Por Fabiola Torres López
La contadora Hilda Cruz no lo imagina, pero el agua potable que corre por el caño de su casa, en La Molina, depende de lo que suceda en la Cordillera Central: las aguas dulces del nevado de Shullcon alimentan al moribundo río Rímac en los meses de lluvias escasas.
Al taxista Jorge Ramírez le suenan ajenos términos como la rancha o la roña, pero su expresión cambia cuando le contamos que los alimentos de su dieta diaria pueden escasear si a 252 kilómetros de la capital, en el valle del Mantaro, los agricultores no logran controlar estas plagas exacerbadas por lluvias y heladas prolongadas.
Al ama de casa Luz Sánchez, ocupante desde hace 40 años de las riberas del río Rímac, las lluvias en la sierra la tendrían que hacer pensar en la reubicación de su vivienda, pero desde 1940 los desbordes e inundaciones siguen arrasando casas e incomunicando poblaciones de la ciudad asentadas en un suelo riesgoso.
Desacostumbrada a vivir condiciones meteorológicas extremas, Lima se percibe aún distante de los impactos del cambio climático. No sufre directamente olas de frío como Puno o lluvias de la intensidad de las que caen en Piura, pero su relación de dependencia con el resto de regiones la hace vulnerable ante los cambios meteorológicos en cualquier parte del país.
La cooperación alemana (GTZ), la consultora Libélula, el Consejo Nacional del Ambiente y el Instituto Nacional de Recursos Naturales (Inrena) han elaborado el primer mapa de vulnerabilidad del Perú frente al cambio de clima, basado en la comparación de los factores de riesgo naturales de cada región con sus Índices de Desarrollo Humano (IDH).
Maité Cigarán y Pía Zevallos, especialistas en gestión ambiental de Libélula que participaron en la redacción de este documento, advierten que aunque Lima tiene los estándares de calidad de vida más elevados del país, concentra a la vez todas las vulnerabilidades posibles: "Es la urbe más poblada del país, el centro donde se desarrolla el 95% de las actividades industriales y el 70% de las inversiones, pero no ha planificado su respuesta a las emergencias pese a los riesgos naturales de su ubicación geográfica, política y económica".
La Comisión Multisectorial de Reducción de Riesgos en el Desarrollo, de la Presidencia del Consejo de Ministros, elaboró un diagnóstico nacional, pero las estrategias y acciones que comprometen desde el Gobierno Central hasta las municipalidades están aún pendientes.
VIGILANCIA DE LA SALUD
La ingeniera meteoróloga Silvia Vidal de Millones, catedrática de la Universidad Católica, sostiene que en los últimos diez años la temperatura media de la capital (20 °C) se incrementó en medio grado. En 30 años (de los años 60 hasta los 90), se elevó en 1,4 °C. "Lima se está convirtiendo en una ciudad más cálida. Esa es la tendencia que sigue", sostiene Vidal.
Quizá para la mayoría de limeños pocas líneas para arriba o para abajo en la escala de los termómetros no significan un cambio dramático en su ritmo de vida. Sin embargo, esos aparentes pequeños cambios ya están desencadenando grandes retos.
El Ministerio de Salud así lo entiende: el aumento de la temperatura significa la aparición de vectores y enfermedades en zonas donde antes no se reportaban. El ministro Hernán Garrido Lecca señala que los casos de bartonelosis ya no se registran solo en tres sino en 16 regiones del país. Lima (Canta, comunidades asentadas en la ribera del Río Rímac, Santa Eulalia y Matucana) está en ese grupo.
"Ante ello, la respuesta empieza por fortalecer los sistemas de vigilancia sanitaria para adaptar los servicios de salud y educar a la población ante las variaciones climáticas", plantea Manuel Peña, representante de la Organización Panamericana de la Salud en el Perú.
La pesca es otro de los sectores sensibles: el incremento de la temperatura ha generado que la anchoveta, que vive en condiciones frías, ahora solo se encuentre a mayor profundidad. Las pesqueras se concentran ahora en el jurel y la caballa.
LLUVIAS E INFRAESTRUCTURA
Las lluvias intensas han sido episodios anecdóticos en Lima. Sin embargo, el fenómeno de El Niño ha puesto en aprietos a la ciudad con aguaceros que han desencadenado tragedias: interrupciones de vías por inundaciones y viviendas colapsadas. "El mayor riesgo se localiza en los distritos más pobres, donde la ocupación del suelo ha sido informal en nueve de cada diez construcciones", advierte el Colegio de Ingenieros de Lima.
"El sistema vial de la ciudad no se diseñó con un sistema de alcantarillado pluvial porque la capital no es una ciudad tropical", dice el ingeniero Pablo del Águila, presidente de la Asociación Peruana de Caminos (APC). De hecho, ni las nuevas construcciones viales contemplan esta contingencia.
A Del Águila le preocupa la alta vulnerabilidad de la Carretera Central, la única vía que conecta Lima y la sierra central. Por ello, la APC plantea la habilitación de dos vías alternas: la carretera Lima - Canta - Cerro de Pasco y Cañete- Lunahuaná - Pacarán- Chupaca - Huancayo. Varios tramos son solo trochas.
LAS CIFRAS
320.000
Personas viven en zonas vulnerables de la cuenca del Rímac, otras 33.000 a lo largo de la cuenca del Chillón y 5.000 en la de Lurín.
8%
Aumentarán las enfermedades diarreicas en Lima por cada grado centígrado de incremento de la temperatura, según un estudio publicado en la revista "Lancet".
22%
Retrocedieron los glaciares tropicales peruanos durante los últimos 25 años, con lo que se ha perdido un equivalente al agua que consume Lima en 10 años. La temperatura en la Cordillera de los Andes (2 y 3 °C) no permite que se forme nieve.