HABLE CON ELLA
Por Marcela Robles
"Ah, los hombres. Ante una mujer que llega a una conclusión correcta, no pueden aceptar que es igual o superior a ustedes en inteligencia, e inventan algo que llaman intuición femenina". Palabras en boca de Susan Calvin en el relato escrito por el genio de la ciencia ficción, Isaac Asimov.
La intuición femenina es un tema que ha despertado ambivalencias a lo largo de la historia, y muchos opinan que se trata de un mito. Haciendo una síntesis de la definición de la RAE, se trata de una percepción íntima, clara e instantánea de una idea o una verdad, sin necesidad de razonamiento.
Ya pasó la época en que las mujeres tenían que hacer apología de sus actos para demostrar sus logros, pero los rezagos de esa cruzada siempre son reveladores. Recuerdo especialmente el talón de Aquiles de un aclamado escritor que puso en evidencia en una entrevista que el machismo o la misoginia no tienen que ver con el nivel cultural de las personas (me reservo el nombre del personaje para no herir susceptibilidades). El autor se refirió a Flora Tristán ("Peregrinaciones de una paria") como a "esa mujercita" y "esa francesita". Me pregunto si le hubiera aplicado el mismo diminutivo al ilustre nieto de Flora, el pintor Paul Gauguin, tildándolo de "hombrecito" y "francesito".
Según el español Arturo Pérez-Reverte, el único gran misterio que queda en nuestra sociedad es la mujer, que es un soldado perdido en territorio enemigo. Lo dijo el día en que presentó "La reina del sur", una de sus celebradas novelas, en una modesta tirada de 275.000 ejemplares. En ella, el autor confiesa haber tratado de desvelar el corazón femenino y ver la vida como una mujer que pelea en un mundo de hombres.
Sin embargo, fueron ellos mismos quienes nos demandaron tener la osadía de Juana de Arco, sin perder el candor de Blanca Nieves (dispuestas a atender a los siete enanos); y la sensualidad de Angelina Jolie con las habilidades acrobáticas de Lara Croft. Pero esos atributos eran ideales solo para amantes imaginarias o esporádicas. Lo confirman las navajas afiladas del poeta Luis Hernández: "O aquel que solitario yace junto a la mujer con quien ya jamás ha de soñar".
Tiendo a pensar que al final del día, lo que la mayoría de hombres espera es descansar en los brazos de alguien que lo escuche relatar las victorias y derrotas de la batalla cotidiana, como lo hacían los guerreros de otros tiempos. El síndrome del conquistador, del que no han logrado despegarse. Para todo "macho que se respeta", supongo que sería agotador tener que lidiar con Flora Tristán en el ámbito doméstico.
Volviendo a la intuición femenina, y apoyada en diversas investigaciones científicas, creo que se trata de un tipo de inteligencia inconsciente o conocimiento que hemos afinado. Es sabido que por tradición nos han enseñado a estar más pendientes de los demás, y a dar mayor importancia a la comunicación que a la acción. Aunque nuestros rescoldos machistas nos hacen creer en el cuento, en lugar de reconocer que tenemos valores agregados. Lo más sensato entonces sería que los hombres desarrollaran su intuición o lado femenino, y así estaríamos a la par.
Lo cierto es que ya sea por genética o por herencia --transmisión de madres a hijas entre las mujeres de la tribu--, y llámese intuición, sexto sentido o percepción, las mujeres tenemos un don que nos da un punto de ventaja. Y no es precisamente el punto G.