Seguros de ser los dignos herederos de la cultura mochica, un grupo de moradores de los caseríos de Hornitos y La Colorada de Mórrope empezó a desempolvar una antigua tradición que estaba a punto de desaparecer de la tierra que hace varios siglos gobernó el Señor de Sipán: el trabajo con los mates burilados.
Con el respaldo del Gobierno de Nueva Zelanda, a través de la embajada que tiene en Chile, y con el apoyo del joyero chiclayano Franklin Pisfil Huatay, el proyecto de revaloración de la técnica de los mates burilados y repujados con incrustaciones de plata y cobre ha tenido buena acogida en Mórrope, donde 25 niños y adolescentes intervienen en la producción de las singulares artesanías.
Gracias al interés puesto por los artesanos, ellos presentaron una muestra denominada "Arte precolombino lambayecano", que se expuso hasta ayer. Los asistentes pudieron ver 34 distintas formas de mates repujados en plata y cobre, así como doce mates burilados que forman parte de la cosecha del conocido artesano Hilario Valverde, de Mórrope.
El director de la organización no gubernamental Talentum, Franklin Pisfil, recordó que al principio los adultos de Hornitos y La Colorada mostraban total escepticismo sobre el tema, pero a medida que avanzaba la capacitación se dieron cuenta de que hay un interesante segmento de mercado que gusta de comprar los mates burilados y repujados, actividad que les permitirá dejar atrás la extrema pobreza en la que viven.
Los responsables de la ONG también dictan cursos para la creación de microempresas. Esto permitirá en el futuro inmediato aprovechar el mate o calabaza que crece en Piura y Lambayeque para vendérselo a los artesanos del sur y centro del país, quienes, gracias a una temática costumbrista andina, han logrado conquistar los mercados de Europa y Estados Unidos.