ANÁLISIS ECONÓMICO
Por Fritz Du Bois
Cuando presenciamos espectáculos como el de esta semana, con parlamentarios levantando pancartas, gritando, peleándose, siempre decimos que nunca hemos tenido un Congreso tan malo; pero cada cinco años elegimos uno peor. En realidad, estamos en un círculo vicioso a medida que el nivel del parlamentario promedio sigue descendiendo -- algunos les roban el sueldo a sus propios empleados o matan a balazos a la mascota del vecino, asemejándose a los pirañitas-- y la posibilidad de atraer mejor gente al Congreso será cada vez menor. Es como si para proteger su mercado de futura competencia armaran circos para ahuyentar a los buenos prospectos y evitar que les quiten el empleo.
Pero hay otro cálculo en el entuerto. Y no se trataba de evitar alguna reforma constitucional, sino de aprovechar el momento para generar una sensación de inestabilidad que inhiba los fuertes flujos de inversión. La oportunidad no pudo ser peor (o desde su punto de vista, mejor) con Standard & Poors al hacer públicas sus dudas sobre la fragilidad política en nuestro país, antes de tomar la decisión de otorgarnos o no el grado de inversión. La estrategia humalista es clara, todo lo que limite la actual tasa de crecimiento es positivo para ellos, ya que se está reduciendo demasiado su electorado de pobres y desesperados. Mientras tanto, su líder se cuida de estar en los escándalos y aparenta ser moderado en reuniones con empresarios.
De cualquier manera, incuestionablemente de este Congreso nada se puede esperar. Por lo tanto, en las próximas dos semanas el Gobierno tiene en sus manos la última oportunidad para reformar y modernizar. La delegación de facultades vence el 28 de junio y lo que no sea promulgado para ese entonces, lo podemos enterrar y olvidar por lo menos hasta el próximo gobierno. Si bien hay mucho por hacer, es esencial que se priorice una ley de aguas si queremos potenciar el agro y es vital fusionar Conasev a la SBS para desarrollar el mercado de capitales.
De otro lado, este gobierno no ha hecho absolutamente nada para lograr una mayor flexibilidad laboral y eso es fundamental. También está pendiente reformar el Estado, lo cual va desde introducir la prueba de mercado para obligar a los burócratas a competir hasta transparentar y mejorar el manejo de las empresas públicas llevándolas a la bolsa para que asuman las mismas obligaciones de ser auditadas y de informar, como lo hace cualquier empresa normal. Los 10.000 millones de ingresos anuales que supervisa Fonafe, y que pertenecen a todos los peruanos, no pueden seguir siendo tratados como una caja chica gubernamental.
Asimismo, la simplificación administrativa es parte de la agenda y sería ideal darle facultades a Indecopi para que elimine todo trámite estatal que no pase el examen de demostrar que es esencial, con lo que se reduciría los sobrecostos de transacción que encarecen nuestra economía. También sería un gran paso adelante crear en cada distrito del país una ventanilla única para que en un solo punto se pueda realizar cualquier trámite estatal. El presidente García dijo en su discurso inaugural que él sería el defensor del ciudadano frente al Estado, ahora tiene la oportunidad.
Finalmente, retornando al verdadero motivo electoral detrás del circo montado, el Gobierno debe asegurase por todos los medios de bloquear los futuros intentos de boicotear el crecimiento por parte de tirios y troyanos --con más de un compañero asimilado-- albergados en lo que alguna vez fue el primer poder del Estado y que hoy está bien devaluado.