Por Luis Silva Nole
Sus manos callosas, pintadas de tierra desde las uñas hasta las muñecas, lo delatan. Es campesino, aunque acostumbre cosechar sus papas con gorro de fino talle, camisa a la que solo le faltan los gemelos, grueso pulóver de tono sobrio y cuello V, y pantalón de terno con pliegues subrayados.
A simple vista, solo sus zapatos de goma reafirman lo que dicen sus manos. Leonardo Timoteo Salcedo es agricultor, de esos que han acumulado sabiduría de los apus y que se han pasado la vida abriendo surcos en la pachamama.
Pero si se ve más allá, este hombre de 72 años y pocas canas aparece en medio de un universo de papas de diversas formas y tamaños, en las alturas de San Miguel de Putaca, un anexo de Huasahuasi, distrito de la provincia de Tarma, en el departamento de Junín.
Ahí está la diferencia. Más allá de su ropa, Leonardo no es un campesino cualquiera. Es un adulto mayor que no siembra para fines comerciales. Lo suyo pasa más por la tradición y el altruismo.
En el Año Internacional de la Papa, solo en su chacra de Putaca se da el lujo de producir 180 variedades de ese tubérculo, orgullo de nuestro país.
Se autodenomina un conservacionista de la papa nativa. Y lo es. Heredó de sus padres la pasión por mantener vivas las variedades más caprichosas de papa, aquellas de pureza jamás contaminada por irrespetuosos y comerciales injertos.
Hoy Leonardo es conocido en Huasahuasi, a 2.820 m.s.n.m., como el rey de la papa nativa, y la municipalidad de ese distrito lo reconoce como el mayor conservacionista de ese tubérculo en una tierra que es considerada la capital semillera del Perú.
TRABAJO METICULOSO
La papa piña, llena de protuberancias y 'ojos'; la huayro macho, que puede ser tan grande y larga como un pepino; la mano de puma, de forma similar a la pezuña de un felino de esa magnitud; la capucha y la azulpacha, de tonalidades rojas y azules, respectivamente, en su interior; y la runtush, de apariencia morada.
Esas son solo algunas de las modalidades de papa nativa que Leonardo siembra y cosecha cada año en los cerros que sirven de balcones desde los que se puede observar el verdor de Chanchamayo.
"La siembra la hacemos en setiembre y cosechamos en mayo, junio y julio. Ahora estamos en la última parte de la cosecha. Desde chico hago lo mismo. Como soy parte de la comunidad campesina de Huasahuasi, puedo sembrar y cosechar en cualquiera de los anexos del distrito. Ahora trabajo en San Miguel de Putaca. Una vez cosechado, no se puede volver a sembrar en la misma tierra. Se tiene que buscar otro lugar porque la tierra debe descansar por lo menos cinco años", explica Leonardo, quien desea fervientemente que por lo menos uno de sus siete hijos --eran diez, pero tres fallecieron-- y 21 nietos, también dedicados a la agricultura, prolongue su labor conservacionista.
Para el gerente de desarrollo económico de Huasahuasi, Jorge González Segura, Leonardo es el mayor conservacionista local.
"Hay otros en el distrito que tienen poco más de 100 variedades, pero Leonardo los supera con 180. El concejo trata de apoyar a los conservacionistas de papa promocionando sus productos, como sucedió en la Feria de la Papa que organizó el distrito limeño de Surco hace un par de meses. Ahí Leonardo, en persona, exhibió solo 40 de sus variedades", refiere González.
Si a fines de mayo de este año el Ministerio de Agricultura de Chile hizo públicas 60 nuevas variedades de papa oriundas de la isla de Chiloé, al sur del vecino país, Leonardo Timoteo, solo, sin tener detrás un aparato gubernamental que destaque su tarea de conservación, en medio de cerros fértiles coronados por nubes, no se cansa de contar sus 180 tipos de papa, en una zona reservada para hombres de acero, a la que solo se accede caminando.
NO SE VENDE
"Soy un agricultor que me dedico mayormente a mantener viva la papa nativa. Esa no se vende, solo la consumimos y la volvemos a sembrar. Aunque también produzco papa comercial como peruanita, negra, huayro y amarilla. Estas últimas las vendo al acopiador a 50 soles el quintal de 60 kilos. Este las lleva a Huasahuasi, donde las compra el mayorista. De ahí van a Tarma e incluso llegan a Lima, para el consumo final", dice Leonardo.
El rey de la papa nativa, que vive en las afueras y más arriba de Huasahuasi, pero que cuando trabaja la tierra pasa las noches en un tambo contiguo a su chacra, solicita, sin tapujos, que el Ministerio de Agricultura haga que bajen los precios de fertilizantes y el guano para seguir manteniendo vivas las variedades más exóticas de papa.
Ciento diez carneros, diez vacas, dos toros, tres perros y dos caballos son los bienes móviles de este campesino insignia de Huasahuasi. Pero lo más valioso para él es la papa nativa, que no se compra ni se vende y que, coincidentemente, lo mantiene vivo.