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ANÁLISIS

Crisis moral y política

Por Henry Pease García. Ex presidente del Congreso

Estamos tocando fondo, pero ante el nuevo escándalo causado esta vez por una congresista de UPP no podemos limitar nuestra reacción a repetir "más de lo mismo", reiterar condenas que son justas y necesarias junto con la demanda de sanciones rápidas. Es evidente que hay una crisis moral que afecta la legitimidad del sistema político y puede devenir en su momento en crisis política.

En la conducta de la congresista denunciada es evidente que no sabe distinguir entre intereses particulares y funciones y recursos públicos, que se cree con derecho a maltratar a una trabajadora solo porque se siente poderosa y que está dispuesta a burlar las reglas administrativas y presupuestales. Su invocación a compartir es inaceptable en la función pública y muestra que la legisladora opera armando su clientela con sus propias reglas de juego y engaña al Congreso.

Pero este escándalo no se da en el vacío ni es mera repetición de lo que antes hicieron otras congresistas individualmente. Se produce cuando el país contempla boquiabierto las evidencias de trato preferencial al ingeniero Fujimori, enjuiciado por gravísimos delitos en la acusación que se está procesando y ya con una sentencia que lo confirma delincuente. Se sospechaba que se habían negociado los votos para la directiva del Congreso con "favores" de este tipo y las declaraciones contradictorias de funcionarios del Gobierno lo están confirmando, al extremo que la fiscal de la Nación ha salido a recordarles que la ley obliga a dar igualdad de trato a los presos.

Ya mucha gente siente que la impunidad que reinó en el fujimorato no solo se resiste a desaparecer, sino que le valdrá al máximo responsable de ese gobierno delictivo. Pero la crisis moral, que se siente por todas partes, comienza a mostrar visos políticos de consecuencias imprevisibles. Ya hay una segunda bancada de tránsfugas cuya única justificación es aferrarse a los favores del partido de gobierno. Los legisladores de Unidad Nacional no pueden escudarse en sus partidos para cambiar de bando porque fueron elegidos como alianza y a ese voto se deben. El Parlamento aparecerá aun más fragmentado --eso se ha dado también en UPP y por el mismo motivo--, pero no porque el electorado lo hizo así al votar sino por la falta total de escrúpulos en estos y otros representantes, por la ausencia de lealtades firmes, por el oportunismo a toda prueba que hace que mucha gente sienta náuseas al observar la escena política.

Se requiere un golpe de timón, un ¡basta!, y un esfuerzo por construir partidos que merezcan tal nombre, que no sean simples "vientres de alquiler" ni entelequias dóciles a su caudillo. Esta crisis se debe en mucho a la persistencia en desinstitucionalizar, imponer caudillos, negándose a dar normas que en forma rápida permitan salir de gente cuya conducta escandalosa está arrasando las instituciones democráticas.

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