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UN EJEMPLO DE FÁCIL APLICACIÓN

Las Galápagos y el turismo responsable

Por Mariella Balbi. Periodista

Las Galápagos, conocidas antaño como Las Encantadas, son un lugar único, excepcional y maravilloso. Además, constituyen un laboratorio vivo de lo que es la evolución de las especies, ahí se entiende bien cómo ocurrieron las cosas. De hecho, la visita de Charles Darwin a estas hermosas islas le permitió postular su acertada teoría, un hito en el pensamiento científico. A pesar de su belleza y unicidad, el ser humano agredió brutalmente el medio ambiente de las Galápagos y su historia revela tragedia y misterio. Al final, la única actividad que funcionó bien en este espacio tan impactante fue el turismo. Pero solo si es responsable y, solo también, si las empresas operadoras se comprometen a ello. Afortunadamente es el caso. Así me lo cuenta mi novel amiga Dolores Gangotena (su apodo es Loli) quien, junto con su esposo, formó --hace ya un tiempo-- la empresa Quasar Expedition.

Quien se trepa en un crucero de Quasar (una explosión de estrellas, que en el cielo de Galápagos se exhiben hasta la lujuria) se queda asombrado de que todo funcione a la perfección, sin encontrar desniveles entre la extensa tripulación. Todos son bilingües, cultos, amables y sobre todo quieren el lugar. El de Loli también es un caso de cariño, al parecer indispensable para el turismo responsable. La primera vez que visitó Las Encantadas fue en un barco de la marina ecuatoriana, donde había ¡un baño para 42 personas! Dice que las iguanas se le tiraban encima porque querían naranjas, a las que se habían vuelto adictas y que paseaba a discreción por las islas. Le transmitió su fascinación a Eduardo, su esposo, y se dedicaron a hacer cruceros 'boutique', más pequeños, más personales.

Hoy no se puede andar por donde uno quiera, el Parque Nacional de Galápagos, la autoridad de las islas, es riguroso y severo, como debe ser. Junto con la Fundación Darwin y la asociación de empresas de turismo, que agrupa a las más importantes, trabajan por un objetivo común: preservar y recuperar el archipiélago. Las empresas ganan dinero, pero no descuidan el medio ambiente. A las islas llegan 180 mil almas por año, proteger el ecosistema es un buen negocio y una necesidad afectiva. Eso lo saben algunos huéspedes de Loli, como: Robert de Niro, Isabel Allende, Russell Crowe, Meg Ryan, Michelle Pfeiffer o Ivette Mimieux. La asociación recicla plástico, el año pasado enviaron al continente dos toneladas de este depredador material. También recicla cartón y pronto el Gobierno de Noruega les donará una fábrica para realizar el tratamiento en las Galápagos. Con el vidrio reciclado hacen losetas que usan en las construcciones isleñas.

Han organizado a agricultores de la isla Santa Cruz, quienes siembran tomates, lechugas, verduras que los barcos asociados compran. Apoyaron la construcción de un terminal pesquero, sin tanto éxito debido al desinterés de los pescadores. Estos empresarios han formado un triángulo amoroso con la Fundación Darwin y el Parque Nacional donde todos se apoyan. Oír a Loli despierta envidia. ¿Por qué no funciona así en el Perú? Imaginemos esa responsabilidad turística para Aguas Calientes, Iquitos, el majestuoso Huallaga y tantos otros lugares en nuestro país. Sería un quasar de felicidad.

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