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ANÁLISIS

Las posibles implicancias de un rescate

Por Farid Kahhat. Analista internacional*

Si la guerra de 1991 enseñó algo a Saddam Hussein sobre cómo sería la guerra del 2003, debió ser que, desde las primeras horas del conflicto, las fuerzas de Estados Unidos obtendrían la supremacía aérea. Lo cual, a su vez, implicaba que las líneas de comunicación y abastecimiento del Ejército iraquí serían destruidas en cuestión de días. Si el Gobierno Iraquí no podría hacer llegar órdenes, alimentos o pertrechos a los frentes de batalla, lo más sensato desde la perspectiva de la defensa del territorio era dotar a sus destacamentos militares del mayor grado de autonomía posible, tanto en materia logística como de mando. Pero eso no era lo más sensato desde la perspectiva de la supervivencia del Gobierno, porque hacía posible que esos destacamentos dieran media vuelta para enfilar sus baterías contra el propio Hussein. Ante esa disyuntiva, Hussein intentó mantener bajo su control las riendas del poder, con lo cual terminó por perder el territorio, el gobierno y su propia vida.

Ahora bien, ni siquiera en sus mejores épocas 'Manuel Marulanda' tuvo sobre las huestes de las FARC el grado de control que llegó a ejercer Saddam Hussein sobre las fuerzas armadas iraquíes. Y ciertamente no lo tendrá ahora 'Alfonso Cano' sobre una fuerza en proceso de ser desmembrada. Porque si algo demuestra el reciente rescate de rehenes por parte de las fuerzas armadas colombianas es el hecho de que las líneas de mando, comunicación y logística de las FARC han sido quebradas.

Incluso si aceptásemos la versión de las FARC según la cual el rescate fue posible por la traición de dos custodios, ello querría decir que los rehenes más importantes en su poder estaban bajo el control de un par de facinerosos sin mayor jerarquía dentro de la organización. Confirmaría, además, que las FARC han sido infiltradas hasta la médula por la inteligencia militar colombiana.

Si aceptamos, en cambio, la versión del Gobierno Colombiano, ello implicaría que esos custodios no tenían forma eficaz de comunicarse con la cúpula de las FARC para confirmar las "órdenes" que los agentes de inteligencia les hacían llegar a nombre de su líder máximo. Dado que habría sido el uso de un teléfono satelital lo que permitió la localización y posterior destrucción del campamento en el que se encontraba 'Raúl Reyes', los miembros del secretariado habrían dejado de recurrir a medios de comunicación que pudiesen ser interceptados. En su lugar, las FARC recurrirían cada vez más a correos humanos. Pero además de consumir un tiempo valioso, ese tampoco sería un medio confiable para hacer llegar órdenes a los distintos frentes, dado el nivel de infiltración que padece la organización, así como un número de deserciones que alcanza proporciones epidémicas.

En cuanto a la logística de las FARC, el testimonio de los rehenes liberados sobre la precariedad de las condiciones en las que vivieron su cautiverio es revelador. Porque en este caso la falta de alimentos y medicinas no puede atribuirse a una escasez de recursos: las FARC constituyen la insurgencia mejor financiada que jamás haya existido en el hemisferio occidental. Y, pese a los golpes recibidos, hay indicios de que sus principales fuentes de financiamiento (el secuestro y el narcotráfico) siguen funcionando: el propio Gobierno Colombiano estima en más de 700 el número de rehenes que las FARC retiene con el propósito de obtener un rescate. Y, según fuentes de Naciones Unidas, los cultivos de coca en Colombia han crecido de manera significativa en los últimos años. El problema no sería entonces la carencia de recursos, sino más bien la manifiesta incapacidad para hacerlos llegar a su destino.

Pero el eventual desmembramiento de las fuerzas del enemigo no siempre es una buena noticia. Lo sabía el Gobierno de Estados Unidos cuando reescribió la historia de la Segunda Guerra Mundial para convertir al emperador Hirohito en un venerable rehén del alto mando militar japonés, ajeno por ende a toda decisión de Estado. Hoy sabemos que esa imagen dista de ser cierta, pero en ese momento ayudó a preservar la semblanza de un mando legítimo y centralizado, capaz de firmar una rendición que habrían de acatar todos los súbditos de su imperio.

El día que 'Alfonso Cano' pierda capacidad de interlocución en representación del conjunto de las FARC, desaparecerá la posibilidad de una solución política al conflicto armado en Colombia. Podríamos incluso estar ante un escenario que no es del todo desconocido para los colombianos: recordemos que si bien la muerte de Pablo Escobar representó el principio del fin para el cártel de Medellín, no implicó ni por asomo el fin del negocio del narcotráfico, sino su gestión descentralizada por una miríada de nuevos actores.
*CATEDRÁTICO DE LA PUCP

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