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ECONOMÍA

Una mujer en el rudo mundo del transporte de carga

Kary Griswold, viuda de Raúl Orlandini

Por Antonio Orjeda

No terminó Estudios Generales en la Universidad de Lima, pero conduce una empresa que aun sin cumplirse la mitad del año ya casi ha duplicado la facturación de todo el 2007. Ex alumna del San Silvestre, dos años atrás Kary Griswold ni siquiera hubiera imaginado lo que hoy hace (lo que hoy está logrando).

A fines del 2006, falleció su esposo, el pentacampeón de Caminos del Inca, Raúl Orlandini. Ni él, que la adoraba, creía que ella podría tomar el timón de un negocio considerado solo para hombres. Raúl había dado vida a Transportes Grom. Él hizo frente a la informalidad que impera en el negocio del transporte de carga y luchó contra el cáncer hasta el final. Gracias a Raúl, Grom es uno de los líderes del mercado. Gracias a Kary, Grom marcha a ganador.

¿Cuán desconocido le era este negocio cuando su esposo fallece y usted decide asumir la empresa?
Totalmente desconocido. Nunca había trabajado con él. Nunca.

Decidió asumir y esto no era, pues, una bodeguita. Era una de las empresas líderes en transporte de carga, con 70 camiones.
Tampoco tenía mucho que escoger. Raúl se enfermó y en los seis meses que duró su enfermedad yo estuve abocada a tratar de que él se curara. Y cuando ya supimos que nada se podía hacer, simplemente me dediqué a tratar de que estuviera lo mejor posible. Ahí fue que mi segundo hijo (Raúl) dejó la universidad y entró a la empresa. Perdió un año. Yo había pensado ayudarlo, pero ahí nomás a Raúl le dio una neumonía. Nos tuvimos que quedar en Houston. Todo se complicó y mi hijo tuvo que seguir en la empresa. Entró a la parte de Operaciones, donde tenemos la suerte de contar con Marcelino Peña, quien trabaja con nosotros 25 años. Él trabajó hombro a hombro con Raulito. Gracias a ellos, en la parte operativa, las cosas funcionaron bien... Fue más bien en la administrativa donde la ausencia de Raúl se hizo muy notoria.

Y fue precisamente ahí donde usted entró a tallar. Así pasó de ama de casa a gerenta general.
Sí. Raúl fallece el 15 de noviembre (del 2006) y el 3 de enero yo me senté por primera vez en este escritorio. Y, bueno, nos encontramos con varios problemas.

Pero usted no era una ama de casa común. Usted había conducido una empresa textil.
Tuve un taller de confecciones, pero cuando salí embarazada de Rafael, mi tercer hijo, lo vendí.

Vendió su empresa porque su hijo nació con hidrocefalia y usted se abocó a su tratamiento.
Sí. Él tuvo varios problemas médicos y yo me dediqué 100% a él.

Raúl Orlandini, su esposo, fue pentacampeón de Caminos del Inca. Lo que pocos sabían era que usted llevaba años haciendo una carrera aparte por la salud de su hijo.
Sí. Cuando me enteré de lo de Rafo, yo no sabía absolutamente nada sobre hidrocefalia. Claro, hoy está completamente manejada la situación: Rafo hace su vida normal. ¿Pero, en ese momento? Había que hacer chequeos, y todo el tiempo yo estaba detrás de él.

Raúl era un empresario. Su mayor felicidad, sin embargo, estaba en correr. En un principio, a usted eso no le gustaba.
Yo conocí a Raúl cuando él ya corría. Me daba nervios, pero me fui dando cuenta de que él era una persona muy fría a la hora de conducir. Por ganar una carrera, él no se iba a 'descolgar' entre Huancayo y Ayacucho. Y me acostumbré... Hasta que Raúl, mi hijo, entró en lo mismo. Raulito comenzó a correr karts a los 9 años. Fue campeón nacional a los 11 o 12. Ahí sí me daba nervios. ¡Por la vehemencia que hasta ahora tiene! Y, bueno, el 2006 salió campeón nacional.

Usted no tenía tres, sino cuatro hijos.
La verdad es que sí (ríe), pero yo soy una persona que cuando veo que los seres que quiero hacen lo que les gusta y son felices, me encanta compartir con ellos. Muchos pensarán que estoy loca, pero, a Raulito, yo lo apoyo a morir en sus carreras... Después de la muerte de Raúl, hemos establecido una relación mucho más cercana. Antes, él compartía sus carreras con su papi. Ahora, las comparte conmigo.

Precisamente, la sabiduría de una madre, de una esposa, de una mujer --la de un ser humano-- está en eso, ¿no? En dejar libre a quien uno quiere.
Así es. Y después de la muerte de Raúl, tengo más claro que uno no sabe cuánto tiempo va a vivir, y ese tiempo uno lo tiene que vivir de la mejor manera posible. Haciendo las cosas que realmente le gustan... en lo posible.

Él falleció en noviembre del 2006 y usted se sentó en ese escritorio semanas después. ¿Cómo fue ese primer día?
¡Terrible! Recuperarse de la pérdida de una persona a la que una quiere tanto, de la tristeza que se siente; ¡y de la tristeza que siente una, como mamá, al ver a sus hijos sufrir! Yo sabía que tenía que ser fuerte para que ellos sintieran que se podían apoyar en mí.

Y encima, tenía que hacerse cargo de una empresa enorme.
Claro. Y mi hijo, el chiquito, estaba conmigo, ¡todo el día! Había que comenzar a hacer un balance entre las dos cosas. Supimos trabajarlo bien: Rafael y yo, los dos. Él entendió que yo tenía que trabajar y yo trataba de estar con él el máximo tiempo posible.

Raúl, el segundo, a los 22, hoy es su brazo derecho.
Él ha sido un apoyo enorme. Yo estoy superorgullosa de Raúl. A los 21 años tuvo que trabajar en Grom de la noche a la mañana, sacrificó un año de universidad para sacar adelante la empresa de la familia; y también asumió la responsabilidad que tenía ya como piloto. Hoy maneja su presupuesto, habla con sus auspiciadores... ¡Yo no le doy un centavo para que corra carros! Para mí, él es una sorpresa. Raúl siempre ha sido un chico tranquilo, muy centrado, pero, ¿la madurez con la que lo ha tomado todo? Estoy superorgullosa de él.

A la fuerza, una mujer y un chiquillo terminaron en medio de un mundo de hombres bravos.
¡En una jungla! Porque lo es... y nadie daba un medio por nosotros. Todo el mundo decía: sin Raúl, Grom va a quebrar. Raúl era el corazón de la empresa.

Acá trabajan más de cien personas. ¿Cómo hizo para ganarse su confianza?
Trabajando con ellos. Una de las cualidades que he desarrollado --si bien no la he estudiado-- es tener muy buena disposición para el trabajo en equipo. Eso me ha ayudado para integrarme con todo el mundo y realmente hemos tenido un apoyo enorme de todas las personas de la empresa: choferes, secretarias, la gente de almacén, logística, los administrativos... Todos decidimos que teníamos que sacar la empresa adelante.

El mundo del transporte es machista. Usted es mujer y encima rubia...
(Ríe)... No sé cómo lo verían los demás. Nosotros nos dedicamos a trabajar y a tratar de dar el mejor servicio a nuestros clientes.

Muchos de los que no creyeron en ustedes debieron tratar de aprovechar la situación.
Sí. Eso es increíble. Cuando entramos, encontramos que había un faltante en la empresa --como de 600 mil dólares--, que se había venido generando desde que Raúl se enfermó. Por eso te digo, fue en la parte administrativa en la que más se sintió la ausencia de Raúl. Y cuando los bancos se dieron cuenta de eso, 'ajustaron'. Nosotros tuvimos todas esas cosas en contra: la falta de confianza de los otros transportistas, de los clientes, del banco... Fueron meses en los que lo único que hicimos fue trabajar y trabajar. Y sí, tuvimos momentos de dudas. Hubo gente que se quiso aprovechar, comprarnos la empresa...

Seudoamigos, entre ellos.
Sí, y nos querían pagar unos precios... Y voy a decir algo: cuando Raúl estaba enfermo, me dijo: "Si me pasa algo, vende todo". O sea, él era uno de los que creía que no íbamos a poder (ríe)... "¡Tú, vende todo!", me decía.

¿Y usted qué le respondía?
"Ya veremos. Ahora tenemos que concentrarnos en curarte". Uy, no sabe, pasamos momentos de mucha inseguridad: vendo, no vendo... Pero dijimos: No. Raúl ha dejado su vida acá. ¡Nosotros nos la teníamos que jugar!

Junio no ha terminado y ya han superado la facturación de todo el 2007. ¿Qué dice su hijo ahora de la decisión que tomaron?
¡Está feliz! ¡Trabaja con un entusiasmo!

¿Y qué dicen los incrédulos?
Mucha gente me felicita. "Kary, la verdad, nunca pensé que lo pudieran hacer"... Este es un negocio complicado, pero aquí estamos y estamos saliendo bien.

A falta de Raúl, usted ha tomado el timón.
He tomado el timón de un equipo maravilloso, porque si no fuera por las personas que trabajan con nosotros, ¡no lo habríamos podido hacer! Y estoy feliz, porque al comienzo yo estaba asustada. Esto iba a ser un cambio de vida total y lo ha sido: desde que he entrado, he subido 15 kilos porque almuerzo todos los días en la calle, cosa que antes no hacía (ríe)...

Su familia hoy debe estar más unida que nunca.
Es que cuando una ve a alguien joven como Raúl, tan lleno de energía, tan entusiasta para todo, y que de un momento a otro se va... eso hace que pongas en orden tus ideas, y que veas cuáles son las verdaderas prioridades en tu vida.

LA FICHA
Nombre: Kary Lynn Griswold Tweddle de Orlandini.
Colegio: San Silvestre.
Estudios: "Nada. Yo terminé el colegio, hice un ciclo en la Universidad de Lima (Administración) y me casé. Mi esposo viajaba bastante, salí embarazada y ya nunca estudié. Me encantaría regresar, pero es imposible. No tengo tiempo".
Edad: 47 años.
Cargo: Gerenta general de Transportes Grom.

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