Narbonne [AGENCIAS]. El británico Mark Cavendish ganó ayer la duodécima etapa del Tour de Francia, aunque el centro de atención fue otro escándalo de dopaje que volvió a estropear la imagen de la carrera más importante del ciclismo mundial.
Riccardo Riccò firmó ayer la tercera página negra del Tour de Francia al dar positivo en la prueba antidopaje por una sustancia más nueva, eficaz y difícil de detectar, un nuevo tipo de EPO (hormona que provoca la producción de glóbulos rojos) que muestra que el dopaje corre más que el ciclismo.
La 'Cobra' envenenó el Tour. Expulsado y arrestado en la salida de la duodécima etapa, en Lavelanet, el italiano que reinaba sobre la montaña se llevó por delante a todo su equipo, el Saunier, que avergonzado por su líder carismático abandonó la carrera en bloque, pese a que el español Juanjo Cobo ocupaba un digno octavo puesto en la general.
La picadura de la 'Cobra' fue más mortífera que las que le causaron al tour los españoles Manuel Beltrán y Moisés Dueñas, los dos primeros positivos. Riccò era uno de los hombres importantes, noveno de la general, rey de la montaña, ganador de dos etapas y candidato al podio de París.
El veneno de la 'Cobra' es más letal. Riccò es un ciclista atípico hasta para doparse y, si los dos españoles dieron positivo por EPO de toda la vida, el italiano se buscó una nueva variante de esta sustancia que ayuda a la recuperación, un producto de tercera generación más eficaz, de más duración y más difícil de detectar en los controles normales.
Pero la Agencia Francesa de Lucha Antidopaje (AFLD) se apuntó un nuevo tanto. Había avisado que todavía no tenía a punto el método para detectar la EPO de tercera generación, aunque en Chatenay-Malabry ya lo usaban. Y Riccò fue la primera víctima.
Siempre sospechoso
Riccò figuraba entre los sospechosos porque sus niveles sanguíneos habían revelado anomalías inquietantes en los controles efectuados en los días previos al inicio de la competición.
Su nombre estaba en la lista negra pese a que el ciclista cuenta con un papel de la Unión Ciclista Internacional (UCI) en el que se reconoce que su tasa de hematocrito es elevada de forma natural, sin necesidad de consumir ninguna sustancia dopante.
Ese factor eximente no detuvo a la AFLD, que lo sometió a controles un día sí, uno no. Hasta cinco pasó el ciclista del Saunier. "¡Que me controlen cuanto quieran!", exclamaba la 'Cobra' cada vez que le preguntaban sobre el caso.
Sobre todo cuando ganó la sexta etapa, con final en Super-Besse, y la novena, que acababa en el Hautacam, primera meta en un puerto de categoría especial, el italiano subía más deprisa que nadie y, aunque repetía que sus aspiraciones no estaban puestas en la general, la fortaleza que mostraba con la carretera cuesta arriba lo delataban.
Tardó más de la cuenta en caer, pero al final cayó. La EPO de tercera generación es más difícil de detectar y costó más a los médicos hallar sus rastros. Pero aparecieron en la orina de Riccò, recogida al final de la cuarta etapa, la contrarreloj de Cholet.
Dos días después venció en Super-Besse y tres más tarde en Hautacam. A cada paso que daba, la AFLD le pisaba los talones en virtud de su anunciada política de controles dirigidos. Menos controles pero más eficaces. Por el momento parece que da resultado.