Por Alberto Pascó-Font [Economista]
La infraestructura de transporte público es escasa en un país con una geografía como la peruana. La mayoría de las obras que despiertan el interés del sector privado ya han sido concesionadas: el aeropuerto Jorge Chávez, el Muelle Sur del Callao, los tramos de la carretera Panamericana alrededor de Lima.
Adicionalmente, con el déficit de infraestructura existente, pensar que se puedan ofrecer en concesión muchas obras sin ningún apoyo estatal es iluso. Sin embargo, la desconfianza o la incapacidad del Gobierno para poder analizar iniciativas privadas ha cerrado la puerta para que el sector privado proponga proyectos en los que se necesita algún tipo de apoyo, ya sea como garantía o como aporte del Gobierno. Ni se hace, ni se deja hacer.
Este es un típico caso del perro del hortelano. El Estado, en sus diferentes niveles nacional, regional y local, ha evidenciado una escasa capacidad de gestión para ejecutar los recursos que posee y proveer servicios públicos adecuados en un plazo de tiempo razonable. Los fondos están ociosos en cuentas bancarias del Banco de la Nación sin que nadie los use mientras la población padece una infraestructura deficiente.
Obviamente, hay que filtrar adecuadamente las demandas de gasto que puedan requerir las iniciativas privadas y tener la capacidad para decir no cuando su evaluación es negativa. Su presentación no compromete al Estado a ningún nivel. Pero esto es distinto a prohibir por ley que se presenten esas iniciativas o que puedan admitir a trámite para ser calificadas. Quizá hubiera sido más útil pensar en un mecanismo y así canalizar la iniciativa privada para elevar la calidad del gasto público, en lugar de excluirla de cualquier posibilidad.
Los temores de un desborde del gasto fiscal han llevado a una posición muy conservadora de bloquear este tipo de iniciativas. La moderación en el gasto, en un contexto de incertidumbre internacional, es deseable pero no debe ser el principal criterio en un país en el que todavía el 40% de la población es pobre y carece de servicios adecuados. Encontremos un justo medio en lugar de cerrar puertas.