Por Gisella López Lenci. Periodista
Zimbabue es más que un país lejano ubicado en algún punto del África. No es solo la nación con la inflación más alta del mundo, un dato que los peruanos sí podemos entender, sino que está gobernado por un personaje de leyenda desde hace 28 años, que pasó de liberador a represor y que se resiste a dejar o compartir el poder.
Robert Mugabe, de 84 años, se ha convertido en la caricatura de un dictador africano. Ya en la vejez decidió cambiar sus pulcros ternos por sacos coloridos y soltar frases más que altisonantes ante quienes osan desafiarlo. En la cumbre africana de esta semana no dudó en gritar "británicos estúpidos" a un par de reporteros ingleses que le cuestionaron su actuación en las últimas elecciones que, hasta el momento, parecen entronizarlo en el cargo.
EL ESCÁNDALO
El nombre de Mugabe resurgió, como no ocurría en décadas, a raíz de las recientes elecciones presidenciales. Estados Unidos, las Naciones Unidas, la Unión Europea y el Grupo de los Ocho han calificado de ilegítimos los comicios, debido a las serias irregularidades y a la represión contra los opositores.
El 29 de marzo, el opositor Morgan Tsvangirai ganó la primera vuelta de los comicios, pero no alcanzó los votos suficientes para ser elegido mandatario, lo que forzó una segunda vuelta electoral que se programó para el pasado 27 de junio. En esos tres meses, la oposición acusó al régimen de Mugabe de haber matado brutalmente a 86 de sus partidarios, además de continuas amenazas de muerte contra Tsvangirai, de 56 años, a quien no le quedó más remedio que resignar su candidatura y refugiarse en la embajada holandesa.
Con Mugabe como candidato único, las elecciones se convertían en solo un trámite, ante el estupor de la comunidad internacional que instaba al dictador a no llevarlas a cabo, debido al clima de incertidumbre. Mugabe hizo oídos sordos a la amenaza de sanciones y mediante la prensa oficial afirmaba que todo se realizaba con normalidad. Mientras, los pocos periodistas extranjeros que pudieron cubrir el proceso, debido a que el Gobierno negó los accesos, relataban la persistente ausencia de votantes en los centros electorales.
Otros testigos contaron cómo fueron obligados a votar por el gobernante. Milicias allegadas al ZANU-PF, el partido de Mugabe, forzaban a la gente a mostrar las cédulas y verificaban que estuvieran marcadas a favor del mandatario. La extrema situación hizo que incluso Tsvangirai pidiera a sus correligionarios que votaran por Mugabe si sus vidas corrían peligro.
Aunque el opositor ha quedado, por el momento, fuera de la pelea por la presidencia, logró que la atención del mundo se centrara en la crisis de su país. "Mostró lo que realmente es Mugabe: un dictador vicioso y violento que ahora está siendo criticado por los propios líderes africanos", explicó John Makumbe, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Zimbabue.
DE HÉROE A VILLANO
En 1980, Robert Gabriel Mugabe se convirtió en el mesías de la naciente Zimbabue. El profesor de primaria criado por jesuitas, educado en Sudáfrica y que se llenó de diplomas en Leyes, Economía y Educación gracias a cursos a distancia del Programa Externo de la Universidad de Londres, fue el líder guerrillero que liberó a la otrora Rodesia del Sur, gobernada por el régimen del apartheid impuesto por Ian Smith, donde la minoría blanca ostentaba el poder y las ganancias.
A pocos les importó que durante los ochenta arrasara contra su etnia rival, los ndebele. De 1980 a 1987 la Quinta Brigada del ejército de Mugabe, entrenada en Corea del Norte, eliminó a unas 20.000 personas, muchos de ellos civiles. Las matanzas --era de esperarse-- fueron amnistiadas en el 2005 por su gobierno.
A pesar de la sangrienta guerra civil, Mugabe se sentía seguro en el poder. Con una población alfabetizada al 90%, los zimbabuenses impulsaban el desarrollo económico de su país y eran considerados los más prósperos de un continente que recién se acomodaba de la época poscolonial.
Las cataratas Victoria atraían el turismo y la exportación de tabaco se convirtió en uno de sus motores principales, además de contar con minas de oro, níquel y platino que atraían empresas de todas partes del mundo. Pero el descalabro que vino a partir del 2000 desencadenó la caída libre del país y convirtió a Zimbabue en una de las peores economías del planeta.
Ese año instauró la reforma agraria, expropiando a la minoría blanca --que poseía el 32% de las tierras cultivables-- a favor de los campesinos negros. Sin embargo, la mala orientación de esta política no reparó en capacitarlos para que se pudieran hacer cargo debidamente de los terrenos, sin contar que muchas de las haciendas fueron a manos de los allegados de Mugabe, que no dudaron en repartirse el botín.
Las cosechas empezaron a perderse y la producción cayó sin detenerse. La pobreza se extendió y el desempleo se acrecentó de manera galopante forzando la emigración de millones hacia los países vecinos, sobre todo Sudáfrica. Mugabe, como presidente del Banco Central de Reserva, decidió imprimir billetes al por mayor y ocasionó una de las peores inflaciones del mundo.
LOS INTERMINABLES CEROS
Zimbabue se convirtió así en el país de los millonarios más pobres del planeta. Billones de dólares zimbabuenses sirven para completar, a duras penas, una magra canasta familiar. Según cifras oficiales, la tasa de inflación de febrero fue de 165.000%. En el 2007 la inflación anual, también según el Gobierno, fue de 66.212%. Pero investigaciones independientes ya calculan que para el 2008 esa cifra puede llegar, sin dificultad, hasta los 14'000.000%.
"Se ha vuelto una completa locura. Nuestras computadoras y calculadoras no pueden manejar todos los ceros, ni siquiera en los productos más baratos", señaló a AP el analista económico David Moyo, quien vive en Harare, la capital del país.
Solo para hacer un ejercicio de cálculo, un dólar norteamericano se cotiza en alrededor de 10 mil millones de dólares zimbabuenses, aunque claro, el valor puede seguir multiplicándose por más ceros mientras pasan las horas. Ante ello, los productos escasean y el mercado negro se ha vuelto el lugar obligado para comprar lo mínimo indispensable. Un pan en el supermercado, si se encuentra, puede costar 2.000 millones de dólares zimbabuenses (US$0,20), pero en el mercado negro se puede vender hasta en 15.000 millones (US$1,5).
Ante semejantes cifras, el gobierno del octogenario líder parece insostenible. La asfixiante economía, además del desgaste de 28 años de gobierno y las críticas internacionales, puede germinar una nueva guerra civil que solo traerá miles de muertos y más incertidumbre política. Por el momento, Mugabe se cree seguro, pero no por mucho tiempo.
EN PUNTOS
Serias advertencias al régimen
4EE.UU. ha presentado un proyecto de resolución al Consejo de Seguridad de la ONU para imponer fuertes sanciones al régimen de Mugabe, que incluye el embargo de armas al país, el congelamiento de sus bienes y la prohibición de viajar para el presidente y 12 funcionarios del gobierno.
4La Unión Africana exigió la formación de un gobierno de coalición en Zimbabue, pero no condenó el régimen opresor del mandatario.
4La propuesta fue rechazada por Mugabe y por el principal partido opositor.