CEREMONIA FÚNEBRE. Velatorio de Alexander Solzhenitsin
MOSCÚ [AGENCIAS / EL COMERCIO]. Mientras llueve intensamente fuera de la Academia de Ciencias rusa, en su salón principal miles de rusos asistieron al velatorio del premio Nobel de Literatura Alexander Solzhenitsin, un disidente de la era estalinista y celebrado patriota que recibió ayer honores de héroe.
Una guardia de honor militar rodeaba el sarcófago de caoba cubierto de raso blanco, mientras los asistentes pasaban lentamente depositando algunas flores a sus pies. Natalia, la esposa de Solzhenitsin, intentando contener las lágrimas, se encontraba junto al ataúd con sus hijos y nietos, al lado de una bandera de Rusia con una banda negra. En un momento, se inclinó para besar el borde del cajón. En la ceremonia no se pronunciaron discursos, solo se trasmitía por los altavoces una música suave.
El ex presidente ruso y ahora primer ministro, Vladimir Putin, asistió a la ceremonia fúnebre para expresar sus condolencias. Después de colocar un gran ramo de rosas rojas junto a la fotografía en blanco y negro del escritor, el poderoso político ruso ofreció a la prensa sus declaraciones: "Junto con toda la nación, él vivió la gran tragedia de las represiones", dijo en una reunión televisada con el ministro de Educación ruso. "Pero Solzhenitsin no solo sobrevivió, sino que, con sus obras y su vida misma, vacunó a nuestra sociedad contra la tiranía en todas sus formas".
Solzhenitsin --quien murió en su casa de las afueras de Moscú el domingo a los 89 años, a causa de un mal cardíaco-- será enterrado hoy en el monasterio Donskoi de la capital rusa. Se espera que a sus exequias acuda, asimismo, el presidente, Dmitri Medvedev, que interrumpirá para ello sus vacaciones en el Volga.
Entre los asistentes al funeral había muchas antiguas víctimas y presos políticos. "Yo también pasé por los horrores del Gulag", declaró la maestra Liudmila Alekseyevna al colocar claveles rojos sobre el ataúd. La mujer dijo haber venido con una amiga para despedirse de "un ser humano único". En efecto, la mayoría de los asistentes al funeral eran personas mayores de 50 años, rusos que habían leído los libros de Solzhenitsin cuando estos aparecieron en los años 60 y 70, cuando la trilogía "El archipiélago Gulag" escandalizó a la élite soviética y alentó a una generación de disidentes dentro de la Unión Soviética.
También la prensa rusa homenajeó al escritor. "Solzhenitsin hizo más que suficiente para entrar en la lista de los inmortales", escribió el "Kommersant". El gubernamental "Rossijskaya Gaseta" comentó: "Solzhenitsin aprovechó su larga vida no para él, no para divertirse y viajar, sino para el trabajo diario por el bien de la literatura rusa". La editorial moscovita Vremya planea publicar en el 2010 las obras completas del autor, en 30 tomos.
VEJEZ CONSERVADORA
Para los rusos más jóvenes, sin embargo, Solzhenitsin es una especie de padre severo de una era pasada, un hombre cuyo legado resulta tan complejo y difícil de aceptar como la personalidad del autor. La reacción ante su muerte entre la población general fue más bien discreta. El autor, que vivió 20 años en países occidentales tras su expulsión de la Unión Soviética en 1974, gozaba de poca simpatía entre los que tienen buenos recuerdos de la era comunista.
Por otro lado, en las últimas décadas de su vida, el escritor se había hecho una idea de Occidente que no correspondía a la realidad, lo que le originó un profundo desencanto y lo llevó a adoptar una postura de profeta bíblico que cuestionaba toda frivolidad, sensualidad, o irresponsabilidad occidental. Se refugió en el nacionalismo ruso y abrazó una visión dogmática del cristianismo ortodoxo, lo que le ganó antipatías en la opinión pública más joven. Como señala el crítico literario Julio Ortega, "En la nueva Rusia, el escritor Solzhenitsin se volvió un ultraconservador, nacionalista, moralista y antimoderno".
OPINIÓN
Mario Vargas Llosa. Escritor
"Solzhenitsin es una de las grandes figuras del siglo XX. Probablemente, su testimonio sobre lo que significó el estalinismo en sufrimiento humano, en genocidio y en destrucción de los valores fundamentales del ser humano va a ser el que más se va a recordar en el futuro. "El archipiélago Gulag" es un libro monumental, denso, que te baña en esa mugre tan atroz. Es un libro muy de-sagradable, y ofensivo, pero al mismo tiempo el testimonio más desgarrador que se haya escrito sobre el fenómeno del totalitarismo. Es un libro que va a quedar para vergüenza de los seres humanos, sobre los horrores, los desvaríos que puede llevar la ideología, el fanatismo. Lo terrible de su testimonio es que demuestra que los límites de la crueldad son casi ilimitados".