Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook

CHOQUEQUIRAO. Bastión de piedra en la cordillera de Vilcabamba

Una joya inca cerca del cielo

ESCONDIDA EN LO ALTO DE UNA ESCARPADA MONTAÑA SE ENCUENTRA ESTA CIUDADELA INCA. LLEGAR ES TODO UN DESAFÍO, PERO TAMBIÉN UNA AVENTURA INOLVIDABLE QUE VALE LA PENA SEGUIR. LA RUTA DEPARA ESPECTACULARES PAISAJES

Por Mario Mejía

Visitar Choquequirao no es empresa fácil, pero vale la pena acometer ese desafiante reto. A dicho complejo inca, escondido en la cordillera de Vilcabamba, solo se puede llegar a pie. Toma dos días de dura caminata en la que se debe subir, descender y volver a trepar empinados macizos. El cuerpo queda molido, pero el premio son los impresionantes y bellos paisajes con los que nos cruzamos en el camino y, obviamente, la maravillosa construcción de piedra levantada caprichosamente en la cima de una verde montaña rodeada de precipicios.

Visitada por los viajeros franceses Eugene de Sartiges en 1834 y Leonce Angrad en 1847, y por el estadounidense Hiram Bingham en 1909, antes de que descubriera Machu Picchu, esta ciudadela edificada en los últimos años del imperio incaico fue posiblemente un asentamiento político y administrativo que luego sirvió de bastión y refugio durante la resistencia de Manco Inca contra los conquistadores.

Hoy se puede apreciar apenas un 30 % de sus edificaciones, el resto ha sido tragado por la vegetación. Dicen que cuando terminen los trabajos de rehabilitación y limpieza, que desde 1992 lleva adelante el Plan Copesco, este complejo será más grande que Machu Picchu. Últimamente se han descubierto 23 pinturas rupestres trazadas sobre la pared vertical de un afloramiento rocoso.

Choquequirao, que en quechua significa cuna de oro, está ubicado en el Cusco, pero su acceso es por el departamento de Apurímac. Si partimos de Lima, se debe viajar hasta Abancay (17 horas en bus) y de allí tomar un colectivo hasta el poblado de Cachora (a una hora y media). Desde este pintoresco pueblito se inicia el trekking. Allí, cerca de la plaza de armas, alquilan mulas para cargar el equipaje y las provisiones. También se debe contratar el servicio de un arriero que servirá de guía. Si no está en buen estado físico, le aconsejamos que alquile un caballo para montar. Asimismo, salen viajes desde el Cusco, pero igual, la caminata empieza en Cachora, un pueblito de agricultores que ha empezado a crecer con la afluencia de turistas, principalmente extranjeros.

La primera jornada toma unas cinco horas. Durante esta quedará extasiado con las vistas del nevado Salkantay, apu tutelar del Cusco, y del profundo cañón que forma el río Apurímac. Tras cruzar el abra Capulilloc (a 3.010 m.s.n.m.) se inicia un interminable descenso por zigzagueantes senderos al filo de abismos. Esa noche se acampa en Chiquisca, donde el cansancio será reconfortado con un cielo hacinado de estrellas.

A las seis de la mañana se inicia la segunda jornada que será más agobiante. Durante una hora se baja hasta llegar al río Apurímac, que está a unos 1.300 m.s.n.m. Tras cruzar sus turbulentas aguas, que desde las alturas se ven color esmeralda, empieza una vertical subida de tres horas hasta el caserío de Marampata, desde donde solo nos resta un par de horas y un camino menos hostil para llegar por fin a nuestra meta.

La ciudadela se encuentra a 3.050 m.s.n.m. en la zona de ceja de selva. Sobresalen imponentes andenes, residencias, una plaza, escalinatas, canales y el templo principal. La arquitectura nos hace recordar Machu Picchu, pero el acabado es menos fino. Aunque el acceso es difícil y peligroso, no puede quedarse sin visitar la andenería conocida como Llamas del Sol, descubierta en el 2004. Los muros están adornados con figuras de llamas blancas, algo nunca visto en otras construcciones incas. Abajo serpentea el Apurímac y al frente se distinguen varios nevados como celosos guardianes. Si tiene suerte, podrá observar los cóndores que suelen volar en esta zona. Nosotros no la tuvimos, en nuestro camino solo se nos cruzó un zorro y una pequeña víbora.

Es la hora de regresar. Esa noche, más cansados que nunca, pernoctamos en Marampata, luego seguirían otros dos días de caminata hasta Cachora. El recorrido (64 kilómetros entre ida y vuelta) atraviesa diversos ecosistemas, desde la puna hasta la ceja de selva, pasando por el bosque ribereño. Este destino recién empieza a popularizarse y hace sentirse a los visitantes en escenas parecidas a las de Indiana Jones. Si usted es de espíritu aventurero, esta es una experiencia que no se puede perder.

PREPARE SU CAMINATA
La mejor temporada para visitar Choquequirao es entre mayo y noviembre, pues en esos meses no llueve ni hace frío, en el día más bien hace calor.

Se debe llevar un buen equipo de campamento: carpa, bolsa de dormir, linterna, cocinita portátil y zapatillas de trekking. También mucha agua e hidratantes, bloqueador, repelentes de mosquitos y alimentos para cuatro días. En Cachora el alquiler de mulas es de S/.20 por día, y el servicio del arriero igual. La entrada al complejo es S/.36 para adultos y S/.18 para estudiantes. Desde el Cusco los viajes a Choquequirao cuestan entre 200 y 300 dólares por persona.

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook