Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook
CRÓNICA. EL JARDINERO ESTRANGULADO

Dos asesinos siembran un crimen

Anabell Jacome López y Erick Rosales López son primos y el 30 de enero mataron a Ricardo Ccama, un trabajador del Club Waikiki. El móvil fue una deuda que ella no le quiso pagar

Por Alberto Villar Campos

Tendido sobre la arena de la playa San Pedro, en Lurín, el cadáver de Ricardo Julio Ccama Pantoja (46) no exhibía las densas huellas de sangre o acaso los golpes propios de un calculado e inmisericorde ajuste de cuentas. El mensaje que los encargados de limpieza de aquel balneario hallaron bajo el puesto de comidas N° 14 fue apenas un hombre vestido y con los ojos cerrados. Aunque entonces resultaba difícil identificarlo, la dueña de uno de los negocios de la zona recordó haber oído un vehículo desplazarse velozmente por el lugar la noche anterior. Eso le contaría a la policía pocos días después de aquel 31 de enero del 2008, fecha en la que lo hallaron.

La necropsia, practicada horas después del descubrimiento, permitió esclarecer el primer hecho en un caso que tardaría casi cinco meses en ser resuelto: a Ccama lo habían estrangulado entre las 9 de la noche del miércoles 30 de enero y los primeros minutos del día siguiente. La pregunta era quién había sido capaz de ello.

DOS TESTIGOS, UNA MUJER
Ccama había sido jardinero desde hacía más de diez años del Club Waikiki, en Miraflores, donde había forjado una imagen de hombre bondadoso y en extremo servicial.

¿Quién podía haber matado a un hombre así?, se preguntaban sus compañeros de trabajo. Y serían precisamente dos de ellos quienes darían las primeras pistas sobre su muerte. El primero que habló fue aquel con quien Ccama salió de trabajar el 30 de enero, día del crimen. "Él (Ccama) recibió una llamada a su celular y me contó que era una flaca con quien se iba a encontrar ese día", dijo el testigo a la policía. Otro trabajador del Club Waikiki recordó, además, que semanas antes del hecho vio al jardinero hablando por el celular, le preguntaba a una mujer por lo que al parecer era una deuda impaga. "Gordita, no te olvides de mi cuentita, ¿para cuándo, pues?", refirió a los agentes de la Dirincri.

Ambos tenían razón: El 30 de enero el jardinero tenía planeado encontrarse con una mujer que habría de convertirse ese día en su última y peor pesadilla.

PELIGROSAS AMISTADES
Ccama conoció a Gabriela Becerra Ayala (32) en 1993, mientras estudiaban informática en un instituto. Ambos no volverían a verse sino hasta varios años después, cuando ella administraba el negocio de fotocopias de su familia, ubicado en la tercera cuadra de Benavides, en Miraflores.

Becerra, por entonces, compartía un departamento a pocas cuadras de aquel comercio con Anabell Teresa Jacome López (28), con quien estudiaba administración de empresas en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC). En el 2002 --según la confesión que dio a la policía tras su captura--, Anabell, a través de ella, conoció al jardinero.

"Siempre dio una imagen de chica buena --dice Nelly, madre de Gabriela; se refiere a Anabell--, pero era todo lo contrario. Ella estafó a varias personas cercanas al negocio e incluso a una de mis trabajadoras. Les pedía prestado dinero, pero nunca les pagaba".

Nelly refiere además que, desde hacía tres años Ccama tenía prohibido visitar a su hija, a quien había intentado enamorar, sin suerte, durante un buen tiempo.

Aunque prefiere ya no declarar sobre el caso, J.B., la conviviente de Ccama, dijo a la policía ignorar qué tipo de relaciones tuvo este con Becerra y Anabell. No obstante, un manuscrito hallado en la habitación de la casa donde vivían, en San Juan de Miraflores, sería crucial para esclarecer el crimen. En él, Ccama había escrito el nombre de Anabell y una cifra misteriosa: 11 mil dólares.

Las pesquisas policiales determinaron que ese dinero había sido depositado en una cuenta por la madre y una de las hermanas del fallecido y era administrado por este, según decisión de ambas. Sin embargo, ninguna entendía por qué Ccama, sin informarles, lo había retirado del banco, meses atrás.

EL ESTRANGULADOR
Anabell no fue la ejecutora del crimen del jardinero. El 30 de enero, Erick Ricardo Rosales López (22), su primo, la acompañó al encuentro que tuvo con Ccama. Esto ocurrió en un parque de San Borja, el distrito donde Rosales, un estudiante de informática inflado por el gimnasio, vive desde hace buen tiempo.

Según la confesión que Anabell dio tras su captura, ocurrida la noche del 16 de junio, el crimen se desató porque el jardinero la abofeteó al interior del auto --de propiedad de Gabriela Becerra, ahora implicada en el caso-- y en presencia de su primo.

La mujer dijo que Rosales, quien se encontraba en el asiento detrás del copiloto (donde iba Ccama), rodeó con sus brazos, casi instantáneamente, el cuello del jardinero. "Lo hice aproximadamente durante un minuto; no medí el tiempo, tampoco mis fuerzas", reveló el homicida.

Tras ello --agregaron ambos en sus confesiones--, Anabell Jacome manejó sin rumbo unas horas hasta que, finalmente, decidieron arrojar el cuerpo en el balneario de San Pedro, en Lurín. Antes de partir de aquel lugar, y con el único objetivo de entorpecer la investigación, a la víctima le fueron arrebatadas todas sus prendas de valor.

El crimen que habían cometido, sin embargo, llevaba consigo huellas regadas por todas partes. El registro de las llamadas telefónicas de sus celulares permitió establecer, por ejemplo, que los primos se habían comunicado varias veces el 30 de enero, lo que hablaría --según la policía-- de un crimen planificado. "Pero uno ejecutado por asesinos sin experiencia", sostiene el oficial de la Dirincri, encargado del caso.

Aunque Anabell Jacome López negó hasta el final que Ccama le prestó 11 mil dólares, para la policía el móvil del crimen fue exactamente ese: una deuda que ella no tenía pensado pagar jamás. Ricardo Ccama Pantoja parece haberse llevado, así, el misterio de su muerte a la tumba.

SEPA MÁS
4La hermana del occiso, residente en Argentina y dueña de los 11 mil dólares que este sacó del banco, le indicó días antes del crimen que volvería a Lima.
4Para los agentes policiales esta habría sido la razón por la cual Ricardo Ccama Pantoja buscaba que Anabell le devolviera el dinero que le había prestado.
4Según el Código Penal peruano, el homicidio calificado o asesinato, que se da cuando una persona mata a otra por lucro o placer, con gran crueldad o alevosía, es reprimido con una pena privativa de libertad no menor de 15 años.

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook