LA SEMANA QUE PASÓ
Por Pedro Ortiz Bisso
Esta película la hemos visto doscientas veces. Parece uno de esos capítulos del Chavo del Ocho, que el espectador recita de memoria, porque se repiten una y otra vez.
La secuencia es la misma: la selección de fútbol es eliminada con una goleada humillante, la hinchada dirige sus insultos sobre el entrenador y los jugadores; las páginas de los diarios se incendian de epítetos, aparecen intrincados diagnósticos, se clama por cambiar las estructuras, por olvidar a los "jugadores mercenarios y antipatriotas"; por ahí un dirigente tiene un arrebato de dignidad y renuncia... mientras tanto, el principal responsable se refugia en el silencio.
Manuel Burga reapareció públicamente el viernes último. Lo hizo antes de la reunión de la Comisión Sudáfrica 2010, en la que Juvenal Silva y Lánder Alemán oficializaron su renuncia. Sus aliados, los dos representantes de las federaciones departamentales, solo pusieron sus cargos a disposición; el otro, José Mallqui, ni siquiera se apareció por la Videna. El presidente de la Federación Peruana de Fútbol no declaró a la prensa.
Burga no es un tonto como dicen sus enemigos: es un buen estratega. Sus actos son, ante todo, políticos. Por eso es capaz de aliarse con personajes cuestionados como Mallqui --castigado por un intento de soborno cuando Burga era vicepresidente de Nicolás Delfino-- para mantenerse atornillado en su sillón. No le importa dictar amnistías abusivas, como la que favoreció al Sport Áncash el año pasado, o que el 96% de los limeños (ver encuesta de la página A9) quiera verlo lejos de la Videna. Lo suyo es ajedrez puro. Mientras medio país lo insulta, él calla, mira fijamente el tablero y medita su próxima jugada.
Su silencio del último viernes apunta a ganar tiempo. Dirá que no lo pueden sacar porque la FIFA lo respalda, que hay que tener cuidado con la desafiliación. Y ante cualquier pedido de reestructuración, antepondrá la necesidad de cambiar los estatutos de la federación, de convocar a una asamblea de bases, que dirá no puede hacerse en dos días, sino en semanas. Y como ya llega julio y las Fiestas Patrias, en agosto ya no se podrá hacer nada, porque los siguientes partidos de la eliminatoria estarán a la vuelta de la esquina (en setiembre se jugará ante Venezuela y Argentina) y la selección no puede interrumpir su trabajo, porque aún faltan disputar 36 puntos y matemáticamente podemos clasificar.
De nada sirven los insultos. La estrategia para enfrentar al 'pasapiolismo' de Burga debe ser otra. Hay que enfrentarlo con inteligencia pero, eso sí, sin dejar de recordarle que un puesto, cualquiera que sea, no puede ser más importante que la dignidad.