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Un 'Puma' suelto en la pista

ÍDOLOS. Su lealtad se mide en años, 19 como jugador de la 'U'. Su garra en partidos, 604; su leyenda en títulos, 7. José Luis 'Puma' Carranza volvió a encontrarse anoche en el 'reality show' "Bailando por un sueño" con esa ley que acompaña el destino: competir para seguir en carrera

Por Daniel Flores Bueno

"Música, maestro", grita desde el extremo de la pista de baile el ídolo histórico de la 'U'. A sus 44 años, aquel señor de brazos y piernas largas al que todo el país conoce con el apelativo del 'Puma' comienza puntual su ensayo. Nadie sabe el origen exacto de su sobrenombre. Aunque algunos dicen que se lo debe al cantante venezolano José Luis Rodríguez 'El Puma' y otros a la garra que siempre puso este jugador en los partidos de fútbol en los que debía defender la camiseta crema. Carranza prefiere creer en esta última versión. Hemos venido a verlo ensayar al canal Monitor en donde se graba el 'reality show' "Bailando por un sueño", una versión peruana del programa creado en México por Televisa en el 2005.

El estudio luce vacío salvo por los coreógrafos y la gente de producción que corren de un lado para otro ultimando los detalles de los ensayos. Es la una de la tarde y Rocío Charún, la pareja de baile del 'Puma', hija de un ex jugador de Alianza Lima, sigue los pasos de la canción "Claridad", de Menudo. Verlos ensayar es un espectáculo. Una mezcla de humor involuntario, entrega y ternura. Una y otra vez al ritmo de esa letra pegajosa del grupo puertorriqueño ambos concursantes dan saltitos, pasos, volantines, para que al final Rocío termine en los brazos del 'Puma'. El coreógrafo Arturo Chumbe, a modo de broma, dice que el 'Puma' ha mejorado mucho desde que comenzó en el concurso. "Ya pasó por todos los coreógrafos, así que ya aprendió de todos", comenta medio serio antes de que la risa lo traicione. Todos nos reímos con él, incluido el 'Puma', que nos cuenta una anécdota que viene a cuento. "Cuando era escolar me pusieron en el colegio Bentín. Ingresé a la sección G. Tú sabes que en una gran unidad escolar los mejores alumnos son aquellos que están en las secciones que van de la A a la G. Pues el segundo año me pasaron a la S. El tercer año a la Y. El cuarto año no pude más y les dije a mis profesores que por favor no me mandaran a la Z porque no iba a poder aguantar más". Todos nos volvemos a reír por esa forma tan sabia de asumir sus limitaciones.

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Al inicio de "Bailando por un sueño", el 'Puma' más que bailar parecía driblear a su pareja de baile. Ese fue el motivo para que los coreógrafos que lo entrenaban, en especial Arturo Chumbe, aplicaran una técnica capaz de salvar esa limitación propia de los que no tienen oído, ritmo o swing. Lo imposible es posible, dice Chumbe. Se refiere a que el truco para bailar cuando no estás dotado para este arte es contar. "Si cuentas los pasos, te va a salir. Si cuentas los números uno y dos, la cadencia no te va a traicionar. Así no tengas swing", dice este experimentado coreógrafo. Luego remata la frase con ese lugar común que sostiene que "los sueños se pueden hacer realidad". Parece retórica, una forma de consuelo, pero al mismo tiempo es una estrategia para no tirar la toalla y luchar con esa energía que solo la fe genera. El resto es el carisma, la entrega y la motivación.

Ese es el caso del 'Puma', un aguerrido luchador con sentido del humor. "Yo siempre bailo contento. Si viene la derrota, no voy a decaer. Se perderán batallas, pero no la guerra", explica el ex capitán crema mientras toma un poco de aire en el intermedio del ensayo.

Es evidente que el 'Puma' es consciente de que lo suyo no es el baile. Por eso se la ha pasado en capilla desde el inicio del concurso. Por eso ha sido sujeto de burlas de una de las competidoras, una de las cuales dijo que su baile era parecido al de una malagua. Por eso la gente sintoniza la televisión, para divertirse un rato con ese competidor.

Pero la primera lección que nos da este ex jugador es que las críticas no lo desaniman sino, por el contrario, lo motivan a poner más empeño. En su caso pareciera cumplirse ese aforismo de Friedrich Nietzsche que dice que "lo que no lo mata, lo hace más fuerte".

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La vida adulta de Carranza se podría decir que comenzó a los 12 años. A esa edad perdió a su papá. Había nacido en una familia sin recursos en el distrito del Rímac. Luego ingresó a la división de menores de la 'U' y vivió en el estadio Lolo Fernández. Por eso cuando le pregunto si hay que tener ritmo tanto en el fútbol como en la música, me responde que el único ritmo que conoce desde niño es el pan. "El pan hay que buscarlo donde sea. Yo por el pan mataba", cuenta. Ese es el ritmo para este tipo duro que tiene afición por las baladas de Roberto Carlos, que curiosamente habla de amores contrariados, millones de amigos, camioneros esforzados en carreteras desoladas, cuya ilusión es llevar el pan a su familia.

"Cuando mi padre nos dejó, mi madre siempre me decía a luchar, a luchar, y tuve que ponerme al hombro a toda mi familia. Por eso siempre me he visto como un luchador del día a día, porque la vida es dura", dice con su cara seria, para luego dejar aparecer esa sonrisa ladina que lo caracteriza. Esa es otra faceta del 'Puma' que ha conquistado al gran público.

Nadie conoce la vida de nadie. Cuando le pregunto a quién se parece más de su familia, me responde que a su padre. "Por eso tengo un cuchillo clavado que nunca me lo voy a poder sacar. Mi padre nunca me vio jugar ni siquiera un minuto. Eso lo llevo presente todos los días".

El 'Puma' ya no juega en la profesional. Tuvo una intempestiva salida que ya es historia. Ahora el destino lo ha puesto en un concurso en el que, al igual que él, otros luchan por sobrevivir. Su pareja de baile, Rocío Charún, por ejemplo, se gana la vida trabajando de amanecida. A pesar de eso, tiene que sacar energía para venir a practicar. Pero no basta la energía, dice el 'Puma', para él es clave la sonrisa. "Eso es lo único que le pido cuando bailamos. Ella baila mejor que todas las otras concursantes, pero la sonrisa es clave".

A primera vista en este concurso las estrellas ayudan a los soñadores a cumplir sus más grandes anhelos, pero si uno mira con detenimiento verá que todos se juegan la vida en la pista de baile y esto último no es una metáfora. Ese parece ser el caso de este ex futbolista cuya historia se parece a la fábula de la tortuga y la liebre. Un bailarín por el que nadie da un cobre, pero que --de no haber sido eliminado-- avanza lentamente y a paso firme hacia la meta.

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