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EL LADO OCULTO. HUGO LEÓN, GERENTE COMERCIAL DE HUSQVARNA PERÚ

El Ford F150 de papá

ÉL CONDUCE UN AUTO PODEROSO, HA PARTICIPADO EN PIQUES, PERO ESO ES LO DE MENOS. SUS DÍAS MEJORES AL PIE DE UN TIMÓN LOS VIVIÓ HACE VARIAS DÉCADAS, EN LA NAVE DE JOSÉ

Por Antonio Orjeda

Valerie está por cum-plir 15 años y no le ha pedido fiesta, sino viajar con él. Está todo planeado, con la mayor de sus princesas pronto partirá al Manu. Valerie ya conduce. Sí, él le ha enseñado. No, ella no aprendió a los 12 como él, cuando su padre, por las rutas de Cajamarca, le comenzó a soltar el timón de su añosa camioneta.

Valerie quiere viajar con él y Hugo no cabe en su pellejo. De niño, él moría por acompañar en cada una de sus travesías a José. A su papá. Sí, la historia se está repitiendo.

CAJAMARCA CORAZÓN
José León tenía una tienda de electrodomésticos que él mismo distribuía. "Mi papá viajaba mucho al interior de Cajamarca, y yo lo acompañé desde muy pequeño".

En realidad, desde muy pequeño no fue. Tuvieron que pasar 10 largos años durante los cuales Hugo no hizo más que ver cómo su padre y su ayudante subían refrigeradoras, cocinas... en la añosa camioneta y --chau-- partían.

"Yo le pedía que me lleve. Como siempre viajaba, lo veía muy poco y lloraba cuando él se iba". Hugo era el último de cuatro hijos, el único varón. "Sentía mucha melancolía", recuerda hoy.

Hasta que ocurrió. "Estamos yendo cerca, pero va a hacer frío". ¡A quién le podía importar eso! El día más esperado había llegado. Su madre lo forró. Hugo estaba a bordo. "Era una Ford F150, me acuerdo perfectamente". Tenían que entregar una refrigeradora en el pueblo de San Juan que --en efecto-- estaba cerca: a solo 40 kilómetros.

Les tomó tres horas. En los 70 los caminos no eran como ahora.

Y no solo hizo frío, llovió y la neblina los obligó a ir muy lentamente. Hugo llegó a casa constipado. El lunes en el colegio tendría una historia que contar. Estaba feliz.

En los pueblos la entrega de un producto se cierra con aguardiente. Ahora lo sabía. Y cuando la vía se terminaba, ahí mismo esperaban los clientes de papá para, entre cuatro, cargar y llevarse a casa el electrodoméstico que habían elegido en la ciudad.

Su padre como sea tenía que llegar con la mercadería. Por eso en la Ford F150 había una caja enorme. "Era sagrada". Ahí guardaban las herramientas. El día que se rompió el soporte del amortiguador, solucionaron el problema con alambres. Más adelante, un camionero los auxilió. Había comenzado a anochecer. Hugo se hizo cargo de la linterna.

Los sábados, los chicos del equipo de fútbol le comenzaron a reclamar. ¡Ya no había quién pateara los tiros libres! En casa, su madre y hermanas pusieron el grito en el cielo. ¿Qué había pasado? Simple: papá había reprogramado sus viajes. Comenzaron a ser los fines de semana. Sí, para irse a repartir sus productos junto al último de sus vástagos. Sí, eran un equipo.

A los 12 le enseñó a manejar. A los 15 empezó a pagarle por su labor. Hugo había comenzado a necesitar dinero. Sí, las fiestas habían llegado, la adolescencia entró a tallar. A las aventuras a bordo del Ford F150, le salió competencia. Hugo fue dejando de acompañar a papá.

Hoy tiene un auto poderoso, un Subaru Impreza que lo sabe bien: no se compara con la camioneta de José León.

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