Por Jorge Salmón Jordán. Publicista
Hace aproximadamente veinticinco años la Policía Nacional me solicitó la concepción de una campaña para divulgar los valores de la institución, la misma que tuvo particular relevancia.
"Vida que cuida tu vida" era la frase que enmarcaba el espíritu de la entidad que protege a la comunidad.
Ahora, dado lo ocurrido con los supuestos Malditos de Larcomar, se ha logrado que este idílico eslogan se convierta en ironía ambulante que circula por calles y plazas a través de las lunas posteriores de las unidades móviles de la policía.
Ciertamente, la policía esta vez no hizo honor a la candorosa frase. Peor aun, quedó claro, luego del hecho bochornoso, que algunos de sus miembros no cuidan vida alguna, sino más bien la ponen en grave riesgo, ya que impúdicamente las personas vejadas no solo no eran malditos, sino que resultaron ser simple y llanamente correctos ciudadanos inocentes.
En buena cuenta, los cuatro ciudadanos que fueron a Larcomar a una convocatoria ciclística eran gente honorable sin prontuario alguno y, aparentemente por ciertos signos raciales, fueron detenidos, golpeados y finalmente exhibidos como delincuentes.
Gente amiga y solidaria de quienes recibieron este ultraje se movilizó y demostró no solo la arbitraria e injusta detención, sino que desenmascaró la terrible infamia. Los objetos señalados como prueba del robo habían sido legalmente adquiridos y las facturas presentadas así lo demostraban.
Según algunas declaraciones de los afectados, ahí no quedó la cosa. Como resultaba difícil desdecirse de este gravísimo hecho, los supuestos delincuentes fueron víctimas de otra felonía. Aparecieron misteriosamente en sus billeteras comprometedores ketes de droga, con lo cual se podía, eventualmente, justificar su insólita detención. De comprobarse que esto es cierto, sería una artimaña digna, eso sí, de maleantes de la peor calaña.
El caso que nos ha removido a todos obliga a una reflexión: es imperativo que la Policía Nacional realice una adecuada selección de su personal y les inculque valores que permitan a la ciudadanía volver a creer en ella.
Si no es así, qué reacción tendrá usted mañana si un policía se le acerca y le dice: ¿Me permite sus papeles?