Por Antonio Orjeda
A fin de evitar posibles accidentes, Minera Poderosa inició un programa educativo entre sus trabajadores. Descubrió así que varios no sabían leer. Hoy esos hombres van al colegio y realizan sus tareas junto con sus hijos. Eva Arias, gerenta general adjunta de Poderosa, cuenta que ahora los críos de sus mineros sienten más respeto por sus padres. Eva no cree haber hecho nada extraordinario. Solo está cumpliendo con la gente a la que la mina de su familia le debe tanto.
Arquitecta de profesión, Eva dejó su carrera para aceptar el reto de sacar a flote la empresa familiar. Mientras conversábamos, la Federación Minera del Perú vivía el segundo día de una huelga que terminó el domingo.
Usted es la mayor de cinco hermanas y tres hermanos. Todos han laborado en el mundo minero... ¿Acaso fue porque papi le puso chamba a cada uno?
No. Es más, ya no todos están en esto. Somos tres los que estamos muy involucrados en la minería.
Al principio debió ser una de las pocas mujeres --en todo el país-- ocupando un puesto en la alta dirección de una minera.
Imagino que sí, pero nunca me preocupé por saberlo... Cuando vienen a mi memoria reuniones de esa época, o incluso cuando me tocaba viajar para vender el tungsteno (que producía otra mina de su familia), efectivamente, muchas veces terminé siendo la única mujer. No era algo que me pareciese fuera de lo común o que me incomodase. Tampoco sentía una deferencia especial.
¿No habrá sido porque se trataba de la hija del dueño?
No. A mí lo que me gusta es integrarme a un equipo. No tienes que ser la estrella ni el que dirige, sino un integrante más. Nunca he sentido que merezco un trato diferente por ser la hija del dueño, accionista o por haber sido gerenta. Cuando voy a la mina, me gusta sentarme a comer con los obreros, conversar con ellos.
Quienes la conocen destacan su liderazgo, que es incluso mayor al de sus hermanos varones.
Cada uno tiene sus cualidades.
Nació en Tarma, estudió en Lima. Sus vacaciones, sin embargo, las pasó siempre en el campo, cerca de los campamentos mineros.
Durante toda la época escolar, mientras muchas familias se iban a la playa, nosotros nos íbamos a las minas. Ha sido la época más feliz de mi vida: en un campamento minero estás en contacto con la naturaleza...
Ustedes, además, eran ocho...
No solo éramos nosotros: estaban nuestros primos, los hijos de los trabajadores. Éramos muchísimos niños disfrutando. Trepábamos cerros, jugábamos con los sapitos, montábamos bicicleta... Salíamos de casa después del desayuno y solo regresábamos para almorzar y comer. Teníamos un contacto directo con el campo.
¿Y qué le dio eso?
Un amor por la naturaleza increíble. Me enseñó a saborear la libertad. Saber qué es sentirse absolutamente libre, sin temores.
Por eso fue que estando en segundo ciclo de Arquitectura junto a dos amigos se lanzó a forjar una empresa.
Esa fue una de las razones. La independencia y la libertad son para mí valiosas, y se las he tratado de inculcar a mis hijos. ¡Pero ese es solo un aspecto! El otro: al lado de mis padres, yo desde niña he estado vinculada a la empresa, a la generación de riqueza, al unir esfuerzos para lograr un objetivo.
A su empresa de arquitectura desde el saque le fue bien. Ustedes eran --entre comillas-- tres mocosos que incluso llegaron a contratar ¡a sus profesores!
Entre comillas no: literalmente éramos tres mocosos. Tuvimos éxitos profesionales muy buenos.
Gracias a uno de sus proyectos su padre fue reconocido por ofrecer a sus trabajadores un hábitat realmente adecuado para vivir.
Sí, ese fue el campamento de Bellavista, en la mina San Vicente. Fue diseñado por completo en nuestra empresa: la parte urbana, las viviendas.
¿Cuántos problemas se habrían evitado tantas mineras si se preocuparan así por sus trabajadores, no?
Es que nosotros hemos confraternizado con la gente. Yo me siento afortunada por haber podido vivir todos esos años con los hijos de los trabajadores. Para mí, la cosa es muy natural: ellos son mis amigos, aprendes a respetarlos, y el respeto tiene que ser auténtico.
Su empresa iba bien. En 1977, sin embargo, fue un año difícil para la minería y usted decidió trabajar en la empresa de su familia.
Era un año de vacas flacas. Con los precios de entonces (de los metales) la situación estaba bien difícil. Ahí me integré a la minería.
En 1999 la cosa se puso peor. La mina Poderosa, de eso solo tenía el nombre. Hubo incluso que reestructurar su deuda en el Indecopi.
En minería hay épocas de bonanza y épocas de crisis. Teníamos un problema de reservas: el mineral que teníamos no era bueno, estaba la crisis de precios: la onza de oro llegó a US$2,51. Hoy está sobre los US$900. Además, estábamos muy endeudados.
¿De cuánto era la deuda?
De US$50 millones; y el año 2000 vendimos solo US$17 (millones). Era una situación bien complicada. ¿Qué hicimos? Tienes que tener mucha serenidad, mucha claridad en lo que quieres lograr; y debes tener al equipo adecuado. No necesitas estrellas, sino a gente comprometida, capaz y con mucho amor por lo que hace.
¿No pasó por su cabeza la idea de vender la mina de la familia?
¡No!
¿Por qué?
El dinero es necesario, pero hay un valor que va más allá de lo económico. Para mí este es un legado familiar al que me siento muy atada. Esta mina no solo la fundó mi padre, tuvo como primer geólogo a mi esposo. Hay muchas personas que han dejado parte de su vida ahí, y cuando las papas queman, tú no puedes dar la espalda e irte. Los obreros, los empleados, los ingenieros, merecen que te preocupes. Y no solo ellos, porque alrededor tienes una cantidad de pueblitos con gente que ha sido maravillosa contigo. Fue la primera en recibirte en zonas donde el diablo perdió el poncho. A esa gente tú tampoco le puedes dar la espalda.
Vuelvo a la reflexión anterior: ¿Cuánto conflictos se habrían evitado tantos empresarios mineros si pensasen como usted?
Hay que tomar en cuenta que hay mineros que no han tenido la suerte de vincularse con quienes viven en las zonas aledañas a la mina. Muy diferente es el caso de quien llega por primera vez a un lugar remoto o al que ya llegó alguien que dijo que la minería es mala. La minería, de malo no tiene nada. Es el motor del desarrollo de nuestro país.
Hoy (2 de julio) es el segundo día de la huelga minera. ¿Cuántos de sus trabajadores han parado?
Lamentablemente hay un grupo que hoy ha dejado de trabajar. En la parte mina, porque seguimos procesando mineral.
¿Cómo entenderlo? Si ustedes brindan un trato tan positivo...
No todo es tan claro. Hay muchas cosas que se cruzan: este es un paro político. La federación (Minera del Perú) quiere que paren, y como uno tiene gente nueva (Poderosa ha duplicado sus puestos de trabajo en los últimos años), esta no percibe que su compromiso con la federación no puede prevalecer sobre el que tienen con su fuente de trabajo.
Usted pertenece a una tercera generación de mineros. Sus hijos la están siguiendo.
Ellos tienen nuestro mismo espíritu. A mi hija le fascinan los temas de responsabilidad social, su tesis fue sobre un modelo de desarrollo para las comunidades alrededor de la mina Poderosa. Ella ahora coordina las tareas de responsabilidad social en la empresa. Mi hijo estudia la profesión de su padre.
A ambos, como a toda su familia, les debe reventar que la huelga tenga una motivación política.
Uno tiene que ser consciente de que siempre algo puede fallar, pero sí, nos ha desilusionado.
También es cierto que si el común de mineras trabajara como ustedes, no habría caldo de cultivo.
Pero muchas mineras trabajan como nosotros. Más bien son la excepción las que no lo hacen así: las que no siembran. Es en época de bonanza que los mineros debemos sembrar, y lo que debemos sembrar es capacitación.