Por Luis Corvera Gálvez
En su primer mensaje a la nación durante su segundo mandato, el presidente Alan García no dudó en ponerle una meta al país: superar comercialmente a Chile. Un objetivo que a pesar de los cuestionamientos iniciales, hoy se considera totalmente viable. Es más, incluso los chilenos lo creen y se preguntan cómo evitarlo.
Su último mensaje, si bien fue muy pobre en cuanto a metas, planteó tres objetivos muy concretos: mantener tasas de crecimiento de la economía por encima del 8% al año, reducir el gasto público para evitar presiones inflacionarias y gastar más en mecanismos que ayuden a incrementar la inclusión social en el país. Un trío de metas que para algunos parecen opuestas entre sí y que, por tanto, generan dudas sobre si se podrán conseguir.
Pues bien, aunque existen algunos analistas privados que coinciden con el MEF y el BCR en que es posible superar el 8% de crecimiento del PBI este año, ninguno cree que pueda mantenerse esta tasa en los dos años siguientes (la media es de casi 7%).
"Hay que sacarnos de la cabeza la idea de que vamos a crecer a 8%. EE.UU. acaba de ajustar a la baja sus estimados de crecimiento y no importa lo que hagamos, creceremos menos", comenta Eduardo Morón, investigador de la Universidad del Pacífico. Es más, añade, "en algunos días se publicarán los ajustes al Marco Macroeconómico Multianual y dudo mucho que el MEF ponga un estimado de crecimiento de 8% o más para el 2008 y 2009".
Debemos tener en cuenta algo más, advierte Kurt Burneo, ex viceministro de Hacienda. Si bien el TLC es favorable, el momento en el que se aplique podría generar problemas. Y es que con una economía casi recesada, en lugar de tener un mercado al cual venderle, lo más probable es que incremente sus exportaciones hacia el Perú, deteriorando aun más las cuentas fiscales y limitando el crecimiento. No hay que obviar, indica, que en el primer trimestre de este año ya se tenía un déficit de cuenta corriente de 2% del PBI y es posible que el próximo año la balanza comercial pase de ser superavitaria a deficitaria.
En ese contexto, concuerdan ambos economistas, reducir el gasto público no solo es un objetivo deseable por García, sino necesario para tener una economía saludable. "Hay que dar señales de ajuste para evitar que las expectativas de inflación se desalíneen", explica Morón. Y más aun si se espera eliminar en algún momento el Fondo de Estabilización de los Combustibles, que hoy subsidia S/.3 por galón y que alivia mucho la presión inflacionaria.
En ese contexto, explica Burneo, dado que elevar la tasa de interés tiene un efecto que se percibe recién ocho meses después, es imprescindible para controlar la inflación ajustar el gasto público. Y lo más probable y manejable es reducir el gasto en bienes y servicios. "No es posible detener un proyecto en construcción ni dejar de pagar planillas", puntualiza.
Evidentemente, concuerdan ambos, en la medida en que se trata de dar señales de ajuste, no sería inteligente elevar el gasto social. Además, enfatizan, no es necesario. Y no es que no crean necesario reducir la elevada pobreza que enfrenta el Perú, sino que con el dinero existente es posible hacer más cosas.
"Fusionar programas es un acto administrativo. Hay que focalizarlos para que sean eficientes", señala Burneo. Y en ese sentido, Morón espera que Juntos pase de dar S/.100 a promover programas de inversión productiva. ¿Se hará?