Por Rocío La Rosa Vásquez
Una mecha más acaba de apagarse con demora, esta vez en Moquegua. La población quiere un reparto equitativo del canon minero, pero al no recibir respuesta del Gobierno optó por la violencia. El resultado: heridos, pérdidas económicas, daños a la propiedad, una cuestionada operación policial y un acta de promesa de obras del Gobierno.
Cómo no relacionar lo sucedido con el 'arequipazo', aquellos días de furia motivados por la negativa de los arequipeños --liderados por su alcalde Juan Manuel Guillén-- a que el gobierno de Alejandro Toledo privatizara Egasa, la empresa de generación eléctrica de Arequipa. Era el 2002.
Un año antes el candidato Toledo se comprometió a no privatizarla si ganaba. El Toledo presidente cambió de opinión. Pero más allá de la coincidencia de que ambos hechos ocurrieran en junio, en el sur del país y en la primera mitad de un gobierno, conviene hablar de similitudes. Dicen que las comparaciones son odiosas y que no debemos vivir del pasado, pero la historia se repite y si no aprendemos de las lecciones que nos deja, entonces de qué aprendemos.
SEIS AÑOS DESPUÉS...
"Se pudo evitar", nos dice hoy Raúl Diez Canseco, primer vicepresidente en el 2002 y bombero voluntario del gobierno para apagar el 'incendio' en una ciudad levantada, con un muerto y un herido a punto de fallecer, el aeropuerto tomado, 200 cabinas telefónicas destruidas, un Centro Histórico violentado, en estado de emergencia y con toque de queda.
"Me ofrecí a ir a resolver el conflicto, convoqué a un amigo mío, monseñor Vargas Ruiz de Somocurcio, quien clandestinamente hizo contacto con Guillén". No fue solo, lo acompañaron cuatro ministros, entre ellos los de Relaciones Exteriores y Educación, Diego García Sayán y Nicolás Lynch, respectivamente. Fueron recibidos a pedradas.
Solo después de largas y tensas negociaciones se firmó un acta. El Gobierno suspendía la privatización hasta que el Poder Judicial resolviera una demanda de Guillén.
También aceptó que los titulares de Justicia e Interior, Fernando Olivera y Fernando Rospigliosi, respectivamente, se disculparan. "Solo unos mil muertos de hambre se oponen a las privatizaciones en Arequipa", dijo el segundo, quien a diferencia de Olivera renunció. "Tuvimos que dar un paso atrás, se pudo venir abajo el gobierno", continúa Diez Canseco. Después lamentó haber aceptado la cláusula de las disculpas.
A COCACHOS APRENDÍ
Según Diez Canseco, Toledo recibió informes de inteligencia equivocados y por eso minimizó el reclamo. ¿Acaso no lo supo desde la campaña? "Faltó comunicación directa (con los dirigentes), estaban muy mal informados, los antecedentes (de privatización) les hicieron desconfiar (...) uno no puede imponer (...) no hay que llegar al final de la línea, hay que ir antes". Sobre Moquegua, Diez Canseco opina que debió incluirse en la negociación a Tacna, también beneficiaria del canon. Alerta que de nada sirve dar recursos a las regiones sin capacitación en proyectos de inversión. "Ese también fue un error de Toledo".
Para Rospigliosi el grave error, tanto en Arequipa como en Moquegua, es "la falta de operadores políticos locales" que expliquen in situ las decisiones del Gobierno. "Es un terreno vacío para el que quiere violencia. En Arequipa ningún defensor de la privatización por parte del Gobierno dijo algo. En Moquegua lo mismo". Tiene claro que el tema de fondo no es policial ni represivo. "Eso viene al final. Es político, y en ambos casos hubo deficiencia. No existen los partidos políticos. Perú Posible no lo es. Todos dicen que el Apra está organizada, pero no tenía presencia en Moquegua".
Nuestro corresponsal en Moquegua contó que efectivamente la legisladora del Apra por Moquegua Hilda Guevara no ayudó a canalizar el reclamo en un principio. Recién estuvo sentada en la negociación en Lima.
HAY RIQUEZA, PERO...
"Era una privatización absurda que tenía por eje vender el activo. Hay muchas formas de lograr la participación del capital privado, pero la más absurda es vender un activo en el que el pueblo arequipeño había invertido mucho", cuestiona Lynch.
Considera que lo mismo sucede en Moquegua, donde "se están disputando las migajas del negocio minero que está dando utilidades muy grandes, pero a un pequeño grupo de empresas, nuevamente". Para él esto va más allá de los errores de cálculo entre Tacna y Moquegua (en el reparto del canon), que se pueden corregir.
Sobre la interpretación del presidente Alan García, de que el reciente conflicto en el sur era un asunto de riqueza, Lynch reconoce que esta existe, pero insiste en que "si uno es pobre y ve todos los días pasar camiones con oro que se van al extranjero, un día dirá 'un momentito'". Punto seguido dice que ya es hora de hablar de sobreganancias mineras.
El hoy presidente regional de Arequipa, Juan Manuel Guillén, lamenta que las autoridades del Ejecutivo le resten importancia a los reclamos del interior, porque no perciben que eso afecta psicológicamente a la población, que al sentirse ignorada alimenta un sentimiento de encono.
¿Qué aprendió del 'arequipazo'? "Hay que mantener siempre una actitud abierta al diálogo y buscar soluciones concertadas. Esto no debe darse con muertos encima. Felizmente no pasó eso en Moquegua". Asegura que hoy Egasa es una empresa muy rentable, "tanto como si hubiera sido privatizada".
Guillén aprovecha la oportunidad para recordar al Gobierno Central que hasta el momento no le han transferido un centavo de las utilidades del canon para este año. "La burocracia en el Estado sigue siendo terrible; esa es la contradicción".