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EDITORIAL

Por una reingeniería total del fútbol peruano

No nos engañemos: Más allá del vergonzoso 6-0 y del pobre desempeño en la actual ronda clasificatoria mundialista, no hay novedades en la selección de fútbol profesional. Ya lo habíamos dicho más de una vez: con los actuales dirigentes y comandos técnicos el fútbol está condenado a ir de fracaso en fracaso, en una especie de cáncer que cada vez más reclama acciones quirúrgicas urgentes y profundas, sobre todo porque se trata de una selección que lleva los colores de nuestra bandera y el nombre del Perú.

El fútbol peruano, reiteramos, está mal de los pies, pero sobre todo de la cabeza. Son los dirigentes enquistados los responsables de esta larga crisis y del desprestigio que abate al más popular de los deportes. ¿Y todo por qué? Pues por relegar los intereses del deporte y de la institucionalidad gremial para dar prioridad a sus intereses personales, los negociados de los clubes o las jugarretas de un organismo supranacional y polémico como la FIFA, al que responden directamente y que los apaña.

Y lo que más enerva y llama la atención es la soberbia y la falta de dignidad: cuando el momento reclama asumir responsabilidades, ni el director técnico ni la principal cabeza de la Federación Peruana de Fútbol (FPF) han tenido la hidalguía y la hombría de renunciar. Solo un dirigente, Juvenal Silva, ha anunciado que renunciará a la comisión mundialista, lo que formalizaría en los próximos días.

Hay, pues, lugar a la indignación, que cruza todo el país, desde los hinchas y ciudadanos de a pie hasta las más altas autoridades políticas. El mismo jefe del Estado, Alan García, se ha mostrado avergonzado como peruano y el presidente del Congreso, Luis Gonzales Posada, y el ministro de Educación, José Antonio Chang, han pedido la renuncia de Burga y su entorno. ¡Es lo que corresponde cuando se maltrata tanto el nombre del Perú y se juega con los sueños, las aspiraciones y la entrega de millones de aficionados!

Hoy no podemos quedarnos callados ni inmóviles, sino buscar salidas viables y efectivas para sentar las bases del cambio y salir de la crisis. Hay que apuntar a una reingeniería total en la Federación Peruana de Fútbol, empezando por la salida de Manuel Burga, cuya permanencia es ya insostenible.

La primera opción sería que el propio Burga, escuchando el clamor popular, renuncie al cargo ante el enésimo fracaso de una gestión sin mística, planificación ni rumbo. Si ello no sucede, la segunda alternativa deseable implica la participación de las bases (ligas departamentales y clubes): se necesita la mitad más uno de los 39 miembros de las bases (14 clubes de primera y 25 departamentales) para convocar una asamblea, en la que ¡el 90%!(36 votos) deberá estar de acuerdo con la salida del presidente para pedir su revocatoria. Sin embargo, tal alternativa solo es posible si la misma mayoría que aceptó la reelección de Burga cambia de parecer, recobra la sensatez y la dignidad, y considera que su ciclo ha concluido.

De no darse esta salida, la tercera opción, la más radical, sería intervenir la FPF, lo que conllevaría a aceptar la automática desafiliación de la FIFA. ¿Importaría mucho esto en las actuales circunstancias cuando el fútbol peruano está por los suelos, sin barco, timón ni brújula? Sin embargo, habría que considerar que la eventual desafiliación implicaría excluir a los clubes peruanos de torneos internacionales y quizá el condicionamiento de tener finalmente que reponer a Burga, alfil de la cúpula FIFA.

Hay que pasar del apasionamiento a la reflexión y a la acción. Tal invocación es especialmente dirigida a los dirigentes y las autoridades del Gobierno, pero también va para los representantes de los hinchas que tienen que hacer valer sus derechos y exigir que se renueven estatutos, que se convoquen elecciones y que se promueva el saneamiento ético y profesional de la dirigencia del fútbol peruano. La inacción, en este como en todos los ámbitos de la vida, es cómplice y es de eso que se aprovechan los inescrupulosos para entornillarse y corromper lo que debía ser deporte de sana competencia y entretenimiento.

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