Por Rolando Arellano. Doctor en márketing *
La decisión de la Comunidad Europea, de expulsar abruptamente a los inmigrantes no legalizados, nos hace pensar que los políticos europeos no han considerado los graves problemas económicos y sociales que les puede acarrear una decisión así. Veamos.
La población latinoamericana tiene forma de pirámide, con muchos niños en la base y pocos ancianos en la punta. En España, Italia o Estados Unidos la forma es de un rectángulo vertical, pues allí hay tantos jóvenes como personas mayores. Esto les resulta hoy muy cómodo, pues habiendo pocos niños, la gente disfruta personalmente de los ingresos de su trabajo. En el Perú la situación es menos fácil: al haber muchos niños, los adultos debemos trabajar más para mantenerlos a todos.
Sin embargo, en poco tiempo --digamos 10 años-- la situación cambiará drásticamente. Europa tendrá forma de pirámide invertida --muchos viejos y pocos jóvenes-- mientras que el Perú y países similares tendrán muchos jóvenes entrando a la fuerza laboral. Europa no tendrá entonces suficientes trabajadores para pagar las pensiones de sus muchos jubilados. Por el contrario, países como el Perú, que tienen ya un crecimiento poblacional controlado, tendrán una gran capacidad productiva.
Por ello, hace tiempo los países ricos empezaron a atraer migrantes, pues la fuerza laboral de los países pobres es su única posibilidad de subsistencia como nación. Ganaban entonces los países ricos, pues aseguraban su futuro, y también los países pobres, cuyos conciudadanos lograban mejores niveles de vida. Todo marchaba relativamente bien, hasta que hace unos días políticos europeos demagógicos, para contentar a algunos trabajadores que sienten que los extranjeros toman sus empleos, deciden expulsar a muchos de los migrantes que, de manera directa o indirecta ellos mismos invitaron a vivir en su país. Si bien nadie discute su derecho de recibir a quienes quieran, creemos que esa decisión es poco inteligente y poco equitativa.
¿Por qué poco equitativa? Porque los países ricos, aun antes de su crisis poblacional, siempre buscaron atraer a los mejores profesionales de los países pobres mediante becas y ofertas de trabajo. Ello se podía aceptar en la medida que recibían también desempleados de diverso nivel. Cuando hoy expulsan a quienes tienen menores calificaciones, sentimos lo mismo que cuando el vecino se lleva de nuestro jardín las manzanas grandes y apetitosas, aquellas que más nos costó cultivar, y desprecia las pequeñas.
¿Por qué poco inteligente? Primero porque nos hace pensar nuevamente --ya escribimos aquí que hasta en el fútbol el equipo recibe un pago por el trabajo de formar al jugador que transfiere-- en el derecho de exigir un resarcimiento sobre la riqueza humana que nos costó formar, y que se llevan gratis países más ricos. En segundo lugar, porque esa decisión de expulsar a los migrantes hoy la sufrirán mañana, cuando la demografía les cobre la cuenta con el envejecimiento de su población.
* CENTRUM CATÓLICA. ARELLANO MARKETING, INVESTIGACIÓN Y CONSULTORÍA