Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook
NARRATIVA

La dorada furia

EL ARTE DE TRANSFORMARLO TODO

Por Rossella Di Paolo

Los trazos del león que chisporrotea en la carátula amarilla salieron de la mano de Silvina Ocampo (1903-1993) junto con los treinta y cuatro cuentos que ese mismo león custodia, sea en piedra, aldaba de bronce, o fuego, porque en La furia todo muda o enreda sus contornos, camino a otra cosa.

Es la quinta vez que se edita este sorprendente libro que apareció en 1959 en la célebre Editorial Sur. Y como todo lo que rodea a Silvina Ocampo es tan célebre (fue la hermana menor de Victoria, fue la esposa de Adolfo Bioy Casares, editó junto con él y con Borges la Antología de la literatura fantástica). su propia celebridad se ha dado por descontada. Tanto, que por un pelo no se traspapela a la silenciosa y elusiva Silvina entre las cosas, las casas y los coetáneos de Sur. No en Buenos Aires, es claro, donde vivió ampliamente reconocida y traducida a muchas lenguas. No está de más recordar que durante su juventud, en Europa, ella estudió dibujo y pintura con De Chirico y Léger; que publicó celebrados libros de cuentos y de poemas, e incluso una fantástica novela policial (la primera escrita en Argentina), Los que aman, odian (1946), en dúo con Bioy.

Los cuentos de La furia parecen decirnos que toda identidad es móvil y fluida, que nada es lo que es por mucho tiempo: una liebre y los perros que corren tras ella, por ejemplo, describen un círculo que hace imposible determinar quién es el cazador, quién la presa. ("La liebre dorada"). Así mismo, no deberíamos estar tan seguros de que la salud es un bien deseable y la enfermedad una desgracia ("El mal"), ni que los sueños se pudran con el asesinado y no le salpiquen al asesino ("La última tarde"). Entre estas páginas, por qué extrañarnos de que en los cumpleaños felices los fósforos sirvan para prender velas y madres de familia, y que Caperucita Roja asuste más que el lobo ("Una voz en el teléfono").

En tan furioso carnaval de niños malévolos, de vestidos criminales, de hermanos intercambiables, de perros disecados, de dictadores que graban los gritos de los torturados, de casas que devoran gentes, de niñas sordomudas columpiándose. todo se muestra insidiosamente incongruente (. en lugar de floreros, peces rojos que nadaban en sus peceras. "La propiedad"). Por efecto de una atmósfera enrarecida, delicadamente malvada, o malvadamente cortés, es posible -¿es posible?- plancharle la joroba a un jorobado ("La casa de los relojes"), o asesinar amorosamente a una pequeña convaleciente ("Las fotografías").

Con frecuencia, las voces de los distintos narradores, o las de los personajes, se sitúan en la inocencia o la imbecilidad, y esa distancia les otorga a sus historias crueles un sesgo escalofriante, como ocurre con el magnífico relato que da título al conjunto. Nos hallamos ante una prosa dúctil que carga sus tintas en la poesía más feroz, de ahí que la sensación sea que muestra esto y aquello a la vez, como si las palabras, o los objetos que ellas definen (o dejan ir), fuesen transparentes, o como si no estuviesen fijadas en un significado o color preciso, o vacilaran a medida que avanzan, siempre bordeando el silencio, y sin embargo levantando una atmósfera tan singular y poderosa como la melodía que se describe en "La creación": El alba penetraba en los cuartos. En los patios húmedos se evaporaban las baldosas. Nunca Buenos Aires había estado tan limpio. Ya no se oían los fonógrafos, sino el silbido de un hombre solitario, que estaba en la azotea de una casa. El hombre no tenía oído o no recordaba la melodía; y se equivocaba en el ritmo, abreviando o prolongando angustiosamente las notas más importantes [.] Pensé que en esos balbuceos musicales se advertía la belleza de la obra.

Fascinante personalidad la de esta escritora que trabajó su estilo de pluma o pincel, su aire de "ala aleve", en el mismo tiempo, bajo el mismo techo incluso, de quienes escribían sus frases como cincelándolas en arduo mármol, con vigilados respiros.

El volumen incluye Notas al texto, con curiosas anécdotas, entrevistas y precisiones editoriales de cada uno de los cuentos.

REEDICIÓN
Rayuela. Julio Cortázar
Remozada edición de un verdadero hito de la narrativa latinoamericana. Esta novela supuso una estocada al realismo convencional, proponiéndonos, incluso, un profundo cambio en la metodología de lectura del texto, pues Cortázar, con su infinito ánimo experimental, establecía una analogía con la música serial, uno de los temas que precisamente había analizado Eco en Obra abierta. De París ("Del lado de allá") a Buenos Aires ("Del lado de aquí"), los encuentros entre Oliveira y la Maga en París, producto muchas veces del azar, y los de Traveler y Talita, en Buenos Aires, son dos de los ejes que sostienen la novela ("¿Encontraría a la Maga?" es la azarosa frase inicial del libro); del mismo modo, azarosa es su lectura, que puede ejecutarse siguiendo la célebre tabla ideada por Cortázar, estableciendo uno su propio orden o apelar simplemente a la linealidad. Ese contexto lúdico y de juego es fundamental para ingresar a una novela que lejos de haber envejecido, sigue siendo un referente importante en nuestra tradición. El misterio no termina con la lectura, porque varias preguntas quedarán flotando en el aire: ¿Se trata de una o dos novelas?, ¿estamos leyendo el proyecto de Morelli, uno de los enigmáticos personajes que pueblan este universo o un libro de Cortázar? Cada quien tiene su palabra. Avanti.

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook