Por José Rosales Vargas
Aferrada a una foto de su alegre e inquieta Sandrita, Cecilia Carbajal Herrera solloza en la pequeña habitación que su hija ocupaba. La afligida madre ya no llora pues sus inflamados e irritados ojos ya no tienen lágrimas. "Ya no quiero vivir", musita mientras su familia trata de consolarla inútilmente.
Desde la tarde del pasado martes 15, cuando corrió el rumor del hallazgo del cuerpo de su adorada hija, semienterrado y al borde de una acequia, Cecilia ha tenido que cargar con este inmenso dolor que no es aplacado ni siquiera por los calmantes que le han suministrado, según confiesa su hermana Ana.
Lo mismo -- dice Ana -- le está ocurriendo a nuestra madre, Valentina Herrera, que estaba a cargo de Sandrita desde hace casi dos años, cuando mi hermana Cecilia decidió trabajar en Lima. "Todos los sábados ella retornaba con ansias para atender a su pequeña hija que se había convertido en la engreída de mi madre y de toda mi familia", recuerda.
Jaime Figueroa Concepción, padre de la menor, en todo ese tiempo a la fecha no se ha acercado a la casa de los Carbajal Herrera; él siempre negó su paternidad. "Ante la negativa de este hombre, decidimos que Sandrita sea bautizada con los mismos apellidos de nuestra familia", dice Gladys, la hermana mayor de los Carbajal Herrera quien tratando de superar el acongojado ánimo que se respira en la modesta casa de esta familia lleva siempre una palabra de consuelo y esperanza.
"Parece que la desgracia se ha apoderado de nuestra familia", dice, pero enseguida retruca que ni el infortunio ni el dolor podrán doblegar a los Carbajal Herrera.
Mientras la pena de esta modesta familia no cesa y, probablemente continúe por un tiempo difícil de predecir, la policía trata de encontrar al autor del cobarde homicidio de la menor. "Estamos estrechando el cerco del posible autor de este repudiable asesinato", asegura un curtido oficial de la Divincri-Ica, quien deslizó una nueva evidencia que apuntaría a un tío cercano de la menor como el probable victimario. "Estamos tras sus pasos. Este ha desaparecido intempestivamente de Chincha y sabemos que hace varios años estuvo procesado por el secuestro y ultraje de una menor", resume el oficial.
Las nuevas pistas que ha encontrado la policía, sin embargo, no calman la indignación de la población que exige la remoción del comisario, comandante PNP Jaime Pillaca Esquivel, y su personal. Además se ha convocado para el próximo martes a un paro provincial en rechazo de este crimen. Pero todo esto no calmará el dolor de una madre.