Por Enrique Planas
Golpes de comba, paredes derribadas, tabiquerías que caen y se convierten en astillas. Oficinas que ya no existen. Butacas extraídas de cuajo. En estos tiempos en el Museo de Arte de Lima solo se impone el silencio a la una de la tarde, cuando los obreros se repliegan en su religiosa hora del almuerzo. Iniciada la radical reforma de la primera planta del Mali con los fondos del plan Copesco del Mincetur, la vida cotidiana de la institución ha cambiado de forma traumática. Ha debido readecuarse toda la programación de exposiciones temporales, mudar sus oficinas, trasladar partes de la colección a depósitos externos. La misma directora del museo, Natalia Majluf, no puede mantenerse en equilibrio durante esta entrevista, sentada en la silla semicoja que ha encontrado entre una pila de objetos obsoletos que pronto desaparecerán.
Pero son incomodidades pasajeras que hacen vislumbrar una impresionante renovación del palacete del Parque de la Exposición. Es un proceso complejo y radical, que abarca toda la primera planta del museo, salvo la sala de exposiciones temporales, renovada en 1998. Serán cinco mil metros cuadrados a renovarse íntegramente. Majluf y el resto de su equipo han debido mudarse a una hacinada oficina en el segundo piso. "Seguimos trabajando duro porque, además de la obra, tenemos todo un trabajo que hacer pensando en la reapertura", señala. Es decir, además de las futuras exposiciones temporales, planes para la nueva cafetería, la tienda, la biblioteca, los talleres y el auditorio, que promete una programación mucho más dinámica. "No solo seguimos trabajando, sino que lo hacemos al doble de lo normal", explica.
Este plan de remodelación era algo que venían desarrollando desde hace muchos años...
Así es. El problema es que es un trabajo que parece un dominó: si tú tocas un espacio, tienes que generar otro para la función que estás eliminando temporalmente. Es muy difícil emprender un trabajo de remodelación en la primera planta si no se hace todo de golpe. El problema de siempre fue el financiamiento. No hay muchas fuentes de dinero para emprender obras como esta. Por eso ha sido providencial el apoyo del Mincetur y, específicamente, de la ministra Mercedes Aráoz a través del Plan Copesco Nacional. El apoyo que nos han dado para esta inversión permitirá que el museo emprenda esta renovación. El museo ha sido muy afortunado de contar con donaciones de la empresa privada y de personas individuales a lo largo de medio siglo, pero obviamente eso tiene limitaciones. Es muy difícil por esa vía reunir un fondo como el que se requiere para esta obra...
¿Cómo se consiguió que el Estado se asociara con el Museo de Arte?
Te diré que nos tomó por sorpresa, pues no ha habido tradicionalmente muchos canales para generar un trabajo conjunto entre el Estado y la sociedad civil. Emprendimientos como el nuestro han surgido para llenar los vacíos del Estado, y siempre se ha trabajado al margen de este. Hay que aplaudir esta iniciativa, porque te abre las puertas a que la sociedad civil y el Estado puedan trabajar de manera concertada. Nosotros nos acercarnos al Mincetur con la esperanza de que el apoyo de la Fundación Interamericana de Cultura y Desarrollo del BID para la renovación de la segunda planta pudiera completarse. No queríamos tener unas salas de colección maravillosas sobre unos servicios públicos y una zona de acogida para los visitantes que no están a la altura de lo que el museo hace y quiere hacer.
El apoyo del Gobierno también pone al museo en el mapa de los destinos turísticos limeños...
Lima es un destino interesante en sí misma, y no solo un lugar de paso para el turista. La inversión de Copesco tiene que ver con una estrategia para buscar maneras de extender el tiempo de los turistas en la capital. Creando más cosas para hacer. Por otro lado, Lima tiene entre sus atractivos las principales colecciones de arte. El giro que está dando el Mincetur es muy positivo. Esperemos que sea el primer paso para emprender la renovación de los demás museos de Lima.
¿Las obras del segundo piso se realizarán de forma paralela?
Estamos trabajando en dos etapas. Todo el tiempo que el museo está cerrado representa un costo muy grande para nosotros, además del hecho evidente de que queremos abrir al público lo antes posible. El plan es mantenerlo cerrado hasta concluir con la primera planta y, reabierta esta, terminar el segundo piso. En nuestro esquema, proyectamos terminar la primera remodelación hacia fines de este año y emprender la del segundo piso a inicios del próximo, para tenerla lista a fines del 2009 .
¿Ambas renovaciones plantean retos distintos?
Muy distintos. La primera planta coge la mayor parte de los servicios y las funciones públicas del museo, mientras que la segunda ha quedado reservada para presentar la colección permanente. Al emprender la renovación de la segunda plata también estamos haciendo una revisión y reforzamiento de las estructuras del edificio. Para mediados del próximo año anunciaremos nuestro proyecto para una segunda etapa de expansión para el museo. El trabajo no termina aquí.
¿Están pensando en un nuevo museo en otro lugar de Lima?
No. Estamos pensando en una ampliación fuera del edificio, pero recién está en estudio.
EL CASO MAC
Este es un país de contrastes. Mientras uno puede mirar con optimismo cómo crece el MALI, vemos el proyecto del Museo de Arte Contemporáneo enfrentado con una municipalidad, recorriendo el camino inverso...
Es una pena porque allí hay una falta absoluta de visión de la Municipalidad de Barranco. Hoy hay ejemplos para regalar de cómo un museo ha tenido un enorme impacto en el desarrollo económico de una ciudad. La pregunta es por qué los peruanos no lo vemos. Para el MALI es materia de grave preocupación que pueda existir una autoridad política como la que está en Barranco con una posición tan retrógrada. Estamos convencidos de que en la medida en que Lima tenga más y mejores museos no solo se beneficiará la ciudad, sino que también todo su ambiente cultural se va a potenciar. Pocos países de América Latina tienen el patrimonio con el que cuenta el Perú. Y es importante señalar que no es solo la inversión en fierro para construirlos. Una parte importante pasa por la investigación, la educación, las investigaciones, la constitución de colecciones, que es un esfuerzo que en el museo estamos haciendo para enriquecerlas.
DE CRÍTICAS Y COLECCIONES
A propósito de colecciones, el MALI asistió recientemente a la feria de ArteBA en Argentina con el interés de adquirir obra para su colección. Se ha cuestionado que se haya comprado obra de peruanos en una feria internacional. ¿Por qué comprar una obra de José Carlos Martinat en Buenos Aires si puede encontrarse en Lima?
Me parece una crítica que no está del todo informada. Lo que está pasando con el arte peruano, algo de lo que pocos tienen conciencia, es que ha ido generando un enorme interés internacional en los últimos años. José Carlos Martinat está representado por la galería Leme de Sao Paulo, en Brasil. La pieza que nosotros adquirimos en ArteBA no estaba disponible en el Perú. Si nosotros no adquiríamos esa pieza allí, no íbamos a poder adquirir la pieza aquí. Hay que mencionar que el año pasado, la Tate Modern de Londres compró una pieza a Martinat. El valor del arte peruano se dispara, y si no actuamos con prontitud, vamos a perder la posibilidad de tener obras de ciertos artistas en la colección. También adquirimos con donaciones del Comité de Adquisiciones de Arte Contemporáneo una pieza de Juan Carlos Scaglia, un artista joven, que obtuvo el premio "En obra" de la feria y que generó mucho interés. Había seis personas en la feria interesadas por ese cuadro. Entonces era evidente que teníamos que tomar una decisión en el momento. Es un cuadro que ficcionaliza de una manera muy interesante la memoria de lo sucedido en los años 80 en el Perú, y nos pareció que era un cuadro interesante para la colección.
Pero Scaglia es un autor representado por una galería local. ¿No era más fácil comprarlo aquí?
¡En la feria no podían reservarnos el cuadro indefinidamente! Había seis compradores interesados. En el recorrido por la feria, en la escala de precios que podíamos considerar, las obras más interesantes eran de artistas peruanos. La oferta que hay en una feria es limitada. Uno va a buscar las oportunidades que se presentan allí, y fueron las que tomamos. Los curadores asociados al Comité de Adquisiciones de Arte Contemporáneo y yo estamos muy felices por la compra de ambas piezas. Me alegra mucho que sean artistas jóvenes.
¿Pero no cree que el gusto del museo no es demasiado cercano a los artistas representados por una sola galería local, como Revólver?
Es una galería que acaba de abrir. Tuvo un éxito rotundo en ArteBa. Somos uno de los pocos museos en el Perú que tiene una política de adquisiciones tan activa, y además un procedimiento idéntico al de la mayor parte de los grandes museos del mundo. Obviamente se pueden discutir las tendencias y los gustos de los curadores; es sano hacerlo, y no tenemos ningún temor. Habrá discrepancias, hay gente que tiene otra mirada e intereses, pero no se puede hablar del museo como un ente abstracto. Hablamos de una institución que tiene una serie de instancias y especialistas que participan en un proceso consensuado de toma de decisiones.