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CRÓNICA. UN CASO DE PARRICIDIO

Rencor y muerte en la madrugada

Un mortal cuchillazo en el cuello fue el epítome de unas vidas marcadas por la violencia y el miedo. Bertha Villavicencio B. asesinó a su padre el pasado 28 de junio, en Surquillo

Por Alberto Villar Campos

La escena no dista mucho de la que había visto desde los 9 años: su padre seguía siendo el mismo tipo violento y su madre era aún esa mujer que prefería huir por el espanto de aquel al que jamás comprendió una sola de sus palabras.

La madrugada del 28 de junio, Bertha Villavicencio Bohórquez (23), la hija, retornaba de una fiesta con su madre, sin pensar que esa sería la última vez que vería a su padre con vida. Tampoco, al parecer, era capaz de imaginarse a sí misma asesinándolo con un cuchillo de cocina. Tarde o temprano, sin embargo, ello podía ocurrir.

UNA HISTORIA DE VIOLENCIA
Hay quienes han sugerido similitudes entre este parricidio y el de Giuliana Llamoja, la joven que en marzo del 2005 asesinó a su madre de decenas de puñaladas. Las coincidencias, por lo demás, no son pocas: una agria discusión familiar que precedió al crimen, un cuchillo de cocina para ejecutarlo y ciertos perturbadores rastros de rencor guardado que emergieron de forma fatal e intempestiva.

Lo cierto, no obstante, es que la víctima, Luis Rufino Villavicencio Proaño (57), no había sido precisamente un padre ejemplar para ella y sus dos hermanos. Esto lo dice Bertha Bohórquez, la madre, quien, tras la captura de su hija, reveló haber sufrido incontables episodios de violencia doméstica en los 15 años que vivió con su marido. En la mayoría de ellos, sus hijos habían estado presentes. Por estos hechos, Villavicencio fue denunciado en varias oportunidades en la comisaría de Surquillo.

"Era una persona irreconocible cuando tomaba", dice Crispín Ayquipa, dueño de la bodega ubicada a pocos metros del hogar de la víctima donde todo ocurrió, el 530 del jirón Leoncio Prado, en Surquillo.

Al igual que él, varios vecinos aseguran haber sido testigos de los arranques de ira de Villavicencio, un hombre con antecedentes penales por robo agravado, que había estado preso dos veces y quien antes de su muerte pasaba los días sumido en el alcohol y las drogas.

Bertha Bohórquez y su hija contaron, además, que por años Villavicencio ejerció un efecto igual de violento y atemorizante contra su propia madre, dueña de la casa de Surquillo y quien murió el 2007.

Todo eso, sin embargo, acabaría fatalmente el 28 de junio.

VERSIONES ENCONTRADAS
Ese día --narró la joven en la División de Homicidios de la PNP-- ella y su madre volvían de una fiesta realizada a pocas cuadras de la casa del padre y en la que habían permanecido por más de 12 horas. "Estábamos mareadas y él también. En ese instante, empezó a recriminarnos y, luego, abofeteó a mi madre --dijo--. Mis tíos, que también viven en ese lugar, no se levantaron: ellos saben que mi padre siempre hace escándalos cuando bebe".

Lo peor vendría después y aún es materia de confusión. En la manifestación policial que dio tras su captura, la homicida refirió que, luego de que su madre huyera, producto de la bofetada, ella y su padre empezaron a forcejear. "Caí al suelo y él me pateó; luego salió corriendo en busca de mi madre, que estaba en el segundo piso, y yo fui a la cocina para limpiarme la sangre de la boca. Sin querer, boté un cuchillo al suelo. Mi padre estaba allí y pensó que quería matarlo", dijo.

No obstante, el 29 de junio, el día después del crimen, Bertha Villavicencio afirmaría lo contrario: que había sido su padre quien corrió a la cocina y agarró el arma. "Me quería cortar la cara, pero yo me defendía", confesó la joven ante los peritos de psicología de la Oficina de Criminalística de la PNP.

¿Qué había ocurrido, entonces? Aunque las versiones se oponen, en algún momento de aquella madrugada, tres de los 30 centímetros del cuchillo se introdujeron en el cuello de Luis Villavicencio. La herida, por supuesto, fue mortal: el hombre solo dio unos cuantos pasos más en el pasadizo de su casa antes de caer en el suelo frío del patio, bañado en sangre, moribundo.

HUIR Y SER CAPTURADA
"¡Tío, mi papá, mi papá!", vociferó Bertha a Charles Villavicencio Proaño, hermano del fallecido, quien dormía en una habitación, lejos de todo. Unos minutos más tarde, con los bomberos ya en camino, la joven salió de la casa y se refugió en la vivienda de su actual pareja, ubicada unas cuadras más allá. Desde allí, la homicida presenciaría la llegada de la policía a su hogar. Eran las cuatro de la madrugada: faltaban menos de dos horas para que la capturasen.

Si el homicidio fue accidental, como dijo en su confesión, si el cuchillo se clavó en su padre cuando ella intentaba librarse de él, ¿por qué Bertha Villavicencio huyó de la escena del crimen? Para el mayor PNP Carlos Morales, encargado del caso, es poco probable que algo así pudiera ocurrir en circunstancias como esas. "Estaba ebria, pero por el solo hecho de que le empuje la mano (a su padre), el arma no se le podía incrustar; a lo mucho podía cortarlo", refiere.

Bertha Bohórquez, con quien su hija había vuelto a Lima (desde Arequipa) en noviembre del 2007 y con quien, además, se habían mudado a la casa de Luis Villavicencio en mayo (a pedido del occiso), reveló que, luego del crimen, ella misma cogió el arma homicida, la lavó y, finalmente, la colocó lejos de la escena, junto a una ventana. ¿Por qué lo hizo?

Aunque en su confesión aseguró no haber estado resentida contra su padre, Silvia Rojas, psicóloga forense de la PNP, sostiene que probablemente Bertha Villavicencio actuó movida por un resentimiento oculto desde niña. "Ella pudo haber visto las agresiones hacia su madre, lo que conllevó a un ataque sorpresivo que nació de una situación en la que se sintió impotente", dice la especialista.

Sea o no así, lo cierto es que el examen psicológico 236-08 de la mujer reveló una marcada tendencia a "ser explosiva frente al maltrato y las ofensas, situación que la lleva a asumir conductas agresivas en defensa de su integridad física y familiar" (sic). El 28 de junio, tal vez era muy tarde para distinguirlo. El crimen había hablado por ella.

Podría librarse de la pena por parricidio
Aunque el Código Penal establece una sanción de entre 15 y 25 años de cárcel por el delito de parricidio, Bertha Villavicencio podría ser eximida de responsabilidad penal por la muerte de su padre.

El abogado Luis Lamas Puccio explica que en el proceso deberá probarse si la joven actuó en defensa propia o de su madre. "El artículo 20 del Código Penal establece que la pena podría eximirse si es que una persona (ella) actuó ante una fuerza irresistible y una agresión ilegítima", refiere el jurista.

Bertha Villavicencio Bohórquez está recluida en el penal de mujeres de Chorrillos y es juzgada por parricidio.

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