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PUNTO DE VISTA

Acerca de proyectos exitosos

Por Sergio Koremblit. Socio PWC

Hacia fines de la década del 70 comenzaron los primeros programas de privatización y de participación público-privada en el Reino Unido y Estados Unidos. Desde entonces, este continuo proceso ha venido tomando importancia y velocidad en el contexto de una economía cada vez más globalizada.

A partir de estos primeros programas podemos decir que 'project finance' es un término comúnmente aplicado al manejo y financiamiento de proyectos de infraestructura, los cuales, generalmente, están bajo la responsabilidad del sector público.

En la mayoría de los países latinoamericanos, la infraestructura administrada por el sector público está financiada con los ingresos generados por concepto de impuestos y financiamientos externos. El objetivo del manejo de estos proyectos es lograr el mayor beneficio para el Estado, administrando el riesgo y transfiriendo las responsabilidades administrativas y financieras del sector público al privado, bajo un esquema 'win to win'.

En el manejo de estos proyectos, a menudo los gobiernos ponen en juego su credibilidad política en el resultado de una transacción en áreas claves para el desarrollo de un país. Por su parte, el sector privado reconoce lo atractivo de participar en este tipo de proyectos y en nuevos mercados, pero es consciente del riesgo que corre su reputación si no logra formular propuestas adecuadas.

El lanzamiento de un programa ambicioso de inversión como el que pretende el Perú, coloca al Gobierno en una peculiar situación de credibilidad.

La experiencia internacional indica que la implantación de este tipo de proyectos no ha sido siempre exitosa; es más, en muchos casos terminaron en rotundos fracasos. Y es que la incorporación de la participación del sector privado en estos proyectos es una tarea ardua. La falta de una adecuada y clara estrategia del gobierno, la falta de coordinación, así como la ineficiencia, ineficacia e inexperiencia en procesos exitosos de reforma del Estado de aquellos a quienes el gobierno les ha encargado la estructuración e implantación de dichos procesos, puede derivar en resultados catastróficos para las entidades públicas y para la comunidad.

Un aspecto clave para que estos procesos sean exitosos es la necesidad de un control eficiente de los riesgos y la correspondiente administración efectiva de los mismos. Los riesgos comunes pueden ser: i) Soberanía de los países y riesgos políticos, ii) Riesgos comerciales y iii) Separación indistinta.

Los riesgos de soberanía, políticos y de separación indistinta están relacionados a los aspectos coyunturales de una economía y, generalmente, son acciones del gobierno que dañan a los proyectos. Un ejemplo de estos riesgos son la expropiación, nacionalización o tributación selectiva, riesgos cambiarios o de devaluación de moneda. Por otra parte, los riegos comerciales son aquellos riesgos operacionales, contractuales y de mercado que involucran al proyecto. Por ejemplo: el descalce de moneda, los riesgos crediticios y la fluctuación en los precios como consecuencia de los precios internacionales. En general, los riesgos comerciales no son asegurables, pero pueden ser mitigados.

Si bien la tendencia en nuestro país es realizar operaciones conjuntas entre el sector público y privado, es importante garantizar la continuidad de estos procesos. Esto genera implicancias importantes, tanto para el sector privado como para el público, ya que lo que se consigue al realizar esta unión es una ganancia conjunta para la sociedad.

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