TECNOLOGÍA. NUEVAS MANERAS DE ENTRETENIMIENTO
TOKIO [EFE]. La Feria del Juguete de Tokio abrió ayer sus puertas con una innumerable oferta de productos estrafalarios y dedicada a un público adulto, para el que se han diseñado desde novias robot hasta equipos de karaoke portátiles.
Dicen que los juguetes son para los niños pero en Japón, donde la tasa de natalidad disminuye y la población envejece a pasos agigantados, eso no es tan evidente. En esta feria, que el año pasado recibió a 111.619 visitantes, tienen un especial protagonismo los juguetes destinados a los mayores, un público con poder adquisitivo propio y con intereses diferentes a los más pequeños.
En esta línea, el fabricante de juguetes Sega Toys ha desarrollado su Doncella Eterna Actualizada, una muñeca robot de formas sinuosas y actitud seductora conocida entre sus admiradores como Ema, que hasta propina besos.
Para una ciudad como Tokio, en la que un alto porcentaje de los jóvenes viven solos y las grandes distancias hacen difícil encontrarse con los amigos, la empresa de juguetes Takara Tomy ha inventado su minikaraoke portátil. Este particular invento se venderá a partir de octubre en varios colores por cerca de US$100, aunque por el momento la empresa que lo comercializa solo ha incluido canciones niponas.
La Feria del Juguete, que congrega a 115 compañías japonesas y 19 extranjeras, es una prueba de fe para los que creen que todo está ya inventado.
Los organizadores esperan recibir este año la visita de unos 120.000 visitantes durante los cuatro días que permanecerá abierta al público en el Tokyo Big Sight, situado en la isla futurista de Odaiba, en la bahía de Tokio.
MÁS DATOS
4Pese a la predilección por los juguetes modernos, en la feria se muestra el aprecio por productos tradicionales, pero con toques tecnológicos.
4Así se pueden encontrar juegos de construcciones, yoyós, peluches, dispositivos teledirigidos y otros productos a los que los japoneses han dado una segunda oportunidad.
4Un ejemplo es un perro de peluche en tamaño real, capaz de obedecer hasta seis órdenes diferentes de su dueño y agradecer las caricias como un can de verdad, con ladridos incluidos pero sin tener que sacarlo a la calle.