Por Agustín Prado Alvarado
"Imaginar el pasado, recordar el futuro" es la esculpida frase donde Carlos Fuentes expresa su fascinación y preocupación por indagar con actitud creativa en los acontecimientos históricos, permitiendo acuñar un futuro anudado a su pasado imaginario. El real sentido de la memorable frase del escritor mexicano será plenamente descifrado con la lectura de sus novelas, cuentos y ensayos.
LA EDAD DEL TIEMPO
Siguiendo el modelo narrativo de su admirado Honoré de Balzac quien ordenó sus novelas bajo el título de Comedia Humana, Carlos Fuentes proyectó cuando escribía Cristóbal Nonato (1987) agrupar temáticamente sus textos dentro del ciclo denominado La Edad del Tiempo. Examinando los núcleos de estos catorce ciclos se comprenderá cómo los distintos tiempos históricos (mexicanos) atraviesan prácticamente toda sus narraciones. Se puede establecer dentro de su corpus literario aquellos textos que ficcionalizan la historia y aquellas novelas típicamente históricas. El primer tipo de narraciones como lo ha explicado María José Bruña Bragado (2006) se configura en la obra de Fuentes porque manifiesta una documentación exhaustiva de los sucesos históricos con un acercamiento desmitificador: "Indagar en las raíces de los acontecimientos presentes mediante la observación y discusión de las certezas del pasado (p.86)".
Aquellas novelas donde los acontecimientos históricos repercuten en un contexto contemporáneo están representadas por libros como La muerte de Artemio Cruz (1962) o Cambio de piel (1967). En el primer texto diferentes aspectos de la Revolución mexicana son revisados críticamente, mencionándose incluso hechos del México decimonónico. La composición de Cambio de piel alterna el recorrido de Hernán Cortés a la capital azteca con el viaje emprendido por dos parejas en el México de 1965. No obstante, en ninguna de esas dos ficciones se restauran con exactitud los acontecimientos históricos mexicanos.
Entre sus últimos libros, donde continúa ese derrotero literario, destaca notablemente Los años con Laura Díaz (1999). A través de la mirada de su protagonista se cuenta la vida privada y la vida pública de México y de Europa durante todo el siglo XX, de modo que el texto termina convirtiéndose en un gran mural histórico-narrativo, semejante a las imponentes pinturas de los muralistas mexicanos.
Antes de revisar las novelas "propiamente históricas" de Carlos Fuentes debemos recordar los códigos de este género literario establecidos desde su creación en 1814 por Walter Scott, continuados por sus emuladores Alejandro Dumas, Víctor Hugo, León Tolstoi o Blest Gana durante toda la centuria decimonónica y también en el siglo XX. El punto de partida consiste en recrear un pasado reconocido en el que protagonistas imaginarios interactúan con figuras históricas, que desempeñan un rol secundario. Sin embargo, muchos de estos aspectos literarios cambiarán completamente hacia mediados del siglo XX, cuando surge la denominada Nueva Novela Histórica, cuyos emblemas en Latinoamérica son El arpa y la sombra (1979) de Alejo Carpentier, Noticias del Imperio (1987) de Fernando del Paso o El general en su laberinto (1989) de García Márquez.
LA COMPLEJA TERRA NOSTRA
Carlos Fuentes concibió su obra más ambiciosa con Terra nostra (1975), reconocida además como una de las piezas narrativas más complejas de la literatura hispanoamericana. El plano argumental de este libro nos conduce al pasado europeo desde la época romana de Tiberio para posteriormente alcanzar a la sociedad española del XVI bajo el reinado de Felipe II. Podemos admitirla sin duda como una obra representativa de la denominada (Nueva) Novela Histórica. Esta categoría ha sido difundida por el crítico Seymour Menton (1993), quien destaca seis códigos literarios del género, entre los cuales está la distorsión consciente de los sucesos reales mediante anacronismos, exageraciones y omisiones. La recreación histórica de Terra nostra evoca e inventa un pasado variando los nombres reales y los acontecimientos que pueden ser reconocidos por un lector culto.
AMBROCE BIERCE, EL GRINGO VIEJO
Una siguiente novela de Carlos Fuentes que se puede considerar histórica es Gringo viejo (1985). Su argumento imagina el viaje del escritor norteamericano Ambroce Bierce, quien cruza la frontera para encontrar y unirse a las huestes de Pancho Villa. El periplo de Bierce permite al narrador y al lector ingresar en los meollos de la Revolución mexicana.
LA NOVELA DE LA INDEPENDENCIA
Uno de los ejes correspondientes a La Edad del Tiempo está constituido por el ciclo "El Tiempo Romántico", inaugurado con su libro La campaña (1991), donde el novelista recorre temporal y geográficamente toda la gesta libertadora de la América hispana. Su protagonista, Baltasar Bustos, un criollo argentino, emprende su marcha desde Buenos Aires en 1810 hasta arribar años después a México en plena lucha por alcanzar su independencia, convirtiéndose así en un testigo directo de los ideales y las frustraciones que contrajo la gesta emancipadora. Para Seymour Menton La campaña es paradigmática de la Nueva Novela Histórica por el carácter carnavalesco, la intertextualidad, la metaficción y la distorsión consciente de lo sucedido.
EL NARANJO
Carlos Fuentes tiene una sólida obra en los géneros del cuento y la nouvelle (novela corta). En este segundo rubro publicó el libro El naranjo (1993), compuesto por cinco relatos de confección histórica. "Las dos orillas" es la primera nouvelle narrada desde la perspectiva de la muerte por Jerónimo de Aguilar. Este soldado español rememora su participación como traductor de Hernán Cortés en la conquista de la sociedad azteca. "Los hijos del conquistador" es el segundo relato, focalizado en las voces alternadas de dos de los hijos mestizos del conquistador de México con la Malinche. En nuestra lectura encontramos como punto en común entre estos dos primeros textos las conflictivas interrogantes surgidas a partir del encuentro violento entre el mundo azteca y el español.
Debe resaltarse en El naranjo la novela breve "Las dos Numancias", narrada desde tres puntos de vista gramaticales que se encargan de recordar la caída de la ciudad española de Numancia a manos del ejército romano. Carlos Fuentes utiliza las diversas voces que cuentan lo acontecido en esta guerra hispano-romana para reflexionar sobre la polémica dicotomía entre civilización y barbarie como una constante en la historia de Occidente; meritoria es también su capacidad de abordar un tema histórico fuera de las fronteras de México, encontrando puntos de coincidencia en los procesos de enfrentamiento entre distintas culturas
El último relato de El naranjo, "Las dos Américas", dibuja a un Cristóbal Colón arribando a una isla paradisíaca tras padecer el abandono impuesto por los hermanos Pinzón. Utilizando el poder de la escritura contará historias fabulosas sobre las tierras que visitó, y arrojará sus escritos al mar para que sean los japoneses del siglo XX quienes, al encontrar la botella, acudan a pedirle que se asocie como miembro de sus empresas. Así, Fuentes dispone una paradoja histórica: "Yo no había llegado al Japón. Japón había llegado a mí". Con "Las dos Américas" el narrador mexicano consigue escribir una historia alternativa a la versión oficial a la biografía del almirante Colón para mostrarnos todas las posibilidades que la ficción literaria nos ofrece como método de evocación de nuestro pasado y fundación de nuestro presente.
Prácticamente encontramos en El naranjo un muestrario de la poética y el estilo recurrente de toda su obra convirtiéndose en una pieza narrativa que sintetiza la escritura literaria de Carlos Fuentes quien ya demostró que el pasado acontecido puede revisarse y modificarse gracias a la imaginación literaria.
1. Carlos Fuentes acuñó su frase en su libro Nuevo tiempo mexicano (1994).
2. Seymour Menton. La nueva novela histórica de la América latina, 1979-1992. México: FCE, 1993.