Por enésima vez somos testigos de otra desvergonzada conducta parlamentaria, que degrada aun más al Congreso. Esta vez, la conversación entre Carlos Torres Caro y Gustavo Espinoza revela esa pervertida forma de hacer política que, en lugar de servir a los electores, promueve el todo vale y el vil aprovechamiento personal.
"Hay que pensar en el país", le dice Espinoza. "No, no, aquí es el bienestar de nosotros primero. Antes de pensar en el bienestar del país tiene que estar el bienestar tuyo" refuta este neofilósofo de la bribonería. Tal franqueza de Torres Caro, despojado del disfraz que usa ante cámaras, solo fue posible por una grabación subrepticia e ilegal que hizo Espinoza, quien, sabiendo de su ardid, asume una falsa preocupación nacional.
Ambos son emblemáticos tránsfugas del humalismo. Uno conocido por tomar fotos en Brasil a sus colegas y filtrarlas para que parezca una francachela, en tanto que el otro lanzó irresponsablemente y sin sustento una denuncia de violación sexual contra un ex presidente. Ahora, el primero se desnuda y descalifica por sus frases y el segundo por su montesinista forma de grabar a escondidas para luego chantajear.
¡Y después se preguntan por qué el Congreso está tan desprestigiado! La sanción contra Torres Caro y Espinoza debe ser ejemplar y no un enjuague más. Si el tema estuviera en manos de los votantes, con la postergada renovación por tercios, muchos otorongos dejarían sus cargos no solo por un asunto de relevo democrático sino por una urgente profilaxis ética.