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MUNDO

Francia asume el timón de la Unión Europea

Al frente por seis meses

Por Erik Struyf Palacios. Corresponsal

BRUSELAS. Nicolas Sarkozy sigue de malas. En el plano interno la imagen del presidente francés, llegado al Elíseo hace apenas un año y semanas con un respaldo popular envidiable, continúa desmoronándose por su impopular afán de reformar los regímenes de pensiones y la semana laboral de 35 horas. A partir de hoy 1 de julio, en calidad de presidente de turno de la Unión Europea (UE) por seis meses, Sarkozy habría tenido una oportunidad de oro para librarse del fango del descrédito puliendo su imagen internacional conforme a un guion preparado y ensayado con minuciosidad. Pero el No irlandés del 12 de junio le ha aguado los planes y todo parece indicar que el sucesor de Jacques Chirac se apresta a escribir la crónica de un fracaso anunciado.

Si hace dos semanas Irlanda le hubiera dicho Sí al Tratado de Lisboa, la presidencia francesa habría comandado la designación del presidente permanente de la UE y del ministro de Relaciones Exteriores (un alto representante reforzado), los dos nuevos puestos que este tratado reformador creaba con el fin de que el bloque adquiriera más presencia en la escena internacional. Para Sarkozy, con las riendas de la UE en las manos, esta habría sido una ocasión inmejorable para pesar de modo más contundente en los delicados equilibrios políticos sobre los que se asienta la Unión Europea.

Servido el No e innegable como una catedral, es bastante probable que la mayor parte de la energía de la presidencia francesa se desgaste en tratar de sacar a la UE de una nueva crisis institucional. La tarea es complicada. Para que el tratado entre en vigor debe ser ratificado por los 27 estados miembros. Basta que uno se niegue a hacerlo para que el documento termine en la papelera. Por eso la primera reacción de varios líderes proeuropeístas (deseosos de una unión más política y con más poderes) fue de indignación: ¿Cómo un pequeño país, con apenas 3 millones de votantes, osa decidir la suerte de más de 400 millones de europeos?, se preguntaron ofendidos y entre bambalinas, y unos más descaradamente que otros exigieron que los 'ingratos' irlandeses vuelvan a las urnas cuanto antes.

¿Pero cómo justificar esta exigencia? ¿Cómo se atreven los adalides de la democracia a cuestionar la decisión libre y soberana de un pueblo convocado a un referéndum? La cumbre europea del 19 y 20 de junio sirvió para calmar a los más impulsivos. Se decidió conceder tiempo a los irlandeses y se comenzó a barajar posibles exenciones para ellos que, añadidas al tratado, justifiquen volver a someterlo a consulta popular. Relegar a Irlanda y condenarla al aislamiento como castigo a su rebeldía habría sido nefasto en una UE que ya es vista por muchos ciudadanos como poco democrática y poco transparente.

En la cita de Bruselas, sin embargo, Sarkozy dejó claro que el Tratado de Lisboa debe ratificarse, y pronto, si la UE quiere seguir ampliándose. Fue una clara advertencia a países del este, como República Checa y Polonia, que están muy entusiastas con la adhesión futura de los países de los Balcanes, pero que aprovechando del No irlandés quisieran hallar la ocasión para enterrar un proyecto que no acaba de convencerlos.

CRISIS ECONÓMICA
Pero estos seis meses de presidencia francesa serán peliagudos no solo porque se trata de un período de transición, sino porque Europa entrará en una etapa de dificultades económicas de gran calado: inflación, crecimiento raquítico y un petróleo con precios exorbitantes se amontonan en el menú.

Aunque los líderes de la UE son conscientes de que necesitan cooperar entre sí para aliviar la crisis, no llegan a ponerse de acuerdo sobre cómo hacerlo. La propuesta de Sarkozy de reducir el IVA (Impuesto al Valor Añadido) que pesa sobre el petróleo ha sido recibida con frialdad por sus homólogos. La mayoría de ellos teme que esta medida solo empeore la situación al generar más demanda y más especulación. La canciller alemana, Angela Merkel, un peso pesado entre los 27, ha adelantado que no le gusta la idea y es poco probable que cambie de posición, pese a la insistencia de Francia.

Fuera de conceder ayudas muy concretas y temporales a ciertos sectores que se comprometan a reestructurarse para depender menos del petróleo, los gobiernos están prácticamente atados de manos. Al comienzo de esta semana, los representantes de la OPEP que asistieron a la reunión que celebran anualmente con la UE fueron tajantes al afirmar que el barril de petróleo se mantendrá por las nubes y que sus miembros nada podían hacer al respecto.

CHIVOS EXPIATORIOS
En el único tema en que Nicolás Sarkozy podría anotarse un logro durante los próximos seis meses es en el referente a la inmigración. Ante el susto que está originando el alza de los precios y el fantasma del estancamiento, muchos europeos no han encontrado mejor idea que ensañarse con los inmigrantes para calmar sus angustias.

En este contexto y con aliados incondicionales como el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, es probable que Sarkozy logre pasar su gran 'pacto europeo para la inmigración': un acuerdo de los 27 por el cual quedarían prohibidas las regularizaciones masivas, se potenciaría la inmigración escogida (inmigrantes calificados) y se exigiría a los recién llegados la firma de un contrato de integración para que aprendan la lengua y cultura de los países anfitriones.

'Sarkoberlusconismo': ¿La nueva derecha europea?
Para el eurodiputado francés Daniel Cohn-Bendit, Nicolas Sarkozy y Silvio Berlusconi "comparten la manera de ver la sociedad y tratan de la misma forma a los medios de comunicación". El líder emblemático de Mayo del 68 no es el único en pensarlo. Cada vez más políticos y analistas descubren más similitudes entre el francés y el 'Cavalieri', y presagian que los próximos seis meses el eje franco-italiano dará que hablar en la Unión Europea.

Políticamente, ambos se jactan de haber roto con una derecha tradicional a la que menosprecian y no les tiembla la mano ni el verbo cuando de recurrir a medidas populistas se trata. Sobre ambos pesan acusaciones de socavar la libertad de prensa, ya sea influyendo a los medios a través de los amigotes (Sarkozy) o teledirigiendo la línea editorial de sus medios (Berlusconi).

En economía, los dos gobernantes admiran el modelo estadounidense y su confianza en el mercado y la iniciativa empresarial es casi plena, salvo excepciones de 'emergencia' en las que se han atrevido a pecar de proteccionistas (léase intervenciones para salvar al gigante francés del transporte Alstom o a Alitalia).

En cuanto al estilo, ambos comparten el verbo florido para encantar a las masas y las frases directas y hasta poco diplomáticas para enfrentarse a sus rivales políticos.

El politólogo francés Pierre Musso ha detectado tantas similitudes de fondo entre los dos líderes y su forma de hacer política que ha acuñado el neologismo 'sarkoberlusconismo' y le ha dedicado un estudio al fenómeno.

Para el autor, el 'sarkoberlusconismo' es un americanismo latinizado capaz de adaptarse a realidades nacionales diferentes.

"Se trata de un nuevo modelo político euromediterráneo, de tipo bonapartista, que combina la autoridad del Estado, la reverencia al catolicismo y la referencia a la empresa", explica Musso, quien se niega a reducir el fenómeno a un dispositivo sofisticado de comunicación o una simple variante del populismo.

MÁS DATOS
Reina el escepticismo
4 De acuerdo con una encuesta publicada por el diario "Les Echos" el 24 de junio, solo el 31% de los franceses confía en que su presidente será capaz de lanzar nuevamente la construcción europea después del No de Irlanda.
4El 44% de los encuestados opina que Sarkozy sí estará a la altura para negociar diplomáticamente con sus homólogos de la UE.
4Solo un 27% piensa que la presidencia francesa favorecerá el crecimiento económico en el próximo semestre.

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