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PUNTO DE VISTA

Mejor bien acompañado que solo

Por Rolando Arellano. Doctor en márketing*

Algunos empresarios y gerentes sienten que las normas que regulan el comportamiento de las empresas en el mercado son una traba para el desarrollo. Por ello su reacción frente a las normas de Indecopi (la obligación de informar sobre los costos totales en un crédito, impedir la venta condicionada y normar la publicidad comparativa entre otras) ha sido bastante fría o de oposición. Creemos que esa actitud es un error, pues aunque no estamos de acuerdo con algunos puntos, pensamos que el que existan reglas básicas que obliguen a respetar los derechos de los consumidores es un factor que ayuda a la sociedad y favorece la competitividad de las empresas honestas. Diversas razones sustentan esta afirmación.

Primeramente, si nos situamos como consumidores --todos lo somos-- evidentemente estaremos contra las empresas que no respeten nuestros derechos. Nadie consideraría adecuado que una empresa le presente un precio por un producto y que luego exija un precio mayor. Tampoco nos gustaría que para vendernos un auto nos obliguen a comprar la gasolina en un grifo específico. El que las reglas emitidas eviten ese tipo de abusos las hace, por tanto, bienvenidas.

En segundo lugar, mirándonos como empresarios o gerentes quizás pensemos que no es nuestro problema, pues sabemos que el que engaña al consumidor está cavando su propia bancarrota, ya que los clientes desengañados le generarán mala imagen y nadie querrá comprarles luego. Sin embargo, mientras engaña a sus clientes, esa empresa está haciendo competencia desleal, pues quita ventas a empresas honestas como la suya, con el añadido de que genera en el público desconfianza hacia todos los integrantes de la industria. Desde este punto de vista, que hayan reglas castigando a los infractores es conveniente también para los empresarios.

Entendemos que es difícil creer que la intervención de los gobiernos en la vida económica sea adecuada, pues la historia casi siempre nos ha mostrado lo contrario. Más aun, sabemos que muchos de los avances recientes del país se dieron porque los gobernantes, ocupados en política doméstica, dejaron que la economía fluya sola. Sin embargo, eso no significa que el ideal sea un país sin autoridades, pues la historia ha demostrado también que el liberalismo a ultranza --el 'laissez faire' o dejar hacer-- termina muchas veces generando injusticias que se convierten en grandes problemas, revoluciones o crisis sociales. Tener autoridades que asuman eficientemente sus funciones de protección de los ciudadanos contra los abusos de corto plazo de las empresas --del largo plazo se encarga la economía-- es entonces una necesidad que termina favoreciéndonos a todos.

En este sentido, quizás debamos reflexionar antes de oponernos a toda intervención regulatoria del mercado, pues en esencia ella no es nociva. No olvidemos que, siendo válido decir que más vale andar solo que mal acompañado, es evidente que es mucho mejor andar bien acompañado.

* CENTRUM CATÓLICA / ARELLANO MARKETING, INVESTIGACIÓN Y CONSULTORÍA

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