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Vivos muertos-muertos vivos

Por: Francisco Miró Quesada Rada. Politólogo |

Nada mejor que las palabras de Juan Tutuy Aspauza, rector de La Cantuta, durante la misa para recordar a las víctimas. "Estos muertos están más vivos que nunca, los que están muertos en vida son sus asesinos".

El horrendo crimen del profesor y los estudiantes es el verdadero rostro del gobierno fujimorista, cuando los valores importaban un comino al dictador, a Montesinos y su entorno más inmediato. El crimen fue planeado y de este hecho tuvo conocimiento Fujimori, es más, terminó amnistiando a los asesinos del grupo Colina.

Durante el gobierno fujimorista funcionó el crimen organizado, en su modalidad de asesinato y robo al Estado, con la diferencia que adquirió ribetes de oficialidad, porque se aplicó desde el Estado. Se estableció el terror de Estado y en este caso no hay ninguna diferencia entre el fujimorismo y Sendero Luminoso. Este último se gestó desde la sociedad y justificó sus crímenes en nombre de una ideología, el primero justificó sus crímenes en nombre del poder y de la seguridad pública. Las razones fueron distintas, pero mataron, mataron a estudiantes y otros ciudadanos. Además corrompieron empresarios, políticos, periodistas, catedráticos para intervenir las universidades, por ejemplo, a miembros de la policía y de las Fuerzas Armadas.

Uno se pregunta qué catadura moral tenían y siguen teniendo esas personas que califican de geniales a los corruptos y a un individuo que manda a asesinar.

Por eso causó escándalo, por supuesto, entre la gente coherente, honrada y decente, cuando se divulgó un spot donde salía Montesinos como si fuera un modelo por seguir, un paradigma, un ejemplo dotado de las más altas virtudes. Peor aún que el presidente lo haya justificado como un medio para desvirtuar a los que convocaron al paro del pasado 9.

Cuando se formó la Comisión de la Verdad y después cuando se le agregó de Reconciliación se dio un gran paso. Ahora sabemos mucho de la verdad, pero sabremos más cuando concluya el juicio a Fujimori, a Montesinos y a los involucrados en tan terrible asesinato y otras fechorías.

La verdad requiere de la justicia, una es inseparable de la otra. Cuando la verdad se impone se hace justicia, para cuando se hace justicia también se sabe la verdad.

Los peores enemigos de la justicia y de la verdad, aunque esta sea dolorosa, son el cinismo de quienes cometieron los delitos, su incapacidad de arrepentirse y pedir perdón, la sumisión de muchos a los poderosos, el temor para enfrentarse a los poderosos y denunciar a aquellos que se sienten valientes cuando tienen poder, que es una forma de esconder su cobardía. El poder no borra los delitos, tampoco lo hace el voto.

Interpretando las palabras del rector de La Cantuta, un ser viviente sin alma es un ser en el que todas sus partes no se mueven en armonía con la moral, es como un títere dejado en reposo por el marionetista. Un muerto en vida.

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