraordinaria extensión de la escritura latinoamericana que no existía cuando yo era joven. En el "pre boom" éramos seis escritores; en el boom, doce. Si hoy contamos, de Argentina o Chile hasta México, podemos encontrar hasta cincuenta nombres.
¿Rulfo es una especie de gran padre para los escritores mexicanos?
-No es padre, él se negaría a eso. Rulfo es una especie de cacique literario, porque nos hizo el favor de llevar a su culminación la novela del campo mexicano de la Revolución. Más allá de Pedro Páramo no se puede ir. Esa es la gran lección de Rulfo y el gran favor que le debemos. Yo escribí La región más transparente porque leí Pedro Páramo y dije esta temática ya la culminó Rulfo que ya nadie la toque, porque es como un árbol desnudo del cual cuelga una especie de manzana de oro que es Pedro Páramo.
A cincuenta años de la publicación de La región más transparente, usted puede percibirla como un libro medular entre los nuevos escritores y lectores.
-Cómo no. Es una novela muy popular. Lleva edición tras edición tras edición.
VOLVER A LA INDEPENDENCIA
¿Cree que el bicentenario de la Independencia traerá polémicas, como ocurrió con el quinto centenario del descubrimiento de América?
-Sí, porque va a ser usado por personajes como Chávez para lanzar sus diatribas contra España con frases del tipo ¡Somos independientes, España! ¡Mueran los gachupines! De lo que se trata es de unir las fuerzas de nuestra cultura, que es la hispanoamericana y recordar que España hizo una revolución en 1808, con las Cortes de Cádiz, que incluso precedió a nuestros movimientos libertarios. No se trata de dividir sino de unir a la comunidad hispánica, incluyendo a la de Estados Unidos, pero temo que van a haber muchas fuerzas divisivas, concertadas por Hugo Chávez, claro.
¿Cómo ve los próximos veinte años para América Latina?
-Difíciles, siempre la historia es difícil, nunca es fácil. Las demandas sociales siempre van a aumentar, habrá que ver qué tan buenas son las respuestas a esas demandas.
¿Y la migración a los Estados Unidos?
-La globalización se ha presentado en términos de beneficios de cosas, pero no de personas. Qué bueno que hay más comercio, más inversiones, pero el factor humano parece que queda fuera de esto. El problema del migrante mexicano y de los habitantes de la América Central para entrar a Estados Unidos o de los africanos para entrar a Europa, es que la globalización es todavía un hecho muy quebradizo, muy incompleto. Mientras no se resuelva el problema del migrante no podemos hablar de una verdadera migración. ¿Cuál es la solución? Yo no creo que sea admitir a todo el mundo que llegue ni mucho menos; el problema no es solo del país que recibe, es un problema del país de donde salen los migrantes. México va a tener este problema de manera más grave, porque Estados Unidos va a cerrar mucho o del todo sus fronteras.