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LOS RÍOS PROFUNDOS

Cuatrotablas, treinta años después

Por Santiago Soberón

En alguna antigua entrevista, Mario Delgado, director del grupo Cuatrotablas, declaraba que en sus inicios este colectivo partió de negar todos los patrones estéticos y artísticos entonces vigentes, entre ellos el supeditar el espectáculo al texto dramático y por extensión a la palabra. De aquel entonces muchos cambios han acontecido en el proceso de sistematización del método de trabajo de este colectivo, de modo que desde hace algunos años Cuatrotablas emprendió la puesta en escena de autores clásicos como Shakespeare o Lope.

En su último espectáculo, Los ríos profundos, Cuatrotablas asume como reto recrear en escena el complejo y poético universo de la novela de José María Arguedas e hilvanarlo con la experiencia de vida del autor. Arguedas, como Vallejo en anteriores ocasiones, es abordado en su individualidad, en una perspectiva casi existencial (el narrador atrapado en la colisión de dos mundos desintegrados) que soslaya las significaciones de la relación entre el novelista y su entorno social. José María, en la recreación de esta novela, se erige en paradigma a partir de su conflicto interno e individual, al margen de sus connotaciones sociales.

La puesta en escena enfatiza la imagen de despalazamiento del personaje protagónico (Ernesto) como puede verse en la disposición del espacio escénico, en la marcación de diferentes hitos mediante pequeñas rumas de libros, pero también en la alternancia de la interpretación de los personajes por cada uno de los actores en escena.

Lamentablemente, ello no contribuye a que el montaje adquiera dinamismo, los actores se ven sujetos a caracterizaciones no bien definidas y a la interpretación de un texto eminentemente narrativo, disociado de las acciones físicas ejecutadas por sus intérpretes. Flor Castillo, José Carlos Urteaga, Fernando Fernández y Juan Maldonado enuncian el texto de manera uniforme, sin una composición de personaje que sustente el texto sobre el escenario. Ambos discursos, el escénico y el textual, marchan paralelos y disociados, en todo caso confluyen para reiterarse uno a otro.

Las interpretaciones de los cuatro actores mencionados acusan en el grupo Cautrotablas el riesgo a estandarizar un modelo de actuación que aún no encuentra el punto de conexión entre la facultad simbólica de la palabra y la capacidad del actor de recrearla a partir del trabajo de su cuerpo y de su voz. Esa disociación se hace más notoria en el caso de un texto predominantemente narrativo.

Por otro lado, si bien en las últimas décadas Arguedas ha sido visto como la personificación de los conflictos culturales y sociales del Perú, y de sus posibilidades de resolución, olvidando su dimensión humana e individual, Los ríos produndos de Cuatrotablas aborda esa individualidad desde el lugar común de la imagen de Arguedas como un hombre atrapado entre dos mundos irreconciliables. Esa individualidad, rica en posibilidades simbólicas, es una veta que Cuatrotablas puede explorar más a fondo.

A 30 años del histórico Encuentro de Ayacucho que organizó Cuatrotablas y abrió las puertas del teatro peruano a la influencia del tercer teatro, cabe preguntarse del derrotero de esta influencia en todo este tiempo. Cabe preguntarse si el primer colectivo que construyó su método de trabajo a partir de las enseñanzas de Eugenio Barba puede reinventarse, revisar y renovar su propuesta primigenia. Es posible preguntarse también si Barba, el gran gurú de esta corriente, ha sido capaz de hacerlo.

Por el momento, Los ríos profundos demuestra que en todos estos años no ha habido ese proceso de reinvención en el propio grupo. El abordaje de textos clásicos hace ya más de 10 años fue un paso importante, pero este último montaje evidencia que los principios de actuación y de concepción del espectáculo sustentados por Mario Delgado no se han logrado adaptar del todo a las exigencias de la interpretación de un texto dramático ya preestablecido. La dificultad se acrecienta frente a un texto que evidentemente no facilita su representación en escena por ser eminentemente narrativo.

El próximo encuentro internacional que viene organizando Cuatrotablas indudablemente debe ser una oportunidad para el balance, para evaluar y observar lo que ha pasado 30 años después de la llegada de una corriente teatral que -guste o no a algunos- cambió el perfil del teatro peruano.

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