Se llamaba Play Land Parkporque los administradores de esos recordados juegos mecánicos --que aún desafían al óxido en algún lugar de Lima-- les dieron una ayuda. Pero el equipito que animó los semilleros de fútbol en los años 90 sobrevivía porque un joven entusiasta, que fungía de entrenador y delegado a la vez, se subía a los microbuses para vender una bolsa de caramelos, a fin de que los pequeños jugadores de su equipo tuvieran una camiseta para poder competir. Ese es el espíritu del Semillero que El Comercio fomenta desde hace 20 años, y que hoy desarrolla de la mano del Banco de Crédito. En estos tiempos de malos ejemplos deportivos, miremos a los más pequeños. Este propósito de largo aliento lo podrá leer hoy en un suplemento que resume estos años de esfuerzo.