Por Susan Abad. Enviada especial
CALI. "No hay mal que por bien no venga" es el refrán que Viviana tiene muy presente porque en ella el viejo adagio se cumplió con creces.
Residente de una de las tantas comunas que conforman el distrito de Aguablanca, la zona más deprimida de Cali, la joven de 21 años que derrocha alegría y buen humor cuenta: "Hace cuatro años, cuando terminé el bachillerato (secundaria), quería estudiar secretariado con énfasis en sistemas, pero la realidad era que mi mamá no tenía plata para darme estudio".
"Estuve buscando empleo y mientras no conseguía, mi mamá me ponía a hacer las labores de la casa. Una amiga me comentó de una escuela de baile en el barrio y yo me fui para allá huyendo de la cocina y la lavada de ropa", recuerda riendo.
Como ella, más de tres mil jóvenes de los barrios populares de la capital del Valle del Cauca están encontrando en el baile de la salsa una oportunidad, entre las pocas que les ofrece la vida, en sus comunas.
Entre estos muchachos están los alumnos de la escuela Constelación Latina, propiedad de Alirio Montezuma, un diseñador de muebles de 45 años que busca dignificar el baile que practica desde hace 30, "cuando a uno le pagaban el espectáculo con aguardiente y se mantenía en las discotecas bebiendo", recuerda.
Eran los 70, cuando la salsa llegaba de Puerto Rico y Nueva York en acetatos (discos de vinilo), a través del puerto de Buenaventura y encontró en Cali una ciudad cosmopolita, con un espíritu festivo muy afincado y arraigado, cuya gente ya tenía un elemento muy importante que era la influencia negra, con la forma y la fuerza de los ritmos afroantillanos para bailar. Explica el periodista e historiador Humberto Valverde.
"Fueron los tiempos en que los pelaos (muchachos) se ponían en las esquinas con una grabadora y se retaban a picaos (hacer figuras bailando)", dice Montezuma, quien guarda en la sala de su casa docenas de trofeos, diplomas y medallas que ha ganado a lo largo de su trayectoria artística.
Diez años más tarde, el auge del narcotráfico trae consigo el de las orquestas. "Los narcotraficantes procedían de barrios populares y pagaban por su música. Cali llegó a tener 100 orquestas. Con la caída del narcotráfico desaparecieron la orquestas", dice Valverde.
"Hoy somos nosotros los que estamos rescatando la salsa mediante el baile y, de paso, evitamos que se nos pierdan los jóvenes", dice Montezuma afirmando que muchos de sus alumnos son jóvenes que son estigmatizados "solo por el hecho de vivir en la comuna 14".
Y lo están haciendo con esfuerzo y pundonor: Cali tiene hoy un reconocimiento en el mundo por la calidad de sus bailarines. Tiene campeones en todas las modalidades: en pareja, infantil, grupo, rueda de casino y en modalidad tiempo uno, que es el baile que ya se conoce como estilo caleño.
El caleño es el único que baila en un tiempo, por eso el baile es tan rápido, nos explica Montezuma, mientras dirige a Laura que a sus 8 años ya vuela por los aires y hace difíciles piruetas bailando con Bryan.
CAMPEONES DE SALSA
Son las nuevas generaciones de bailarines que coinciden en el gran sueño de llegar a ser campeones.
Viviana y Ricardo son los únicos que han alcanzado la máxima gloria. Fueron campeones en el World Salsa Federation en el 2005 y desde entonces no han cesado de cosechar aplausos. Han bailado en más de ocho países, pero conseguir el dinero aún es un problema.
Con la plata ganada y con el ahorro que tenía Ricardo para comprarse una moto formaron la escuela Nueva Dimensión, en la cual preparan a diez parejas de bailarines del barrio, "y ahí vamos", dicen esperanzados.
Por lo pronto, se alistan para el próximo campeonato en Miami y a la vez que practican la coreografía se las ingenian para adquirir un nuevo vestuario. Para ello, están haciendo una rifa que por dólar y medio da la posibilidad de ganarse un celular, un pollo a la brasa y dos gaseosas de dos litros. "Eso es un buen premio por aquí", nos indica riendo Ricardo.
Delirio por la salsa
Producto de toda esa cultura popular que se vive en los barrios de Cali nació hace tres años Delirio, un espectáculo que mezcla el baile de la salsa con el circo, en una pieza artística que ya tiene reconocimiento mundial.
"La idea de la fundación Delirio es rescatar a ese bailarín de salsa y generarle unos elementos que le permitan sostenerse desde el punto de vista económico y artístico. Presentarle una oportunidad de vida muy importante y que tenga un referente donde llegar", dice su directora Andrea Buenaventura.
"El artista necesita tabla, un lugar donde presentarse y eso lo proporciona Delirio. Uno, como todo en la vida, debe encontrar qué da la tierra y en Cali se dan bailarines de salsa; entonces hay que ponerles todas las condiciones a estos muchachos y, en un futuro, permitir a Cali que encuentre su identidad y pueda exportar bailarines de salsa al mundo", explica.
MÁS DATOS
1. La Cámara de Comercio de Cali registra que en la ciudad existen 195 grupos de baile representativo con 3.250 bailarines.
2. Un total de 5.253 personas aprenden a bailar salsa en 45 escuelas especializadas.