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Quién se cruza en el camino de quién

Por: Juan Paredes Castro |

Algunas cumbres del poder en el Perú se han vuelto o pueden volverse borrascosas, a causa de los irresueltos caminos cruzados de quienes las administran.

La más borrascosa de todas es sin duda la cumbre del manejo de nuestro fútbol profesional, respecto del cual no hay soberanía peruana que valga ni Gobierno capaz de hacer sentir su rúbrica en el IPD ni Congreso dispuesto a liberar al deporte nacional de sus peores indignidades jurídicas.

La ley internacional, representada por la FIFA y encarnada en la Federación Peruana de Fútbol y en el señor Manuel Burga, ha empedrado de impotencia, impunidad y miseria moral los caminos cruzados y explosivos de este fuero privado con los del Estado.

No abundo más en este tema porque hay en estas mismas páginas un analista más autorizado para hacerlo: Pedro Ortiz.

Sigo con la otra cumbre borrascosa, ligada al poder político, en la que los caminos cruzados del Ministerio del Interior y de la Policía Nacional, perteneciendo al mismo sector, generan efectos nocivos y contraproducentes para ambas instituciones.

Claro que hay una subordinación natural de la PNP al Ministerio del Interior. Pero cuando el ministro Luis Alva Castro quiere ser el director de la policía y un general como Alberto Jordán, a cargo de la reciente crisis de Moquegua, no sabe a quién reportar, porque un coronel, por debajo de él, empieza a recibir órdenes desde muy arriba del propio ministro, algo demasiado grave ocurre en la estructura de seguridad interna del país.

Tiene que haber dos líneas de responsabilidad muy separadas, entre la PNP e Interior, de modo que por quítame estas pajas de la policía Alva Castro no tenga que rendir cuentas al Congreso antes que lo haya hecho el director de la PNP, de la misma manera que el ministro tampoco debe salir a ganarse indulgencias con avemarías ajenas antes que el general Octavio Salazar lo haya hecho, cada vez que la policía tiene el mérito de exhibir una actuación sobresaliente.

El Ministerio del Interior no tiene pues que estar permanentemente confundido con la PNP y esta con aquel. Se hacen daño mutuamente, unas veces por el figuretismo político del ministro del Interior y otras por las distorsiones de la fiscalización parlamentaria que prefiere apuntar a un ministro que a un director de la policía. Lo cierto es que hay que aprender en el país a reconocer responsabilidades por cuerdas separadas, sin menoscabo, por supuesto, de aquellas políticas que así lo merecen.

Finalmente, cuando más se destraben los caminos cruzados del presidente como jefe de Estado y del primer ministro como gobierno del día a día, todo irá mejor. ¡Tengámoslo por seguro!

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