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EDITORIAL

Perdiéndose en las cifras

Por Carlos E. Aramburú. Antropólogo y demógrafo

El extenso y detallado mensaje presidencial estuvo lleno de cifras y recuento de obras, grandes y pequeñas. No tuvo, sin embargo, mayor novedad, ni planteó cómo concretar algunas de las innovaciones que sugirió. Partamos de comprobar y aplaudir lo que son, sin duda, logros importantes: crecimiento económico sostenido, mayor inversión privada y pública, y estabilidad macroeconómica. Sin embargo, el discurso, y el consenso nacional, reconoce logros insuficientes en el tema de la redistribución. La lógica presidencial privilegia la inversión pública como el principal mecanismo redistributivo, especialmente en carreteras e infraestructura. ¿Y qué hay de la reforma tributaria? ¿Cómo se financiarán las múltiples obras anunciadas?

En cuanto a políticas sociales, desde la apertura de su discurso se refirió a la juventud. Sin embargo, no anunció nada concreto en cuanto a políticas y programas de juventud. ¿Qué se plantea para la juventud rural? Anunció apoyo a la asociatividad agropecuaria para combatir el minifundio. ¿Cómo? Ni una palabra de la mal concebida Ley 1015...

Interesante su propuesta sobre "La reforma del alma", referida a la lucha contra la violencia doméstica, la corrupción, el racismo y, esto es clave, no culpar a otros de la responsabilidad propia. Pero ello requiere una campaña nacional de cambio de valores que nos una a todos en el reconocimiento de derechos sí, pero también de responsabilidades. Curioso que no se refiriese a aliados clave para esto: los medios de comunicación, el Acuerdo Nacional, la Defensoría del Pueblo, etc. El Gobierno cree que puede solo.

En cuanto a la descentralización, anunció la transferencia definitiva de Foncodes y de los programas de complementación alimentaria a los gobiernos locales y regionales. Esto último ya está en marcha. ¿Sin embargo, qué hay del apoyo técnico y la capacitación de funcionarios locales para mejorar la calidad del gasto público? El bajo nivel de gasto de los recursos del canon es prueba de que aumentar fondos de inversión sin flexibilizar el gasto corriente, con el que contratar profesionales capaces, no lleva muy lejos.

Positivo el anuncio del Ministerio de Cultura. Pero antes que un ministerio necesitamos una política cultural con dos ejes básicos: reconocimiento y valoración de la diversidad, y aprovechamiento de la misma para crear oportunidades de empleo e ingresos. Para ello los centros de formación artística y cultural, los programas de arqueología, historia y antropología en el ámbito nacional, deberían ser llamados a hacer propuestas en este sentido.

Finalmente, en lo relativo a programas sociales, no anunció ningún cambio de estrategia. No se habló de articular Crecer a programas de capacitación laboral para jóvenes, de desarrollar nuevos mercados y de la asociación privada-comunidades, mejorando y revisando la Ley de Usufructo. Tampoco resaltó la importancia de organizar a la población objetivo para asegurar su participación y corresponsabilidad en estos programas. Ni una palabra sobre la formación técnica y profesional y el papel de las universidades. Solo más de lo mismo.

Falta lo más difícil. Inversión en capital humano, cambio de valores y profundizar la reforma del Estado. Para ello la unidad de visión y el concurso de todos los sectores y organizaciones responsables resulta indispensable. Ojalá se supere el autismo oficial, para construir colectivamente el país de nuestras esperanzas.

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