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LA TERCERIZACIÓN EN DEBATE

¿Cómo generamos empleo decente?

Por: Luis Arbulú Alva. Abogado laboralista |

Por Luis Arbulú Alva. Abogado laboralista

"El Gobierno garantiza la libertad de inversión en el país, pero también el derecho de los trabajadores a ser formalizados", ha dicho el presidente de la República, Alan García, refiriéndose a la autógrafa del proyecto de ley que busca regular la tercerización laboral. El documento ya se encuentra en sus manos para su revisión, antes de ser promulgado.

¿Alguien podría estar en contra de que se formalice la situación de los trabajadores en el Perú? Con seguridad, nadie. Pero lo que deberíamos preguntarnos es si este proyecto permitirá, en efecto, alcanzar este objetivo nacional o terminará provocando todo lo contrario.

Estamos ante tantas versiones contradictorias sobre esta figura laboral, que incluso se está presentando como algo que perturbará el desarrollo normal de las relaciones entre empleadores y trabajadores. Nosotros mismos, los especialistas, no nos ponemos de acuerdo en el enfoque, lo que genera confusión e incertidumbre.

En principio, lo que debe quedar claro es que la tercerización no es un invento peruano de "malos empresarios" que buscan aprovecharse de la necesidad de los trabajadores. La tercerización, outsourcing o subcontratación es una figura necesaria e imprescindible que se utiliza en todo el mundo, en países desarrollados y en vías de desarrollo, y es generadora de miles de puestos de trabajo.

Por lo mismo, su utilización debe ser objeto de una adecuada fiscalización en cuanto al respeto de los derechos laborales y al cumplimiento mínimo de requisitos para su garantía, sin que ello implique una voracidad de beneficios y derechos que hagan imposible su utilización, en un momento en el que lo que se necesita es generar empleo decente al menor costo posible.

El proyecto aprobado por el Congreso de la República de por sí es bueno, aunque requiere ajustes no traumáticos para el debido cumplimiento de la normatividad laboral.

Por ejemplo, deberían establecerse no solo mecanismos de control del cumplimiento de las obligaciones, sino también una modalidad contractual específica de tercerización, con plazos estipulados y los nuevos derechos laborales que aún faltan determinar.

Lo lógico sería introducir esta figura permanente en nuestra legislación sobre la base de un incentivo de generación de empleo y no solo establecer normas de fiscalización y control por parte de las autoridades, que terminen provocando mayor informalidad.

Es oportuno indicar que la regulación de la tercerización laboral no puede expedirse en forma aislada si antes no se define si los trabajadores bajo esta modalidad tendrán derecho a participar de las utilidades de la empresa a la que su contratista presta servicios, tal como lo hacen los trabajadores en planilla. El proyecto de ley sobre esta materia continúa en el Parlamento.

Nos guste o no, la realidad es que vivimos en un mundo cada vez más globalizado, que nos obliga a ser competitivos, lo que no lograremos con una legislación rígida y controlista que no promueva sino que, más bien, desaliente la inversión, que es la principal generadora de puestos de trabajo, sin que, obviamente, ello implique desproteger a los trabajadores o admitir abusos que deben sancionarse.

Será importante que los ministros de Estado, especialmente los involucrados en el tema del empleo, que son a quienes el presidente de la República debe consultar y escuchar, expongan su punto de vista antes de que el doctor Alan García decida promulgar u observar esta iniciativa.

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