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EL LADO OCULTO GIULIANA REYNA, DIRECTORA GERENTA DE GLOBAL RESEARCH MARKETING

Pasito a paso, cede el estrés

NO SE LO RECOMIENDA A NADIE, PESE A QUE ELLA NO LO DEJA DE HACER (CHAMBEAR 'DE BOLETO'). NO JALABA, ¡TENÍA QUE HACER ALGO! ENTONCES SUS PIES --SOLITOS-- LE MARCARON EL CAMINO

Por Antonio Orjeda

él completamente ampollado y ella que no paraba de reír. La ropa deportiva la había comprado a última hora, las zapatillas de lona le hicieron puré los pies cuando --pese al dolor-- igual la siguió por ese sendero empedrado. Parque Ñu Guazú, afueras de Asunción, Paraguay. Él, sueco. Ella, peruana. Él, templadazo. Ella que no paraba de reír.

El sueco finalmente la alcanzó, hoy están casados. Giuliana no deja de correr.

DE LARGO ALIENTO
Giuliana estudió en varios colegios. "No porque haya sido una estudiante falluta, sino por el trabajo de mi papá". Hija mayor de un administrador de bancos, regresó a Lima a los 13 años, después de haber vivido en Tacna, Arequipa y Moquegua. Su casa en este último departamento estaba a un par de cuadras de unas vaquitas a las que ella y sus hermanas llegaban cada mañana con su jarra de loza para regresar con leche recién ordeñada.

"Pero cambiar (de residencia) te ayuda a crecer, pues no es fácil hacerte cada vez de nuevos amiguitos".

Giuliana no tenía 25 años cuando fue fichada para trabajar en Paraguay. No lo dudó y partió. Chile, Argentina, Brasil, Centroamérica, también Perú. Alta ejecutiva, Giuliana no paraba de viajar. Trabajaba 15, 16 horas al día. Era común que se pasase una noche sin dormir.

"Llegó un momento en que sentí que de alguna manera tenía que desfogar el estrés".

Un viernes le planteó a la chicas de la oficina ir a tomarse un trago. "Silencio sepulcral". El machismo paraguayo no tiene comparación con el local, asegura Giuliana. De hacerlo, solas, podían ser mal vistas. Esa fue la experiencia que le tocó vivir, y ella que no sabía cómo diablos aniquilar el estrés.

Comenzó a caminar. En las afueras de Asunción está el parque Ñu Guazú. Enorme, con lagunas, senderos para trotar. Sus pies la comenzaron a llevar. De pronto, estaba corriendo. Dejó de hacerlo solo los fines de semana. "Sentí que me hacía bien".

Fue entonces cuando le dijo al sueco que si quería, un día la podía acompañar (y usted ya sabe lo que ese día pasó).

A toda ciudad que le tocó visitar, Giuliana comenzó a llevar su tenida deportiva. Quienes la conocen, saben ahora que ella no puede vivir sin correr. Tanto así, que estando embarazada le obsequiaron el cochecito de tres ruedas con el que sale a trotar teniendo como feliz pasajero a su Constantino. Pero esto ya ocurrió en Lima. Giuliana regresó para abrir su propia empresa. Antes de que naciera su feliz pasajero, corría seis veces a la semana. Hoy, con suerte, llega al cuarto día.

Guliana tiene presente un recuerdo que le gustaría revivir con Constantino. "De chiquitas nos íbamos con mi papá a pescar (a Huacho) y él sacaba los caracoles de las peñas, los remojaba en el mar y nos los daba de comer. ¡Lo tengo grabado! Quiero hacer lo mismo con mi hijo".

Mientras ese momento llegue, en la playa por la que ella corre ya tiene identificado a un pescador que siempre la espera --al final de cada trote-- con un pulpo o pescado que Giuliana lleva a casa para compartirlo con el sueco que --pese a las ampollas-- supo darle el alcance.

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