Por Gonzalo Galarza Cerf
A papá, el profesor Galarza.
La voz del maestro y director Manuel Rodríguez se quiebra al leer la carta de quien fuera no solo su profesor cuando era niño y estudiaba en la Punta de Bombón, en Arequipa, sino también el guía que marcó el destino de su vida y la de miles de peruanos. La firma es de Everardo Zapata Santillana, el autor de "Coquito", quien le ha escrito una sentida misiva para saludarlo por el Día del Maestro "por dedicar tu magisterio a niños y niñas que la naturaleza ha dotado especialmente".
La historia del maestro Rodríguez es la de un niño que trabajaba en la chacra de sus padres y que estudiaba en una pequeña escuela cuando inicial se llamaba transición y solo había hasta segundo grado de primaria. "El amauta Everardo nos enseñaba a leer en un libro que empezaba a hacer, era el 'Coquito', este libro de lectura globalizada", cuenta.
Dice que los hacía cantar y recitar, los llevaba a la playa y al campo y entonaba melodías para ellos. "Era una educación distinta, él había sido formado en el colegio La Salle con profesores extranjeros que seguro le impregnaron la metodología y la vocación. Su enseñanza me marcó para toda mi vida", relata.
Las clases de Everardo, la labor de su madre, "que era una maestra en la casa", y el aliento de sus tías, quienes le decían que la mejor profesión era la del maestro, hicieron de Rodríguez un ferviente impulsor de la educación. Entonces, al llegar a Lima se convirtió en profesor y su primer trabajo fue en el Hogar Clínica San Juan de Dios, "un lugar totalmente distinto al que me había preparado".
Ir de cama en cama a impartir clases para niños discapacitados le permitió acercarse al alumno y saber qué siente y piensa. "En San Juan aprendí que un buen maestro nunca abandona a su alumno, así sea el que menos atención preste, y que todos los niños son inteligentes, solo hay que motivarlos y amarlos", señala.
El hombre, que en el 2005 recibió las Palmas Magisteriales en el grado de Educador por parte del Ministerio de Educación, estuvo 25 años impartiendo conocimientos en la Clínica San Juan de Dios. Primero como maestro, luego como subdirector y finalmente como director. Incluso se casó allí. Hoy, a sus 63 años, dirige el colegio público para niños con facultades talentosas y descubre a infantes genios que están en el anonimato, perdidos por la falta de apoyo. Con ellos viaja, compite y gana concursos en el mundo.
Rodríguez dice que a sus colegas les falta vocación y que se han ido perdiendo "los grandes maestros, porque algunos no tuvieron la fortaleza moral para seguir aguantando". También dice que "si estuviera el amauta Everardo Zapata Santillana, nos diría a todos los maestros en nuestro día que trabajemos con vocación y amor por los niños y dediquemos toda nuestra vida a ellos como él lo está haciendo. Porque él sigue escribiendo sus libros y seguramente, como yo, derramará una lágrima, porque ese es el mensaje".
LA MAESTRA ALFARO
La vocación de cada maestro no solo está cimentada sobre la base de lo inculcado en las universidades e institutos pedagógicos, sino también --y mayormente-- en la enseñanza recibida en sus primeros años de escuela. Para la maestra Natalia Alfaro Novoa su profesora de primaria, Cristina Meza, "era un ángel, el hada madrina que nos mostraba mundos nuevos y cuyos experimentos eran para nosotros magia". Ella fue su inspiración y su modelo para seguir en la vida.
Dice que cuando había huelgas y el colegio donde estudiaba cerraba, era una tragedia porque extrañaba estar en el aula. Un ambiente que ha pasado a ser el escenario donde se ha desarrollado casi toda su vida y donde viene logrando las mayores satisfacciones profesionales. Desde hace 16 años es maestra y hace 13 que se encuentra impartiendo conocimientos como tutora en la escuela estatal Rosa Merino, en el Rímac.
"Uno marca la diferencia en el colegio estatal, porque allí hay más obstáculos, faltan materiales", afirma. En ese centro descubrió que ser maestra era a veces convertirse en trabajadora social, psicóloga y abogada. Los casos de niños maltratados son frecuentes.
La maestra Alfaro, quien obtuvo una de las mayores notas en la prueba poscensal del Ministerio de Educación el año pasado y que fue premiada para llevar un curso virtual de la universidad de Harvard, ha descubierto el mundo de los niños con retardo y autismo durante su maestría en problemas de aprendizaje.
"Mis niños son amorosos, pero no con el desprendimiento y con la transparencia que tiene un niño con retardo. Son las criaturas más cariñosas y amorosas que he conocido". Su compromiso es con la educación. No se ha casado ni tiene hijos: "Mis chicos son ellos".
Dice que hay varios docentes que dejan todo en el aula por los alumnos y se quedan hasta tarde para armar la clase. La mayor recompensa, asegura, es cuando vienen ex alumnos a decirle que quieren que les enseñe a sus hermanos menores. "Los mejores recuerdos, independientemente de que el director nos aplauda y nos entregue un diploma o que nos lleven a la cancillería o que el ministro nos reciba, los tengo con mis alumnos, es lo que nos hace seguir adelante".
LA DIRECTORA NARAZA
El primer recuerdo que marcó a Ninoska Naraza Córdova en la escuela fue en sexto grado de primaria en su colegio de Tarma. Sus compañeros la estaban molestando hasta que un maestro salió a defenderla: "¿Qué pasa? No la fastidies", sancionó. En ese momento descubrió algo básico y fundamental: el profesor se interesa en el alumno.
La maestra y directora del colegio La Roca cuenta que su abuela fue profesora y le vaticinó su futuro: "Tú vas a ser una buena maestra". Dice que veía en ella el deseo de enseñar, corregir y ver que los otros niños mejoren. De niña admiraba a dos maestras por su personalidad y porque percibía en ellas una real preocupación hacia los alumnos.
Lo que su abuela no le pronosticó ni ella imaginó, porque no se había preparado, es que en la prueba eliminatoria del Concurso Público de Nombramiento Docente iba a obtener el tercer puesto con una calificación que superó los 15 puntos. El examen lo dieron alrededor de 183 mil docentes. "Cuando escucho que el docente es incapaz, que no puede, pienso que habrá algunos que son así, pero no todos. Hay muchos que están comprometidos con su trabajo y lo hacen bien", aclara.
La maestra Ninoska tenía la opción de ir a enseñar a un colegio cercano a su casa. Atrás quedaría la hora y media que le demanda el viaje desde Salamanca hasta Chosica. Para no dejarla ir, las autoridades de la escuela le ofrecieron asumir oficialmente la dirección. "Lo que hizo que me quedara fue ver el fruto. La importancia de formar vidas. No matemática ni historia, sino vidas", confiesa.
En el Día del Maestro, que fue instaurado el 6 de julio de 1953 por el entonces presidente Manuel A. Odría --fecha en que don José de San Martín fundó la primera Escuela Normal de Varones--, la directora Ninoska quiere mandar un mensaje a sus colegas: "Que se preparen y perseveren, que cualquier sacrificio que hagan traerá su recompensa. Hay que mirar adelante y ver a los alumnos, pues uno los escucha y piensa que valió la pena".
LA SUBDIRECTORA HUAREZ
Un día la maestra Patricia Huarez Sosa se sintió peor que la Cenicienta. Había dejado el colegio Fe y Alegría para ir a una escuela estatal en Puente Piedra. Desde ese momento, asistir a dictar clases se convirtió en su peor castigo. Dos años aguantó la falta de compañerismo y decidió volver a sus orígenes, al colegio de Comas que la acogió cuando aún hacía sus prácticas.
En esa época, 16 años atrás, lo único que sabía de Fe y Alegría era que algunos de sus centros educativos eran dirigidos por religiosos y que quedaban lejos. Recuerda el viaje de hora y media de San Martín de Porres y el camino a pie por senderos de tierra y piedra, pero también la confianza que le dieron al presentarse. Se había hecho docente por los ejemplos de sus propias maestras. Su experiencia marcó a tres de sus hermanas, que siguieron sus pasos.
La vida de maestro la ha llevado no solo a adquirir cada vez mayores conocimientos, sino a enfrentarse con los problemas de cada época: el pandillaje, las drogas, los embarazos en adolescentes y el maltrato de los padres hacia sus alumnos. Su mayor satisfacción como profesora de taquigrafía fue otorgarles una herramienta a aquellos que una vez acabada la secundaria no contaban con los recursos para seguir sus estudios.
Este año ella fue seleccionada entre 3.500 docentes de Fe y Alegría para irse a España a un intercambio cultural. Ahora, abocada desde hace 6 años a la subdirección, organiza proyectos entre los alumnos de su escuela y escolares españoles. Los pequeños se escriben cartas y comparten experiencias. Ella dice que cuando vienen organizaciones del extranjero se quedan sorprendidas de ver el desenvolvimiento de los alumnos. Es su orgullo.
A fin de año es probable que parta a Alemania a capacitarse. Dice que extrañará a sus chicos. Lo que no dice es que un buen maestro es aquel cuyos alumnos lo recuerdan y siguen hasta el final.