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Testigo de cargo

Rincón del autor. Fujimori lucía demasiado confiado en sus poderes secretos con los políticos que podrían liberarlo en un futuro relativamente cercano

Por Abelardo Sánchez León

Es preferible ver a Abimael Guzmán bailar borracho la danza de Zorba que contemplar, incómodo, al lado de su novia Elena Iparraguirre, a Frank Sinatra cantando "My way". El camino de Abimael es completamente distinto al de Frankie, es más bien un sendero, pero debo aclarar que esta sofisticada disquisición musical solo viene a cuento gracias a las argucias mediáticas de Vladimiro Montesinos, quien, durante el juicio que se le sigue a su socio de maldades, Alberto Fujimori, entregó al tribunal este video para que los canales de televisión entretuvieran a la plebe y volvieran a colocar en el centro del escenario a los fujimoristas como los salvadores de la patria. Abimael Guzmán todavía le sigue siendo útil a la dupla Montesinos-Fujimori, que le saca dividendos a los años del terror.

Vladimiro Montesinos le tiene un desprecio olímpico a los administradores de justicia y al periodismo televisivo, pues los compró por una bicoca. No llega a entender cómo ese Poder Judicial, que estuvo en su bolsillo, lo pueda juzgar con criterios independientes. Todavía no asimila que pueda existir una prensa que no haya vendido su línea editorial por un dinero que estaba envuelto en un saco de papas. Vladimiro Montesinos y Alberto Fujimori enloquecieron al gobernar como Luis XIV (el Rey Sol) o Luis XV ("el Estado soy yo"). El Perú era su chacra. No eran oligarcas, pero se comportaban como si hubiesen tenido haciendas. Tan despótico estuvo Vladimiro Montesinos, tan sobrado, tan creído, que motivó una mueca de risa en su socio Fujimori. ¡Con qué desdén nos tratan! ¡Con qué desprecio! Al pueblo se le compra la conciencia con papeo, con politos, con bailes chicheros.

Hacía ocho años que no se les veía lado a lado. Esta vez aparecieron con corbatas de distintos colores, pero con una arrogancia desconocida entre los políticos de nuestro país, que ya es bastante. Fujimori lucía demasiado confiado en sus poderes secretos con los políticos que podrían liberarlo en un futuro relativamente cercano. Después del 6 a 0 contra Uruguay, este ha sido el espectáculo más desagradable de las últimas semanas. El cinismo, la inmoralidad, la pedantería, nos recordaba tiempos idos pero que amenazan con volver si las alianzas políticas les son favorables. Solo a una mente que nos tiene en una muy baja estima, como es la de Montesinos, se le ocurre entregar un video que muestra a un Abimael doblegado, escuchando la voz mafiosa de Frank Sinatra. Pero como Montesinos intenta que escribamos sobre ese preciso punto, lo hago entre dientes, para que no vaya a olvidar que es un provinciano acomplejado, lleno de traumas familiares, que llegó a ser dueño del país durante una larga y oscura década. Y que esa es nuestra culpa, por cierto.

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