Por Jorge Paredes Laos
El siglo XIX fue sin duda uno de los más movidos de nuestra historia. Se inició con los vientos de la independencia y culminó en medio de las pugnas políticas desatadas luego de la derrota en la guerra con Chile. Y entre estos dos hechos, largas décadas de militarismo y caudillismo que no lograron integrar el país, que en la práctica permanecía separado por un gran abismo: la costa y una elite criolla minoritaria, la sierra repartida entre diversos grupos de poder y dos tercios de la población -mayormente indígena- excluida de los beneficios de la república (la esclavitud se prolongó hasta 1854 y la contribución indígena fue abolida recién en 1855).
En este siglo se desarrolló y expandió una prensa variopinta que en buena medida reflejó todas estas tensiones políticas y socioculturales. Hojas sueltas, bandos, periódicos y revistas se editaron a lo largo del siglo, y fueron el epicentro de encendidos debates ideológicos, pero también sirvieron para la propaganda, la sátira, la diatriba y el humor. La prensa del XIX fue, además, el medio donde se desarrolló el ejercicio literario, en un momento en que la circulación de libros era todavía restringida.
"La prensa decimonónica democratizó la experiencia de la cultura escrita y promovió la sensibilidad y sociabilidad modernas, sin ella no podemos conocer el siglo XIX. En esa época la prensa era el medio por excelencia: ahí se publicaba la literatura, ahí aparecía la sátira política, las caricaturas, las declaraciones de los caudillos, los avisos comerciales, los nuevos productos médicos, el devenir de las numerosas guerras. La prensa fue el gran espejo de la sociedad de la época", dice Marcel Velázquez, presidente del comité organizador del congreso sobre la prensa del XIX.
LIBERTAD DE IMPRENTA
Si algo caracterizó a la prensa de hace dos siglos fue su carácter efímero. Entre 1808 y 1821 aparecerá una prensa doctrinal que se inserta en el fenómeno de la Ilustración y en el auge de las ediciones impresas a raíz de la Constitución de 1812, que buscaban sacar a España de la crisis desatada por la invasión francesa. Los gritos de independencia hicieron surgir en el Perú medios diversos: unos eran liberales, otros conservadores y otros se inclinaban por una monarquía constitucional. Entre estos periódicos destacan El satélite peruano (1812), de Fernando López Aldana; La Abeja Republicana (1822-1823), de José Faustino Sánchez Carrión, el solitario de Sayán, quien abogaba por la soberanía de la nación; el Mercurio Peruano (1827) de José María Pando y Felipe Pardo y Aliaga.
"Una vez instaurado el proceso republicano -dice Marcel Velázquez- uno de los temas centrales será el de la libertad de imprenta, pues en esos tiempos no se veía el periodismo como una profesión de especialistas, sino como un atributo del orden republicano".
Así aparecerá todo tipo de publicaciones, de nombres elocuentes: La Cotorra, El Papagayo, El Cañón, La Balanza. A la par de una prensa regional en Trujillo, Arequipa, Cusco, Ayacucho. En la década del treinta, surgirá El Genio del Rímac, una publicación de talante liberal que tendrá entre sus colaboradores a Francisco de Paula Vigil.
Era el tiempo de los caudillos y cada cual buscaba tener una prensa afín.
"Durante todo el siglo pervive una crítica muy dura, una sátira violenta, pues no existía la idea de lo políticamente correcto. El objetivo era destruir y ridiculizar al adversario", dice Marcel Velázquez. Uno de los más célebres exponentes del arte de la sátira y también de la injuria fue Manuel Atanasio Fuentes, periodista y escritor, llamado "El murciélago". Es conocido su enfrentamiento con el escritor colombiano José María Samper, quien en la década del sesenta llegó a Lima a dirigir La Revista Americana (1863), el primer suplemento cultural de El Comercio (1839), dedicado a la política, las ciencias sociales, físicas y naturales. Fuentes, entonces director de El Mercurio, hostigó tanto al colombiano que terminó haciéndolo renunciar. En abril de este año, Edgardo Rivera Martínez publicó un volumen que recoge los doce números del suplemento. Al comentar el libro, el historiador Héctor López Martínez recuerda los ataques de Fuentes a Samper y cita una letrilla del Murciélago que ejemplifica muy bien las invectivas de la época: "Si El Comercio nos enfada,/ Y el Ministro nos humilla,/ Al primero, banderilla, / Y al segundo, con la espada. / Y si Samper enojado / Contra nos, escribe tomos. / Nos montamos en sus lomos / Y hacemos toro ensillado".
TIPOS SOCIALES
En este escenario una herramienta excepcional será la irrupción de la caricatura. Los talleres litográficos en Lima abundaron desde las primeras décadas del siglo, pero según refiere Juan Manuel Ugarte Eléspuru en Monumenta Limensis, la caricatura de carácter político surgió recién a mediados del siglo XIX. Eran mayormente anónimas, pero Ugarte destaca el nombre de un residente francés Williez, quien estaba detrás de muchos de estos grabados. "Parece que encargaba los temas a un enigmático dibujante que no firmaba, sino ponía como testimonio de su autoría, una cabeza de chinito riendo. Su desempeño abarcó los tiempos de los regímenes presidenciales del general Pezet y del Mariscal Ramón Castilla, conservador el uno y liberal el otro".
Al parecer Williez era partidario de Castilla, pues las caricaturas de Pezet y sus seguidores eran agresivas, mientras que las del mariscal eran más bien admirativas. Eran de un "humor sano", escribe Ugarte Eléspuru, lo que contrasta con el apasionamiento político de la época. La sátira costumbrista ridiculizará así a personajes y tipos sociales: el militar fanfarrón, el burócrata que quería vivir del Estado, la beata y también al andino en Lima. Marcel Velázquez recuerda un personaje llamado "el soldado Quispe", un indio que andaba desorientado y preguntaba cosas absurdas.
EL PERÚ ILUSTRADO
El uso de caricaturas y grabados aumentará con el transcurso del siglo. Después de la guerra con Chile, aparecerá una de las publicaciones más importantes de la época, El Perú Ilustrado (1887-1892), una revista cultural fundada por el ítaloestadounidense Peter Bacigalupi, que se caracterizará por dar gran importancia a las imágenes (litografías), las cuales ocupaban más de la mitad de la página. Toda una revolución. En esta publicación dedicada a encender el patriotismo después de la derrota, colaboró gran parte de la intelectualidad de la época: José Santos Chocano, José Miguel Amézaga, Juan de Arona, Mercedes Cabello, Teresa González de Fanning, Manuel González Prada. Un dato relevante: la escritora cusqueña Clorinda Matto de Turner dirigió durante dos años esta revista, confirmando la importancia que tuvo la mujer en el desarrollo de la prensa en el último tercio del siglo XIX. Ya antes había aparecido una publicación como La Bella Limeña (1872), un semanario de literatura pensado para la mujer y la familia. Entre sus colaboradoras destacan: Adriana Buendía y Carolina Freire. El siglo termina con una prensa que poco a poco va adquiriendo un carácter masivo, con las restricciones obvias de una sociedad mayormente analfabeta, que todavía se reunía en las plazas a escuchar a quienes a viva voz leían las últimas noticias.
EL CONGRESO
El "Congreso Internacional Perú XIX. Universos discursivos en la prensa peruana decimonónica" reunirá más de treinta ponencias y cuatro conferencias magistrales. Entre las mesas figuran: prensa nacional y extranjera durante la guerra con Chile; Clorinda Matto, los discursos, las imágenes y la nación; Imaginarios femeninos e imágenes de la mujer; La ciencia médica y el humor como territorio del racismo y la política, entre otras. Lugares: Lunes 7: Auditorio principal de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas UNMSM; martes 8 y miércoles 9: Facultad de Letras y Ciencias Humanas PUCP. Ingreso libre. Programa en: www.peru-xix.blogspot.com
LOS CINCO PERIÓDICOS MÁS IMPORTANTES DEL XIX
El Comercio (1839)
La revista de Lima (1859-1863 / 1873)
El Nacional (1865-1873)
El Correo del Perú (1871-1878)
El Perú ilustrado (1887-1892)