Un lejano enero de 1958, con solo 11 años, José Carreras subía por primera vez al escenario del Gran Teatro del Liceo de Barcelona para interpretar al niño Trujamán en la ópera "El retablo de Maese Pedro", del compositor Manuel de Falla. Los diarios de la época, encandilados con el estreno, titulaban "Un niño de 11 años, cantante excepcional de ópera", y destacaban su gracia, valentía y seguridad, así como su prometedora voz.
Aquel fue el modesto debut de lo que sería la historia fascinante, de alegrías y penas --en 1987 le diagnosticaron leucemia linfoblástica aguda y la venció con un trasplante de médula--, del divo español.
Y justamente será en ese templo catalán de la música donde el tenor celebrará hoy sus 50 años de carrera. Actualmente, el intérprete ofrece entre 50 y 55 recitales al año, sin distraerse de su labor solidaria en la fundación que lleva su nombre contra la leucemia. Sin duda, una voz y un carácter que nos ofrecen testimonio de grandeza.
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