Por Mario Mejía / Óscar Castilla
El guiño cómplice que en plena audiencia lanzó el ex presidente Alberto Fujimori a Vladimiro Montesinos Torres fue sintomático y no era para menos. Después de ocho años sin verse las caras, el ex asesor volvió en su auxilio. En efecto, ayer el objetivo del ex hombre de inteligencia no solo fue mostrarse poderoso y soberbio como en los viejos tiempos, sino también limpiar a su ex jefe. "He venido para esclarecer que el señor Fujimori no tiene ninguna responsabilidad en los hechos que son materia de este proceso", declaró una y otra vez.
Y, desde luego, buscando no autoincriminarse en las acusaciones por los crímenes de Barrios Altos y La Cantuta, aclaró que no le iban a arrancar ninguna palabra "sobre los hechos que se le pretende imputar al ingeniero Fujimori y a quien habla". En efecto, en la sesión 76 del juicio que se sigue al extraditado, un altanero Montesinos habló solo de lo que quiso, lanzó ataques y acusaciones contra algunos personajes, como el fiscal Avelino Guillén (ver nota aparte), y cerca de la una de la tarde, cuando nadie se lo esperaba, anunció que a partir de este momento no iba a declarar más.
Y así, ante las miradas perplejas de todas las partes y las miles de personas que seguían la diligencia por la televisión, finalizó abruptamente su participación como testigo. El fiscal José Peláez Bardales se quedó con centenares de preguntas en el tintero, al igual que los abogados de la parte civil y César Nakazaki, el letrado de la defensa. Más tarde todos dijeron sentirse burlados. César San Martín, presidente del tribunal, reconoció que Montesinos tenía derecho al silencio, pero le mostró su disconformidad y malestar "por haber generado un factor de sorpresa y desequilibrio".
Así finalizaba una de las audiencias que más expectativa despertó en los últimos tiempos y que se creía que iba a durar por lo menos un par de semanas. Montesinos regresó en un helicóptero a la Base Naval del Callao, desde donde, en medio de grandes medidas de seguridad, había sido trasladado por vía terrestre hasta la sede de la Diroes, en Ate, a las seis de la mañana.
LLAMADA DE ATENCIÓN
Vestido con un elegante terno y corbata azul, Montesinos se mostró muy hostil, autosuficiente, impertinente y hasta burlón durante el interrogatorio del fiscal supremo Peláez Bardales. No quiso contestar muchas preguntas aduciendo que estaban vinculadas al tema de inteligencia y, por lo tanto, tenían naturaleza de confidencialidad. Y cuando se animaba a responder, se explayaba a otros temas que no venían al caso. Por eso el presidente del tribunal, César San Martín, tuvo que llamarle varias veces la atención, incluso se vio obligado a tocar la campanilla, porque Montesinos se negaba a guardar silencio.
Autocalificado de oficial de inteligencia inactivo, Montesinos reconoció que su relación con el ex presidente fue la de un subordinado, y aprovechó más de una oportunidad para elogiar a Fujimori y destacar la estrategia con la que enfrentó a la subversión.
ESPIONAJE EN ECUADOR
Aunque se negó reiteradamente a hablar de temas de inteligencia y de seguridad nacional, no tuvo ningún empacho en soltar graves infidencias, como señalar que entre 1995 y 1998 "yo mandé al coronel Rafael Córdova como agente para manejar la red de espionaje en Ecuador".
Tampoco tuvo ningún reparo en contestar con un enfático "Sí" cuando el fiscal le preguntó si por razones de Estado se podía cometer delitos. Igualmente sostuvo que él había participado en 'chuponeos' telefónicos y que eso era una práctica normal que se hacía desde el gobierno militar de Velasco Alvarado hasta ahora.
Cuando el fiscal le preguntó cómo conoció a Fujimori, y si era cierto que como abogado se ocupó de un caso de defraudación tributaria que tenía en ese entonces el candidato presidencial, no quiso hablar, pues adujo que formaba parte del secreto profesional y que no tenía la autorización de su ex cliente para divulgarlo.
En otro momento negó haber defendido al general (r) José Valdivia Dueñas en el caso de los crímenes de Cayara y dijo que era una invención y una patraña la información de que había sido expulsado del Ejército por traición a la patria.
Para Ronald Gamarra, abogado de la parte civil, Montesinos "vino para limpiar a Fujimori. Él tiene la esperanza de que en el futuro lo indulten o le den algún tipo de beneficio", sostuvo, tras señalar cierto malestar con el interrogatorio poco incisivo de la fiscalía. "Nosotros lo hubiéramos hecho de forma absolutamente distinta", añadió.
El fiscal Peláez sostiene que si bien ya no testificará Montesinos, en este proceso se usarán sus anteriores declaraciones hechas ante el Congreso, juzgados y salas, en las que él dice que recibió órdenes de Fujimori y le pide que retorne de Japón para afrontar su responsabilidad en Barrios Altos y La Cantuta.
Por su parte, el abogado Nakazaki manifestó que la actitud de Montesinos no ayuda mucho a la defensa. "La sala considerará fraudulento lo que ha dicho hoy, pues ha abusado del derecho del silencio. Ahora se usarán los testimonios que dio en otros ambientes", dijo apesadumbrado.